Tiene «críticas acertadas», pero el cristianismo puede «ofrecer alternativas más adecuadas»
Teoría crítica, el «nuevo arrianismo» que la Iglesia no puede ignorar si quiere derrotar al wokismo
"El mensaje de la teoría crítica es antitético a la afirmación cristiana del ser humano creado a imagen de Dios", afirma Carl R. Trueman.
Cuando se piensa en el término de teoría crítica, lo normal es que se antoje una nebulosa de conceptos, relaciones y doctrinas lejanas que resultan difíciles de definir, por muy determinantes que resulten. Pero si se habla de los postulados woke o de la Revolución sexual, se asimila con más facilidad. Y precisamente esa es una de las ideas clave que Carl R. Trueman busca difundir en su última publicación, To Change All Worlds: Critical Theory From Marx to Marcuse -Cambiar todos los mundos: teoría crítica de Marx a Marcuse-.
Se trata de una extensa obra en torno a la teoría crítica en la que el autor, desde la oposición, busca desprenderse de prejuicios para tratar de comprender las motivaciones que llevaron a ideólogos como Horkheimer, Adorno o Marcuse a diseñar los fundamentos de una de las ideologías más cruciales del presente, con “demandas legítimas”, pero con conclusiones demoledoras en la práctica. Solo así, declaró al ser entrevistado por Carl E. Olson (What We Need Now), los cristianos podrán hacerle frente.
Teoría crítica: una cosmovisión que rechaza la fe
Preguntado por la raíz de la teoría crítica, Trueman apunta a una amalgama de enfoques que “tienen en común la intención de desestabilizar el status quo [el orden establecido], desenmascarar los juegos de poder y las manipulaciones que se esconden tras de la moralidad, cuestionando sus fundamentos y buscando desenmascarar las relaciones de poder que la moldean.
Una de las preguntas más relevantes de esta doctrina es la del significado del ser humano, para los teóricos críticos “cambiante” a lo largo del tiempo y las culturas. Se trata de una pregunta a su juicio “legítima”, pues la historia ofrece ejemplos de cómo una comprensión de una naturaleza normativa “blanca” ha llegado a suponer en otros tiempos la justificación de la esclavitud.
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“El problema es que este enfoque también tiende a asumir que categorías como la de naturaleza humana pueden reducirse a relaciones de poder. Esto es antitético a la afirmación cristiana sobre los seres humanos como seres creados a imagen de Dios como una realidad ontológica”, explica.
Críticas acertadas
En su libro, Trueman apunta que no todo lo sugerido por los teóricos críticos era en sí mismo errado, encontrándose entre sus análisis críticas acertadas como la tendencia de la sociedad moderna a tratar a las personas como cosas, lo que también se llama “cosificación”.
“Las burocracias lo hacen”, explica, “los empleadores que consideran a sus empleados como intercambiables lo hacen… De forma más sutil, las prácticas de la Revolución sexual que convierten el sexo en una recreación y a las parejas sexuales en meros instrumentos de satisfacción personal, [también] lo hace”.
Preguntado por algunos de los hitos centrales que han configurado un mundo marcado en buena parte por la teoría crítica, menciona “la tendencia a priorizar los sentimientos como determinantes de nuestra identidad como seres humanos”. A esto agrega una tendencia en la que, conforme la naturaleza humana “se psicologiza”, la política también se desplaza desde las preocupaciones económicas a las psicológicas.
Destruir la familia para destruir el capital
Pero el de la Revolución sexual es sin duda uno de los que mayor trascendencia han tenido en la configuración del presente. Para Trueman, sus orígenes se encontrarían en una Escuela de Frankfurt que se apropió de la idea de Freud de que los códigos sexuales son constitutivos de la sociedad.
Más tarde aportó un “giro marxista” a la cuestión, argumentando que esos códigos sexuales específicos “sustentaban formas específicas de sociedad y las formas particulares de opresión de las que dependían esas sociedades”.
El relato de la dialéctica estaba servido, abriendo así el camino para situar los códigos sexuales en el centro del debate político: “Para derrocar el capitalismo era necesario romper con esos códigos de matrimonios monógamos y heterosexuales como base de la familia nuclear, de los que dependía.
Los cristianos no deben desecharla a la ligera
La importancia de la teoría crítica y sus derivadas es tan destacada en el presente que los cristianos, según Trueman, cometerían un error al ignorarlo o rechazar de base toda crítica o argumento sin un análisis previo.
De este modo, explica que, si bien los postulados de Arrio eran incompatibles de la Iglesia, esta salió reforzada al responder preguntas planteadas durante el cisma como la relación entre el Padre y el Hijo.
“Algo similar ocurre con la teoría crítica, a la que los cristianos deben acercarse mejor porque plantea buenas preguntas que requieren respuestas cuidadosas y proporciona respuestas cuyas debilidades y problemas nos permiten encontrar otras más adecuadas. Atacar (o abrazar) la teoría crítica sin entenderla adecuadamente es desastroso por numerosas razones. Quizá la más obvia es que ese compromiso equivocado nos impide ofrecer una alternativa mejor”, comenta.
El cristianismo tiene mejores respuestas: debe ofrecerlas
Para Trueman, si los cristianos no pueden permitirse la derrota ni la ignorancia por parte de la teoría crítica, enfrentarla y refutar sus principios es la única salida posible.
Para ello, concluye llamando a los cristianos a acudir a las fuentes en su contexto, ser valientes como para reconocer la legitimidad de algunas de las preguntas que plantean sus ideólogos y, al mismo tiempo, no dejarse intimidar por ello.
“Cuando se trata de las preocupaciones centrales del significado del ser humano o de cómo deberían tratarse los humanos y por qué no lo hacen, el cristianismo tiene mejores respuestas. Demostrar la legitimidad de las preguntas de la teoría crítica debe ir acompañado de mostrar la insuficiencia de sus propuestas y ofrecer alternativas más adecuadas”, concluye el escritor.