Religión en Libertad

Sobre reevangelizar o recristianizar Occidente

Muchos de los que nos rodean necesitan razones, pruebas y evidencias para creer, además del ejemplo que debemos darles.

La ayuda mutua es el primer paso para difundir el mensaje de Dios en el mundo.

La ayuda mutua es el primer paso para difundir el mensaje de Dios en el mundo.Ricardo Moura / Unsplash

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Es una realidad que Occidente está en crisis, tiene muchos enemigos que quieren destruir nuestra civilización, posiblemente la mejor que ha habido, la cual se basa en gran parte en el cristianismo

Por lo tanto, un objetivo prioritario es marginar y destruir nuestras creencias y parece que lo están consiguiendo: las iglesias están muy vacías y la mayoría de los asistentes son de edades avanzadas. Hay gran número de ataques a instituciones religiosas cristianas, e incluso a personas, en España, Europa y en todo el mundo, noticias en general obviadas por los medios de comunicación. Curiosamente, está institucionalizado el término islamofobia y no el de cristianofobia.

Muchos mantienen que la Ilustración terminó con la fe y la religión en Europa. En España hay muchos católicos no practicantes, personas que se consideran a la vez católicos culturales y ateos o agnósticos y otros que son definitivamente agnósticos o ateos, sin tapujos, algunos de ellos enemigos declarados de todo lo cristiano e incluso con actitudes muy beligerantes. Están en nuestro entorno inmediato, son compañeros de trabajo, vecinos, amigos o familiares. ¿Debemos hacer algo los católicos de base a este respecto? ¿Debemos defender nuestras creencias? Una meditación que puede ser pertinente en estos días de Cuaresma.

En el Nuevo Testamento, Jesús nos invita a transmitir sus enseñanzas en múltiples ocasiones.

  • Él dijo: “Id por todo el mundo y predicad… a toda criatura” (Marcos 16, 15) e “Id, pues, enseñad a todas las gentes” (Mateo 28, 1).
  • En otro momento, mandó a 72 discípulos de dos en dos y les dijo: “La mies es mucha y los obreros pocos” (Lucas 10, 2); detecto ahí una invitación a cooperar en tanto trabajo pendiente
  • En Juan 4, 35 Jesús nos indicó: “Mirad los campos, que ya están amarillos para la siega”, es decir, ya ha llegado el momento de que ellos entonces y creo nosotros ahora nos pongamos a trabajar.
  • También a los apóstoles los manda de dos en dos: “Los envió a predicar el reino de Dios” (Lucas 9, 2 y Marcos 6, 7); ese último pasaje, en Mateo 10, 5-7 lo amplia diciendo: “No vayáis a los gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; id más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel, y en vuestro camino predicad”; los mandó a enseñar a sus compatriotas, quizás es lo que debemos hacer hoy los cristianos de a pie, los que no tenemos talla o posibilidad de ser misioneros en otras tierras, pero supongo que algo podemos hacer con los que tenemos próximos
  • Nos da un último empujón con estas palabras: “Pues a todo el que me confesare delante de los hombres, yo también lo confesaré delante de mi Padre” (Mateo 10, 32). No somos cristianos sólo para pedir ayuda, consejo, confort y perdón, hay que ayudar.

También San Pablo nos anima a evangelizar. 

  • En 2 Timoteo 4, 2-5 se nos dice: “Predica la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, enseña… Haz obra de evangelista, cumple tu ministerio”. 
  • En otras epístolas está escrito: “En mi defensa y en la confirmación del Evangelio, sois todos vosotros participantes… Ruego que vuestra caridad crezca más y más en conocimiento… para que sepáis discernir lo mejor” (Filipenses 1, 7-10);
  • “Conversad discretamente con los de fuera, aprovechando las ocasiones… Sea vuestro discurso agradable… que sepáis cómo os convenga responder a cada uno” (Colosenses 4, 5-6);
  • “Evita también las cuestiones necias y tontas, pues siempre siembran altercados… Mostrarse manso con todos, pronto para enseñar… Con mansedumbre corregir a los adversarios” (2 Timoteo 2, 23-25); 
  • “¡Oh Timoteo!, guarda el depósito a ti confiado, evitando las vanidades impías y las contradicciones de la falsa ciencia, que algunos profesan extraviándose de la fe” (1 Timoteo 6, 20-21).
  • “Pero vosotros sois linaje escogido… para pregonar el poder del que os llamó de las tinieblas a su luz admirable… Estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os lo pidiere” (1 Pedro 2, 9 y 3, 15).

Creo es bastante obvio que Jesús nos pide que ayudemos en la propagación de Su palabra y Pedro y Pablo nos lo confirman en sus escritos. 

En cierto sentido, todos deberíamos ser al menos un poco misioneros. Ellos son posiblemente la parte más sana, el prototipo y lo mejor del cristianismo, humildes, con una entrega, disponibilidad y compromiso total, lo más puro, desprendido, valiente, misericordioso y noble de la Iglesia. 

Nuestro León XIV tiene una larga historia de misionero en Perú.

El difunto Papa Francisco los adoraba, siempre reclamó una Iglesia misionera y llegó a decir que si de alguna forma no somos misioneros, no somos cristianos

Desgraciadamente, la mayoría de los católicos no podemos compararnos con esos misioneros que han vivido historias increíbles, perdidos durante años en guerras y lugares plagados de pobreza, miseria y dificultades de todo tipo, lo que ha supuesto la muerte e incluso el martirio de muchos. Estamos a otro nivel, no somos capaces de renunciar a todo, no tenemos ese coraje y somos más cobardes y egoístas. Pero aunque pertenezcamos al escalón más bajo, quizás podríamos hacer algo en nuestro entorno familiar y social.

Los misioneros, antes de marcharse a evangelizar en tierras de culturas diferentes, se forman de forma intensa. Es lo que se llama “inculturarse”, aprenden sus lenguas y costumbres con la intención de conocer mejor a esas personas y mimetizarse con ellas. Nosotros en Occidente tenemos ya ese trabajo hecho, solo tenemos que decidirnos a dar el paso e intentar conectar con nuestros familiares, vecinos y amigos, interesándonos por sus problemas y recordándoles que Dios (Jesús) está esperándolos.

Quizás ser misionero no implica siempre marcharse a países más o menos exóticos ni a los barrios más marginales de nuestras ciudades. En esos casos, se pone al pobre en el centro de la misión: luchar contra el hambre, las desigualdades, la explotación, la violencia... en resumen, ayudar a los necesitados

Pero en nuestra sociedad también están necesitados de Dios muchos trabajadores bien colocados, clase media, que prescinden de Dios en su vida diaria, por no conocerlo o porque nunca se les explicó de forma correcta o simplemente por comodidad en esta sociedad materialista; e igual sucede en las clases acomodadas y entre los ricos.

En todos los casos hay que intentar predicar con el ejemplo, entrega, humildad, misericordia y contar siempre con la ayuda de Dios. Es cierto que el ejemplo es la mejor forma de difundir el mensaje de Dios, pero desgraciadamente no siempre funciona. Todo el mundo en Occidente conoce a la Madre Teresa de Calcuta y a sus monjitas y a las de los pobres o de la caridad y a Cáritas Diocesanas, etc., lo que no impide que en nuestra sociedad el número de no creyentes sea cada día mayor. El mismo Nietzsche conocía el ejemplo revolucionario de Cristo, pero no le convenció. 

El testimonio es fundamental, pero no siempre funciona, ahí están los resultados.

Las encuestas en España dicen que la mayoría de no creyentes son personas con educación superior que no encuentran evidencias ni razones convincentes para creer. Muchos piensan que con la ciencia no se necesita a Dios, que Jesús es un personaje de ficción y la Biblia documentos antiguos no fiables. Los no creyentes occidentales piden hechos y razones para creer en Dios y en que Jesús es Dios. Posiblemente estamos en el mejor momento de los últimos dos siglos para llegar a Dios y a Jesús con la ciencia (física, biología, arqueología, etc), es decir, con hechos y evidencias que llevan a la conclusión racional de que Dios, es decir, Jesús, es la mejor explicación a todo lo que sabemos y somos, y hay mucha literatura al respecto.

Paradójicamente me encuentro a muchos católicos practicantes que me dicen: "Yo creo y no necesito más". Estupendo por ellos, tienen la suerte de tener una fe que les ha sido dada, pero... sus hijos, familiares, amigos, etc., no la tienen y no pueden hablar con ellos e invitarlos a pensar, no tienen razones y, por otra parte, les aterra no poder argumentar o crispar la situación

Es la autocensura aprendida, que también usamos en política, así de temas religiosos no se habla. Creo que debemos meditar y, con la ayuda de Dios, considerar la posibilidad de cooperar en la defensa de nuestras creencias e informarnos para llegar al corazón de nuestros conciudadanos, algunos de los cuales creo que necesitan razones, pruebas y evidencias, además del ejemplo. Que Dios nos ilumine y ayude.

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