«Muchos adultos están pidiendo el bautismo»: lo que está ocurriendo en las parroquias de Tarragona
Parroquias más vivas, adultos que piden el bautismo y una autocrítica poco habitual: habla Joan Àguila, provicario general para la pastoral de Tarragona.

Joan Àguila Chavero, provicario general para la pastoral del Arzobispado de Tarragona.
Pocos conocen tan de cerca los desafíos de la evangelización en la Cataluña actual como Joan Àguila Chavero (Falset, Tarragona, 1976). Sacerdote y actual provicario general para la pastoral del Arzobispado de Tarragona, su trayectoria está marcada por una profunda experiencia parroquial, el acompañamiento de jóvenes y una constante reflexión sobre cómo anunciar hoy el Evangelio en una sociedad cada vez más secularizada.
Nacido en una familia donde la fe se vivía con naturalidad y coherencia, reconoce que fue su madre quien sembró en él la confianza en la Providencia, mientras que la vida parroquial y el testimonio de su párroco terminaron despertando una vocación sacerdotal que ha marcado toda su existencia.
Años después, desde responsabilidades de gobierno pastoral, afronta retos tan importantes como la reorganización de las parroquias, la formación de los laicos o la acogida de quienes se acercan por primera vez a la Iglesia.
En esta entrevista reflexiona sobre el auge del Primer Anuncio, la relación entre fe e ideología, el pontificado de León XIV y la necesidad de anunciar a Cristo sin complejos.
- Es importante matizar que no todo es un giro hacia lo católico; habrá que discernir qué hay de moda, qué hay de simple búsqueda de algo espiritual, y cómo se concreta la propuesta católica para acoger a toda esta gente que busca y mira ahora hacia la Iglesia.
Para mí es una oportunidad inmensa de poder dar una respuesta bien fundamentada, y ofrecer un acompañamiento y acogida que realmente ayuden a las personas a iniciar procesos de fe, más allá de satisfacer una simple curiosidad o necesidad puntual.
- Estamos viendo una verdadera bendición en nuestras diócesis gracias al Primer Anuncio; muchas personas están redescubriendo la fe e incluso pidiendo el bautismo siendo adultos.
Es fundamental entender que el ministerio de los laicos es la consagración de las realidades temporales a Dios. No es una tarea que nos corresponda solo a los sacerdotes; los seglares son quienes están llamados a transformar el mundo desde dentro.
Mi reto como pastor es saber acompañar estas nuevas realidades eclesiales que están acercando a tantos jóvenes a Dios, liderando desde la comunión y el servicio.
- Muchas personas que acuden puntualmente a las parroquias necesitan tener experiencia de encuentro con el Señor Resucitado, y muchos padres de los mismos niños que vienen a catequesis, incluso me atrevería a decir que personas que participan asiduamente en actividades pastorales, no han tenido esa experiencia de conversión que supone el encuentro con el Señor, y por eso necesitan el primer anuncio.
Por eso toda nuestra pastoral tiene que realizarse en clave misionera y evangelizadora. No podemos dar nada por sentado. Son muchas y muy variadas las herramientas para el Primer Anuncio, pero lo más importante es que nosotros, los cristianos, demos testimonio de nuestra fe, sea donde sea, pues ese será el primer anuncio que muchos recibirán en los distintos ámbitos donde se desarrolla nuestra vida y eso puede interpelarles para plantearse por qué ellos no tienen esa fe que a nosotros nos sostiene.
- En Tarragona estamos ofreciendo distintos retiros de impacto (Emaús, Effetá, Cuatro 40…) y también otras iniciativas, como por ejemplo cursos Alpha u otras charlas en esa clave que pueden ayudar a plantearse la cuestión de la fe.
Es muy importante tener en cuenta el después de estas iniciativas: es necesaria una integración en las comunidades parroquiales para que la fe pueda tener un buen arraigo.

Joan Àguila Chavero, provicario general para la pastoral del Arzobispado de Tarragona.
- Siguiendo la reflexión de Jacques Maritain sobre el mandato evangélico de "dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios", creo firmemente en una sana autonomía de la política.
La fe debe ofrecer una inspiración ética sin que exista confusión entre la Iglesia y el Estado.
Mi objetivo, como sacerdote, es iluminar los problemas actuales desde la Doctrina Social de la Iglesia, buscando siempre el diálogo con el mundo contemporáneo y manteniendo la cercanía con los más pobres.
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"He de reconocer que me equivoqué en relación con este tema"
- Sí, precisamente el Papa San Pablo VI en la exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi insiste en que la misión esencial y nuclear de la Iglesia es la evangelización, y que ninguna realidad política, ideológica o cultural puede sustituir el anuncio del Evangelio. En el número 32 podemos leer:
- "No hay por qué ocultar, en efecto, que muchos cristianos generosos, sensibles a las cuestiones dramáticas que lleva consigo el problema de la liberación, al querer comprometer a la Iglesia en el esfuerzo de liberación han sentido con frecuencia la tentación de reducir su misión a las dimensiones de un proyecto puramente temporal; de reducir sus objetivos, a una perspectiva antropocéntrica; la salvación, de la cual ella es mensajera y sacramento, a un bienestar material; su actividad —olvidando toda preocupación espiritual y religiosa— a iniciativas de orden político o social. Si esto fuera así, la Iglesia perdería su significación más profunda".
El documento advierte del peligro de convertir el cristianismo en mera ideología, activismo político o proyecto sociológico, olvidando lo central: Jesucristo y la salvación del hombre.
Además, la exhortación subraya la dimensión universal de la Iglesia, algo incompatible con una absolutización nacionalista o ideológica…
Yo mismo he de reconocer que en etapas anteriores me equivoqué en relación con este tema.
El cristianismo reconoce el valor de la patria y de la cultura propia, pero recuerda que ninguna realidad terrena puede ocupar el lugar de Dios. Ya lo decía San Pablo en su carta a los Gálatas: Ya no hay judío ni griego… porque todos sois uno en Cristo Jesús (Ga 3, 28). Creo que, de mi experiencia pasada, puedo hacer un buen aprendizaje que me ayude a no repetir los errores del pasado y saber estar cerca de todos, acompañando como pastor las almas de los fieles de las parroquias que me han sido encomendadas. Tenemos que hacer un buen ejercicio de discernimiento
(La fe) es incompatible con una absolutización nacionalista o ideológica…

Joan Àguila Chavero, sacerdote de la Archidiócesis de Tarragona
"Callar a Cristo" no sería caridad
- Comparto plenamente el deseo de anunciar el Evangelio a todos, sin exclusiones. Como suelo decir: "si yo tengo sed, en algún lugar ha de haber agua"; y hay mucha gente que, aun sin saberlo, espera que alguien los lleve a Dios.
Debemos aprender, desde el diálogo y la escucha, a proclamar con humildad que Él ha vencido para todos los hombres, sin distinción.
No se trata de imponer, sino de compartir lo que para nosotros es lo más esencial: la Palabra del Señor, respetando siempre la libertad del otro.
"Callar a Cristo" no sería caridad, sino privar al otro de un encuentro transformador.
Desde mi experiencia, tengo que decir que ya he acompañado a más de un catecúmeno converso del islam.
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- Me siento muy cómodo con el perfil del actual Papa. Creo que ha sido muy inteligente al apartarse un poco del foco mediático, pues así puede ponderar mejor su postura y declaraciones ante situaciones delicadas que tenemos que afrontar como Iglesia.
También creo que ha sido muy valiente y firme al responder a ciertos políticos que quieren hacer populismo de situaciones tan graves como la guerra.
También creo que ha hecho muy bien en dar continuidad a lo que quedó pendiente del anterior pontificado del Papa Francisco, aunque él le va a dar su orientación personal, y así tiene que ser. Por eso, el Espíritu Santo inspiró a los cardenales para que le votaran como actual Papa.
- Se trata de un gran reto pastoral que tengo el privilegio de poder afrontar desde mi vicaría.
La situación actual de las parroquias pedía una intervención urgente para poder dinamizar la pastoral, unificando esfuerzos, recursos y personas.
La mayoría de las parroquias lo han acogido con mucha ilusión, aunque también es cierto que hay ciertas dinámicas e inercias que hay que cambiar. En relación con esto, es muy importante la formación de los laicos, que tienen que trabajar de forma corresponsable con los párrocos, presbíteros y diáconos.
Es sumamente importante el cuidado y acompañamiento de todos los agentes pastorales que desempeñan ese ministerio y, sobre todo, la atención a los más mayores para que no sientan abandono después de una vida entregada al servicio de la pastoral.
- Mi fe tiene sus raíces en lo cotidiano, en el calor de mi familia y de mi parroquia. De manera especial, fue mi madre quien sembró esa semilla; ella siempre tiene presente a Dios en todo momento, lo que me permitió crecer con una visión providencial de la vida. Tanto ella como mi padre supieron traducir esa fe en gestos concretos de honradez y generosidad, mostrándome que creer no es algo abstracto, sino una forma de estar en el mundo.
- Recuerdo con mucho cariño mi etapa de niño y joven en la parroquia de mi pueblo. Me gustaba sentarme al lado de la organista; allí descubrí cómo la música era un puente hacia Dios. Hubo un momento determinante en el que una canción religiosa —esa que dice "sonriendo has dicho mi nombre"— me interpeló profundamente. Sentí el deseo de escuchar mi nombre pronunciado por Su voz... ¡y me llamó!
Mi párroco fue clave en ese proceso, acompañándome y ayudándome a discernir. Por eso creo que los sacerdotes somos, en esencia, despertadores vocacionales: nuestro estilo de vida y nuestra predicación pueden ayudar a otros a escuchar la voz de Dios.
- A lo largo de los años, he comprendido que la vida y las circunstancias nos llevan por caminos donde nuestras reflexiones no siempre son acertadas al primer intento.
Uno de mis mayores retos es lograr que el trabajo no me separe de la oración, sino que sea desde la oración donde pueda llegar mejor a la vida de la Iglesia y a los alejados.
En este tiempo de fuerte secularización, vivir la alegría de la vida ordinaria del sacerdote —estando a la vez con Dios y con la gente, con creyentes y no creyentes— es un desafío constante. El tiempo y la eclesialidad me han enseñado que ser de Cristo implica ayudar a todos a formar una fe madura.
González de Cardenal, Kasper y Ratzinger
- Por supuesto, la fuente principal son los Evangelios, por ser "las mismísimas palabras de Jesús".
Pero también me han acompañado los grandes santos como San Agustín, San Ignacio de Loyola o San Juan de la Cruz. En cuanto a la teología, autores como Olegario González de Cardenal, Walter Kasper o Joseph Ratzinger han sido referentes.
Últimamente, he vuelto a leer a Van Thuan, cuya vida y testimonio me han ayudado a reflexionar sobre la esperanza en medio de la dificultad.