Religión en Libertad

El número de bautismos se dispara en Francia y abre interrogantes sobre la causa y su duración

Todo el mundo, dentro y fuera de la Iglesia, está sorprendido por el fenómeno, aunque se discrepa en su valoración.

Catecúmenos en la ceremonia de su bautizo.Diócesis de Bayeux/Lisieux

Publicado por
C.L.

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Algunos lo empezaron a experimentar el mismo Miércoles de Ceniza. Ese día, Benoist de Sinety, párroco de Saint Eubert en Lille (al norte de Francia), contó en la iglesia hasta 800 personas por la mañana y más de 1300 por la tarde. "¡Y era en plenas vacaciones escolares! ¡Pensábamos que estarían vacías!", declara con una satisfacción que el propio diario Le Monde califica como "entusiasmo".

Cifras indudables

Para este sacerdote, algo está cambiando, y tiene otra prueba sobre lo que pasa ese día: "En mis tiempos, uno se apresuraba a quitarse la cruz de la frente cuando salía [del templo] para no llamar la atención. Hoy, los jóvenes la muestran, la conservan toda la jornada y se hacen selfies con ella".

Si alguien tenía dudas de lo que está pasando en el catolicismo francés, la propia Semana Santa lo confirmó, sobre todo al llegar el Sábado Santo, con los bautismos en la Vigilia Pascual

La explosión es indudable. 

La propia Iglesia gala ofrece las cifras: en 2026 se bautizaron 21.380 personas, en torno a 13.000 adultos, que crecen un 28%, y 8.000 adolescentes (11 a 17 años), que crecen un 10%.

En diez años, los bautizos de adultos se han más que triplicado, pasando de 4.124 en 2016 a 13.234 este año. 

Pero, en cuanto al total, solo hay que irse a hace dos años para saber que en ese periodo los bautismos locales se han duplicado...

...y desde el año pasado crece un 35%.

El propio arzobispo de Lyon, Olivier de Germay, miembro de comisión de iniciación y vida cristiana, obispo especialmente consagrado a los jóvenes y adultos que se preparan para el catecumenado, afirma que lo que está sucediendo en el país con esta creciente ola de personas que quieren bautizarse "no deja de sorprender y de interrogar".

¿Por qué? Porque se dan simultáneamente dos fenómenos: por un lado, nuestra sociedad evidencia una "incapacidad para responder a las aspiraciones profundas del ser humano", pero por otro lado "a uno le sorprende el carácter vertiginoso y amplio con el que se expresa hoy la sed de Dios".

A la Iglesia francesa, que llevaba décadas en decadencia, este fenómeno le está obligando a una actividad incansable: desde concilios regionales a encuentros diocesanos, pasando por la emisión por los obispos de orientaciones pastorales para los catecúmenos (y para los aspirantes a catecúmenos, que también crecen), el acompañamiento a los recién bautizados o la organización de peregrinaciones que fomenten y canalicen el entusiasmo.

Causas y duración

"Esta movilización a favor de los catecúmenos tiene un efecto boomerang", añade monseñor Germay, porque obliga a los 'viejos cristianos' a "reconsiderar su fe y volver a ser conscientes de la forma en la que Dios puede irrumpir en una existencia y transformarla". Porque "ése es el signo que se nos ha dado hoy: los caminos del ser humano y los de Dios están hechos para reencontrarse".

¿Cuánto va a durar este fenómeno? Se desconoce, pero lo cierto es que "si este fenómeno prosigue en los cinco años próximos, implicará una auténtica transformación de nuestras comunidades cristianas", afirmó Benoît Bertrand, obispo de Pontoise.

Los sociólogos especulan sobre las causas: hay quien piensa que se trata de la creación de una minoría muy comprometida (es cierto que el catolicismo en Francia disminuye, porque son más los que pierden cada año la fe o la práctica religiosa que los que las adquieren) y quien considera, sin embargo, que es un cambio de tendencia en la sociedad francesa, del cual los bautismos solo serían la manifestación más llamativa, y que tendría su causa, entre otras, en la defensa de la civilización cristiana que caracteriza al país frente a la creciente presencia mahometana.

Sobre quién tiene razón, los números de la Pascua de 2027 será un nuevo argumento a sopesar.

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