Religión en Libertad

Los silencios y El Silencio

"No pude encontrar allí lo Sagrado ni la Presencia. Había silencio, pero no estaba El Silencio".

Capilla del Silencio, un refugio de paz inaugurado en 2012 durante el evento de Helsinki Capital Mundial del Diseño.

Capilla del Silencio, un refugio de paz inaugurado en 2012 durante el evento de Helsinki Capital Mundial del Diseño.

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En pleno centro de Helsinki, en un extremo de la plaza Kamppi, se levanta una pequeña construcción de madera conocida como la capilla del silencio, auspiciada por una comunidad luterana. La plaza es un espacio poco armonioso, sin definir urbanísticamente, con tiendas y restaurantes variopintos. Es muy populosa y cuando el tiempo lo permite se instalan mercadillos y escenarios para eventos. Suele haber también músicos callejeros y mucha gente yendo y viniendo, así que se puede decir que es un sitio con mucho ruido tanto auditivo como visual.

Llama la atención el pequeño edificio de la capilla. La escala reducida, las formas redondeadas y las maderas nórdicas utilizadas para la construcción pertenecen a un mundo completamente distinto. Sin embargo, no es intrusiva, al contrario, situada en una esquina y respaldada por la rampa de la calle que sube por la parte posterior, parece que quisiera pasar relativamente desapercibida.

Este contraste estético abunda en la falta de coherencia del entorno en que se inserta, pues no conecta con ninguna de las construcciones preexistentes, ya muy dispares entre sí. En este sentido, cabría decir que el edificio no encaja en el contexto urbano. Lo que indudablemente es muy interesante es la capilla en sí misma, el diseño y los materiales la han hecho merecedora de galardones internacionales y desde su construcción en 2012 se ha convertido en un lugar de peregrinaje para arquitectos y diseñadores.

Si exteriormente es interesante, lo es mucho más una vez dentro. Un espacio pequeño con formas y materiales sencillos: planta en forma de óvalo, 12,5 metros de altura, techo blanco que deja pasar la luz de manera homogénea por todo el perímetro, a la vez que la difumina y la vuelve difusa. La disposición en horizontal del recubrimiento de madera de aliso que recorre los muros en un “continuum”, subraya aún más la idea de “sin fin” de la planta circular. Un interior efectivamente silencioso y tranquilo.

Cuando la visité había pocas personas dentro. Un hombre de mediana edad y rasgos orientales hacía fotos de conjunto y de detalle, de hecho, perturbaba bastante. Tras documentar intensamente la capilla la recorrió a lo largo de todo el perímetro tocando la madera de las paredes con la mano, como si le estuviera transmitiendo algún tipo de mensaje.

En un lateral, sobre unos almohadones colocados en el suelo, un par de chicas se mantenían inmóviles, con los ojos cerrados. Podían estar en una meditación elevada o haciendo yoga. Cuando se levantaron y se fueron me dio la impresión de que se trataba más bien de lo segundo.

Sentado en un banco un varón occidental de unos cincuenta años, que por las trazas me inclino a pensar que era arquitecto, pero que también podía ser filósofo o sociólogo. Recorría con la mirada las distintas partes, se concentraba, escribía en su cuaderno moleskine y volvía a observar.

Finalmente me quedé sola y también yo hice silencio interior. Pude disfrutar estéticamente, intelectualmente, filosóficamente. Sin embargo, no alcancé ninguna espiritualidad. Aquel silencio era ausencia de ruido, pero estaba vacío, un vacío que no llenaba nadie. A pesar de la calidez de los materiales el espacio me resultaba anónimo y ajeno. No pude encontrar allí lo Sagrado ni la Presencia. Había silencio, pero no estaba El Silencio.

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