La pregunta que la modernidad responde mal, la respuesta con la que ilusiona
El socialismo no pasa de ser una mala solución al problema liberal. Hace lo que puede a partir del mismo paradigma.
Winston Churchill (1874-1965), Harry Truman (1884-1972) y José Vissariónovich Dzhugashvili alias 'Stalin' (1879-1953), en la Conferencia de Potsdam de julio de 1945.
Tantos las diferentes versiones del liberalismo como las del socialismo se postulan como reguladoras morales de la otra parte. Es interesante ver que, en relación a sus contradictores, se ubican en el peldaño ético, pero que a sí mismas se juzgan de modo factualista.
Doble estándar, como en otras materias.
La historia muestra que el liberalismo en su versión más profunda y refinada, no en la bruscamente economicista, es quien opera la revolución de las cosas, incluido el orden social. Si se pudiera caracterizar al liberalismo en pocas palabras, podría decirse que se trata del hombre que se da la ley a sí mismo. Es decir, el individuo -abstracto, por otra parte- prima sobre lo común. Es la ruina del orden social cristiano que el liberalismo, expresión secularista de aquél, imita como el mono lo hace con el hombre. Pero con ídolos, no con Dios: la laicidad, la democracia y el libre mercado. Pero la primera separatista, la segunda inorgánica y el tercero sin justicia social.
El socialismo, en sus diversas versiones, no pasa de ser una mala solución al problema liberal. Hace lo que puede a partir del mismo paradigma histórico, filosófico, cultural y (pseudo)teológico.
Lo que a veces no se ve es que entre el liberalismo en sus diversas versiones y el socialismo en las suyas existe una contrariedad pero no una contradicción. O sea, ambos son alumbramientos de la Modernidad. Por este motivo, entre las realizaciones históricas de cada cual también puede existir la misma contrariedad particularizada según el caso puntual pero, en el fondo, patean para el mismo arco: la secularización del mundo.
Entonces ¿cuál es la pregunta que responde mal la Modernidad y, por lo tanto, tanto los liberalismos como los socialismos? La pregunta es si Cristo vuelve o no vuelve. La Modernidad responde que no lo hace. En consecuencia, tanto los unos como los otros se postulan como realizaciones definitivas del buen vivir del hombre aquí en la tierra y en el tiempo. Se trata de dos (pseudo)mesianismos que, a medida que pasa el tiempo, arruinan todavía más al hombre. En contraste, el orden social cristiano nunca se vendió como definitivo. Sabía bien cuáles eran (y son) sus alcances y sus limitaciones.
Pero Cristo vuelve. Y Cristo reina. A pesar de estrecharse las manos los liberalismos y los socialismos encarnados.
Porque el que ríe último, ríe mejor.
- Tomado del Facebook del autor.
Personajes
Ruschi: «La Realeza de Cristo sigue siendo el medio más excelente para remediar los males del mundo»
Germán Masserdotti