Domingo, 02 de octubre de 2022

Religión en Libertad

La inferioridad moral de la ideología de género

Charlton Heston en 'Los Diez Mandamientos'.
¿Cómo pretenden educar a los ciudadanos aquellos que ni creen ni practican los Diez Mandamientos? En la imagen, Moisés (Charlton Heston) con las Tablas de la Ley en 'Los Diez Mandamientos' (1956) de Cecil B. DeMille.

por Pedro Trevijano

Opinión

En el artículo anterior nos hacíamos esta pregunta: según la ideología de género, ¿cuáles son los contenidos propios de la educación?

Por supuesto, hemos de distinguir el feminismo moderado del radical, que es el propio de la ideología de género. El feminismo moderado insiste en lo específicamente femenino y defiende sus derechos y libertades, afirmando que las mujeres tienen derecho a intervenir en los diversos campos sin por ello poner en peligro ni la maternidad, ni la familia, ni su promoción personal y profesional. La lucha por los derechos de la mujer forma parte del proceso de transformación que busca la igualdad, la justicia social y la libertad. Exigen igualdad de oportunidades y salarios, pero al mismo tiempo cultivan su personalidad de mujeres. El progreso femenino no consiste en asemejarse al varón, sino en desarrollar libremente sus posibilidades.

Este feminismo defiende la dignidad de la mujer en la familia, en la maternidad, en el trabajo y en la vida social, siendo cada vez más frecuente la existencia de mujeres de indiscutible prestigio que consiguen combinar en sus vidas estas cuatro realidades.

En cambio para la ideología de género, el Estado debe asumir la responsabilidad de formar a los ciudadanos en el civismo, definido como aquella ética mínima que debería suscribir cualquier ciudadano. De acuerdo con ese principio, no corresponde a los padres, sino al Estado, decidir sobre la educación de los hijos, porque la ciudadanía prevalece frente al derecho de los padres, tanto más cuanto que la educación sexual infantil es una pieza clave para construir la ideología de género. La educación debe desterrar ideologías como la religión, y ninguna creencia religiosa debe interferir los fines morales y sexuales educativos del Estado. No podemos quejarnos, desde luego, de falta de claridad en la respuesta, pero sí de los disparates que conlleva.

Ante todo se intenta suprimir la patria potestad de los padres por el poder omnímodo del Estado. Al totalitarismo no le interesan las familias sanas y fuertes, sino las personas solitarias y desvinculadas. La victoria plena de este “nuevo orden” solo se puede conseguir desterrando el principio de subsidiariedad, hasta eliminar cualquier institución intermedia entre el Estado y el individuo. De esta forma, el ser humano se somete al “dios Estado” y no le queda más remedio que seguir los dictados del consumismo, en obediencia plena y sumisión a lo políticamente correcto. El pensamiento único se ha convertido en “ley” en nuestros días. En poco tiempo hemos pasado del relativismo a la dictadura del relativismo.

La ideología de género es también profundamente antirreligiosa. Como dijo Hillary Clinton: “Hay que obligar a las religiones a cambiar sus dogmas”. Y ello repercute en la carencia de principios, que les lleva a no observar ni uno solo de los diez mandamientos.

Veámoslo:

Al no creer en Dios, los tres primeros mandamientos quedan fuera de juego.

Cuarto mandamiento: la familia es la institución a combatir.

Quinto mandamiento: aborto, eutanasia.

Sexto y noveno mandamientos: la fornicación es la cópula carnal fuera del matrimonio. En la ideología de género, la fornicación es un derecho del niño, del joven y de cualquiera, porque el fin de la sexualidad es el placer y él o ella tienen sus órganos sexuales para usarlos cuando y como les venga en gana, evitando, eso sí, las enfermedades venéreas y los embarazos. Estamos ante un libertinaje en el terreno sexual que está arruinando muchas vidas impidiéndoles el acceso a la madurez que se requiere para poder tener una familia estable, mientras en el plano de lo social y político la libertad ciudadana se elimina, al depender lo que está bien o mal de lo que establece el Partido dominante, y como hay disciplina de Partido, lo que deciden sus máximos dirigentes, con lo que el ser humano queda privado de sus libertades y derechos al ser además éstos una concesión graciosa del Estado.

Séptimo y décimo mandamientos: en estos días estamos viendo cómo la izquierda ha perdido el sentido de la honradez, como el caso de los ERE de Andalucía, pues nos dicen que Chaves y Griñán no son ladrones pues no se han quedado con dinero, pero... el dinero que era de los parados se ha ido a otros. No creo que los parados discutan que eso es robarles.

Octavo mandamiento: Pedro Sánchez no creo que tenga precisamente fama de ser una persona veraz.

Termino con una pregunta: unos individuos que no respetan los mandamientos, ni teórica ni prácticamente, ¿cómo pueden pretender ser educadores?

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