Religión en Libertad

Con 14 años, en la canonización de Juan Diego en la Basílica de Guadalupe, «sentí que Dios me llamaba»

Josamir, médico, hace historia en Panamá: es el primero en ser ordenado en un santuario mariano

Josamir Ulises Barrera Martínez el día de su ordenación en la Basílica de Guadalupe y el día de su graduación de medicina.ACI Prensa.

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J.M.C.

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Desde que tiene uso de razón, el panameño Josamir Ulises Barrera tenía perfectamente fijado su futuro. Estudiaría, formaría una familia y construiría un futuro estable. Lo que no tenía previsto, dijo recientemente a El Observador, es que haría historia de un modo que no esperaba: desde el pasado 22 de agosto, Barrera es el primer panameño en ser ordenado en un santuario mariano, la icónica “casa” de la Virgen de Guadalupe de Ciudad de México.

El llamado al sacerdocio llegó pronto, con 14 años, y según él, de manera bastante clara.

Entonces, en 2002, Barrera era un adolescente convencido de que sería médico, esposo y padre de familia.

Algo cambió mientras veía por televisión la canonización de san Juan Diego en la Basílica de Guadalupe. “Me conmovió ver al Papa Juan Pablo II. Pensé: `¿Qué tiene esta persona, que aun con tantas enfermedades logra acercarnos con tanta fuerza a Jesús?´”.

Aseguró que ese día, a más de los 3.000 kilómetros que hay entre la provincia panameña de Colón y la Ciudad de México, recibió una respuesta... y un llamado. “La respuesta era que en él [San Juan Pablo] estaba la presencia de Dios. Era Jesús irradiando a través de él y que por eso causaba tanta conmoción. Y al mismo tiempo yo sentía que Dios me estaba llamando al sacerdocio en ese momento”.

"Sentía que Dios arruinaba mis planes"

Un “no rotundo” siguió a aquel pensamiento. “Sentía que en ese momento Dios me estaba arruinando los planes, como que estaba agarrando mi hoja de vida y tirándola a un cesto [de basura]”, cuenta.

Fiel a su plan inicial, aplicó a una beca y se trasladó a Venezuela para estudiar Medicina Integral Comunitaria, carrera que cursó durante siete años. Estaba convencido de que el llamado se apagaría con el tiempo, pero pasaban los meses y la inquietud persistía.

Mientras, el joven se inscribió como peregrino en la Jornada Mundial de la Juventud que se celebró en 2011 en Madrid y vio el documental Madre Teresa: el Legado, de 2007. Quedó profundamente marcado por las palabras y testimonio de la santa, especialmente por su “motivación de saciar la sed de Jesús en los pobres”.

Alcanzó su sueño, pero le faltaba algo

El joven, que hasta no hacía mucho pensaba que Dios se interponía entre su deseo vital de dedicarse a la medicina, era ahora el que contactó con los Padres Misioneros de la Caridad buscando un camino que seguir. Sin ser rechazado de lleno, la indicación fue clara: primero debía terminar sus estudios.

En 2013 se graduó en medicina. Aquel año, si bien estaba contento por haber cumplido su deseo, pronto reconoció sentirse invadido por una sensación de vacío. “Me faltaba algo”, confesó el joven, que comenzó a albergar el deseo de ser misionero y un pensamiento: “Señor, ahora te voy a dar la oportunidad a ti”.

“Desde la ciudad de Colón, en Panamá, me fui a Guadalajara, México. Ya era médico, pero sentía que algo me hacía falta, y fue entonces cuando comencé el camino de la vocación sacerdotal, inspirado en servir a los pobres entre los más pobres. Desde 2015 empecé mi formación con los Padres Misioneros de la Caridad”, relata.

El joven estuvo en México, Kenia e Italia, iniciando así un camino vocacional plagado de condicionantes.

“Ha sido un camino difícil y de pruebas y todo. [No obstante] ha sido un camino de mucho gozo”, aseguró.

"Dios no quita nada, lo da todo"

Actualmente combina su ministerio sacerdotal con su formación médica, ámbitos en los que observa coincidencias: “El que es médico tiene un llamado particular a las personas con gran amor y dedicación. Y también a estar muy cerca del sufrimiento humano”. Por su parte, los sacerdotes también están llamados a ver el sufrimiento del hermano, pero también a vivirlo y a consolarlo. “Nosotros vemos el rostro de Cristo en los más pobres de los pobres. Tratamos de cubrir el rostro de Cristo en los más pobres de los pobres y servirlo”.

Explicó que, al principio, rechazó el llamado porque tenía su vida perfectamente planeada, pero con el tiempo entendió que al dejar obrar a Dios descubrió “la felicidad verdadera y la alegría y la paz. Entonces, Dios no nos quita nada, pero nos da todo, nos da el sentido a nuestra vida real”.

Por ello invitó a otros a descubrir “esa vocación y esa misión, descubrimos nuestra paz y (que) hay una alegría profunda (en) estar haciendo aquello para lo que fuimos creados”.

Todo empezó con María, en Guadalupe

Preguntado por el papel de la Virgen de Guadalupe en la historia, la define como la verdadera protagonista de su sacerdocio.

“Todo comenzó cuando vi la canonización de san Juan Diego; allí inició su papel en mi vida. Además, fui ordenado en su casa, en la Ciudad de México. Soy el primer panameño en recibir el sacramento del orden sacerdotal en un santuario mariano y el tercero de mi congregación en hacerlo de forma histórica”. Aquel momento, dijo, “fue un don completamente inmerecido y más porque yo creo que todo empezó por María y continuó siendo su culpa”.

Si un joven en su misma situación antes de ser ordenado le preguntase, Barrera no duda en el mensaje a transmitir. “Dios no te quita nada. Aun cuando uno tiene planes muy claros, Dios obra desde el corazón. Es importante y necesario poner los sueños y la vida en manos de Dios, porque Él es quien da sentido a la existencia humana. Yo tenía otros planes, y ahora me ha llamado a un camino diferente. Siento un gran gozo, porque sé que Dios está haciendo en mí una obra nueva”. 

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