Lunes, 03 de octubre de 2022

Religión en Libertad

Como elegir entre varios bienes según el criterio de Dios

Una trigonometría en tu vida que incluye paz y alegría: el discernimiento según Peter Kreeft

Peter Kreeft es un profesor y filósofo católico, gran divulgador
Peter Kreeft es un profesor y filósofo católico, gran divulgador, que aborda el tema del discernimiento

P.J.Ginés

El pasado 31 de agosto el Papa Francisco inició una serie de catequesis sobre el discernimiento, que debe alargarse en varias sesiones de sus audiencias públicas de los miércoles.

Para los jesuitas -la congregación de Jorge Mario Bergoglio- el tema del discernimiento ha sido siempre muy importante, a partir de la experiencia y los escritos de San Ignacio de Loyola.

Pero todos los cristianos de la historia, y antes los judíos, se han encontrado con ese mismo reto: ¿cómo saber qué es lo que Dios quiere que haga?

Evidentemente, Dios quiere que los hombres hagamos el bien y evitemos el mal. Pero a la hora de tomar decisiones concretas, ¿qué decidir? Casarse y tener hijos está bien, entrar en vida religiosa también. Uno puede ser empresario y crear puestos de trabajo, o hacerse ermitaño y rezar por todos. ¿Qué pide Dios en concreto a cada uno?

El Papa Francisco empezó señalando la alegría que mueve a los Reyes Magos o a los personajes que venden todo en las parábolas para comprar su perla preciosa o tesoro enterrado: la alegría es un criterio.

Y hay más: “En una decisión buena, correcta, se encuentra la voluntad de Dios con nuestra voluntad, se encuentra el camino actual con el eterno. Tomar una decisión correcta después de un camino de discernimiento es hacer este encuentro. El tiempo con lo eterno. Por lo tanto, el conocimiento, la experiencia, el afecto, la voluntad: son algunos elementos indispensables del discernimiento”, dijo el Papa.

Discernir según Peter Kreeft: alegría y algo de sentido común

Un autor moderno y popular que ha escrito sobre el discernimiento es el norteamericano Peter Kreeft. Nacido en 1937, apologista, filósofo y escritor católico de Estados Unidos, muchos lo consideran heredero del carisma de CS Lewis o GK Chesterton para hablar de cosas complicadas de forma sencilla.

De familia protestante, en su juventud se hizo católico a base de estudiar la Iglesia antigua y la Eucaristía, los santos, la devoción a María y el llamado de Cristo a una unidad visible. Le influyeron los textos de San Juan de la Cruz y la belleza de las catedrales. Kreeft es popular por su "Manual de Apologética Cristiana" o su libro "Cuarenta razones por las que soy católico".

En su web, ha publicado un artículo sobre el discernimiento (en inglés) que puede darnos muchas pistas.

"Cuando hay dos o más caminos distintos que se abren ante nosotros y tenemos que elegir, ¿Dios siempre desea uno de esos caminos para nosotros? Y si es así, ¿cómo lo discernimos?", plantea.

Recuerda que, según los santos, "Dios no sólo nos conoce y nos ama en general, sino que se interesa por cada detalle de nuestras vidas, y que debemos buscar seguir su voluntad en todas las cosas, grandes y pequeñas". Pero, por otra parte, "Él nos ha dado libre albedrío y razón porque Él quiere que los usemos para tomar decisiones".

"En otras palabras, si de verdad amas a Dios y su voluntad, entonces hacer lo que quieres, será, de hecho, hacer lo que Dios quiere", detalla.

Una brújula para guiarnos - foto de Tim Graf para Unsplash

Una brújula nos ayuda a guiarnos pero... ¿dónde quiere Dios que vayamos? (Foto de Tim Graf para Unsplash).

Kreeft apunta 5 principios generales "para discernir la voluntad de Dios":

1. Empieza siempre desde los datos, con lo que ya sabemos seguro. Juzga lo desconocido con lo conocido, lo incierto con lo cierto. Adán y Eva despreciaron este principio en el Edén e ignoraron la clara orden que Dios les dio, siguiendo las promesas vacías del demonio.

2. Deja que tu corazón eduque a tu mente. Que tu amor a Dios eduque a tu razón para discernir su voluntad. Jesús enseña este principio en Juan 7,17 a los fariseos. Ojalá ciertos eruditos de la Escritura de hoy lo atendieran. Ellos le preguntaban cómo podían interpretar sus palabras y Él les dio el primer principio de la hermenéutica (la ciencia de interpretar): “Si vuestra voluntad fuera hacer la voluntad de mi Padre, entenderíais mi enseñanza”. Los santos entienden la Biblia mejor que los teólogos, porque entienden a su autor primario, Dios, amándolo con todo su corazón y toda su mente.

3. Ten un corazón tierno pero una cabeza firme. Deberíamos ser “sabios como serpientes e inofensivos como palomas”, agudos como un zorro al pensar, pero leales como un perro en actos y voluntad. El corazón tierno no es excusa para la cabeza blanda, y una cabeza firme no es excusa para un corazón endurecido. En nuestro corazón deberíamos ser “liberales de corazón tierno” y en nuestras cabezas “conservadores firmes”.

4. Todas las señales de Dios deberían alinearse, como una especie de trigonometría. Hay al menos 7 de esas señales:

1) la Escritura,
2) las enseñanzas de la Iglesia,
3) la razón humana, que Dios creó,
4) la situación apropiada, o las circunstancias (que Él controla mediante su providencia),
5) la conciencia, nuestro sentido innato de lo que está bien y lo que está mal,
6) nuestra inclinación personal, o deseos o instintos,
7) y la oración.

Pon a prueba la elección elevándola ante el rostro de Dios. Si una de estas 7 voces dice “no”, entonces no lo hagas. Si ninguna dice no, hazlo.

5. Busca los frutos del Espíritu, especialmente los tres primeros: el gozo, el amor y la paz. Si estamos enfadados y ansiosos y preocupados, sin amor, sin paz, sin gozo, no tenemos derecho a decir que estamos seguros de seguir la voluntad de Dios.

El discernimiento mismo no debería ser algo rígido, quebradizo, ansioso, sino –ya que es también parte de la voluntad de Dios para nuestras vidas- algo gozoso, lleno de amor y paz, más como un juego que como una guerra, más como escribir cartas de amor que como enfrentarse a exámenes finales.

Para los más conservadores: "disfruta lo que Dios te da"

Peter Kreeft se define como conservador y ortodoxo, y apunta que, como muchos cristianos con ese perfil que él conoce, "a menudo nos dejamos deformar por nuestro deseo –en sí mismo muy bueno- de encontrar la voluntad perfecta de Dios para nosotros. Damos un testimonio muy malo a los no cristianos: parecemos incapaces de relajarnos, de pararnos a oler las rosas de Dios, de disfrutar de la vida que Dios nos da. A menudo parecemos asustados, inquietos, terriblemente serios, sin humor y quebradizos. En resumen, el tipo de personas que no queda muy bien anunciando nuestra fe".

"No estoy sugiriendo que rebajemos ni el punto de una “i” de nuestra fe para atraer a los no creyentes. Simplemente propongo que seamos humanos. Vete a ver un partido de fútbol. Disfruta de una bebida (sólo una) a menos que tengas riesgo de alcoholismo. Haz un poco el tonto de vez en cuando. Hazle cosquillas a tus hijos y a tu mujer. Aprende a contar un buen chiste. Lee la novela “Portofino” de Frank Schaeffer, es divertida. Vete un tiempo a vivir a Italia".

Todos han de discernir... con sus incertidumbres normales

Discernir es algo que deben hacer todos los cristianos, es parte de la vida cristiana normal, y pocas veces, casi ninguna, será una especie de guía sobrenatural muy clara, advierte Kreeft.

Incluso en la Biblia, los personajes deciden rezando y pensando, pero pocas veces reciben instrucciones concretas milagrosas. Cuando sucede, se señala porque es milagroso.

La Biblia tampoco enseña que debemos encontrar, detalla Kreeft, "una única respuesta correcta a cada problema práctico. El Evangelio nos libera del pecado y sus consecuencias, pero no del sufrimiento y las incertidumbres. La oscuridad y la incertidumbre son tan comunes en las vidas de los santos, en la Escritura y en adelante, como lo son la pobreza y el dolor. La única cosa común a toda la humanidad que el Evangelio nos garantiza que nos quitará es el pecado (y sus consecuencias, la muerte, la culpa y el miedo), no el sufrimiento y no las incertidumbres. Si Dios hubiera querido que conociéramos caminos claros e infalibles con seguridad nos lo habría dicho de forma clara e infalible".

Dios da libertad para elegir entre varios bienes

Kreeft apunta que Dios dio libre voluntad al hombre, "por ejemplo, para que el amor pueda ser infinitamente más valioso que el afecto animal instintivo, no libre". Y también -sospecha como profesor- para que los hombres "aprendan como ejercitar su propio juicio al encontrar respuestas ellos mismos".

"La razón y la libre voluntad siempre van juntas. Dios creó ambas en nosotros como parte de su imagen. Él nos da revelaciones sobrenaturales para ambas: dogmas para nuestra razón y mandamientos para nuestra voluntad. Pero igual que no nos dio todas las respuestas, ni siquiera en teología, al aplicar los dogmas o señalar sus consecuencias, tampoco nos dio todas las respuestas en moral o en guía práctica, al aplicar los mandamientos y señalar sus consecuencias", añade.

Por eso, dice, "pienso que Dios quiere que sigamos nuestros corazones. Probablemente, si John ama a Mary más que a Susan, tendrá más razones para pensar que Dios le está conduciendo. Si tu corazón ama a Dios, vale la pena seguirlo. Si no, bueno, entonces tampoco te interesa el tema del discernimiento".

Obtener paz de espíritu es otro criterio

"Cuando seguimos el consejo de San Agustín de “ama a Dios y haz lo que quieras”, solemos experimentar una gran paz y alivio. La paz es una señal del Espíritu Santo. Conozco ya unas cuantas personas que han abandonado el cristianismo por completo porque les faltaba esa paz. Intentaban ser supercristianos en todo y la presión era insoportable. Deberían haber leído Gálatas".

Y ser quisquillosos con cada elección tampoco tiene sentido. "Si Dios tiene una sola opción correcta en cada cosa que haces, ¿dónde pondrías el límite? Eso significaría que Dios quiere que sepas qué habitación limpiar primero, la cocina o el dormitorio; y qué cubiertos elegir primero, los platos o la salsera. ¿Ves? Si sigues las implicaciones de esta lógica, parece ser ridículo, algo imposible de vivir, y no el tipo de vida que Dios quiere para nosotros, el tipo descrito en la Biblia y las vidas de los santos".

"Muchas cosas, muy distintas, son buenas; el bien es plural. Incluso para la misma persona, hay a menudo dos o más opciones, y ambas buenas. Dios es caleidoscópico", apunta.

Para escribir historias distintas, Dios nos da libertad

Kreeft compara las decisiones en la vida con "escribir la historia de tu propia vida y de tu propio ser, porque tú modelas tu persona con tus elecciones, como una estatua que fuera su propio escultor. Pero Dios usa distintos medios humanos para conseguir resultados distintos. Él es el autor primario de cada libro de la Biblia, también, pero la personalidad de cada autor humano no es menos clara que en la literatura seglar".

"Dios es el cuentacuentos universal. Quiere muchas historias distintas. Y quiere que le agradezcas la historia única que va a salir de tu propia voluntad libre y de tus elecciones. Porque tu libre voluntad y su plan eterno no son dos cosas que compiten, sino dos caras de la misma moneda. No podemos entender plenamente este gran misterio en esta vida, porque vemos el tapiz sólo por debajo. Pero en el Cielo, pienso, una de las cosas por las que alabaremos a Dios y le daremos gracias es por la forma alocada y maravillosa y peligrosa en la que puso el volante de nuestra vida en nuestras manos, como un padre que enseña a niño pequeño a conducir", añade.

"Dios, al darnos voluntad libre, nos dijo: “Hágase tu voluntad”. Algunos de nosotros se la devolvemos y decimos: “Mi voluntad es que se haga tu voluntad”. Eso es obediencia al primer y mayor mandamiento. Entonces, cuando hacemos eso, Él se vuelve hacia nosotros y dice: “y ahora, tu voluntad se cumplirá”. Y Él escribe la historia de nuestras vidas con el lápiz de nuestras elecciones libres".

***
Aquí, Peter Kreeft explica por qué la reencarnación es ilógica.

Aquí, Christopher Kaczor explica por qué Peter Kreeft es un maestro para esta generación.

Un vídeo jesuita sobre cómo San Ignacio reflexionó sobre el discernimiento estando herido en la cama; la alegría duradera que se sentía en su corazón era un criterio para su vocación (pero no sólo se discierne sobre la vocación).

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