Gran Canaria vibra con la «pauta de navegación» de León XIV: unidad, cruz y Eucaristía sin excusas
«Vengo a estas islas como Padre y hermano en la fe», comenzó diciendo el Papa en la catedral de Santa Ana.

"Cuando encuentren dificultades, alcen la mirada, y pidan al Espíritu Santo la gracia de vivir unidos en la fe, la esperanza y la caridad".
La Catedral de Santa Ana, en Gran Canaria, vivió esta tarde un encuentro marcado por la cercanía y la escucha. Antes de que el Papa tomara la palabra, el obispo José Mazuelos presentó la realidad pastoral de la diócesis, subrayando sus retos y oportunidades.
"Queremos ser una Iglesia abierta y acogedora, capaz de anunciar el Evangelio también en medio de una sociedad plural y cambiante", afirmó, recordando el impacto del turismo, que "además de representar un desafío pastoral, constituye igualmente una oportunidad providencial para el encuentro, el diálogo y el testimonio cristiano".
Abrazar la cruz
Añadió que las comunidades parroquiales desean ser lugares donde los visitantes descubran "no solo belleza natural, sino también la belleza de una fe viva, celebrada y compartida con alegría".
Y no eludió las heridas sociales: "la precariedad laboral de muchas familias, las dificultades de acceso a la vivienda, la soledad de los ancianos, las heridas afectivas de tantos hogares y el drama migratorio que toca de manera especial nuestras costas".
Tras este saludo, y después de la lectura del Evangelio, se escucharon los testimonios del sacerdote Santiago Cerrato Cáceres y de Enélida Hernández Monzón, Secretaria General de Pastoral, cuyas palabras León XIV describió como "reflejo de una Iglesia viva". Solo entonces el Papa tomó la palabra, todavía con la emoción del encuentro previo con migrantes en el Puerto de Arguineguín.

El obispo José Mazuelos presentó la realidad pastoral de la diócesis.
"Vengo a estas islas como Padre y hermano en la fe", comenzó diciendo, invitando a todos a "reflexionemos juntos sobre dos actitudes de nuestra vida cristiana que hemos de tener en cuenta". La primera, inspirada en San Agustín, fue presentada como esencial: "abrazar la cruz de Cristo".
El Pontífice desarrolló esta idea con claridad: "La primera ‘pauta de navegación’, por tanto, es abrazar la cruz de Cristo; y ustedes lo hacen cotidianamente, por ejemplo, como cireneos, acompañando y ayudando a llevar las cargas de tantos hermanos y hermanas crucificados por los dramas de la vida. Les agradezco esta generosa labor de caridad y misericordia".
A continuación, introdujo la segunda actitud: "cultivar una espiritualidad eucarística". Recordó la tradición de la Catedral de Santa Ana: "Esto tiene relación con la antigua tradición que se conserva en esta hermosa catedral: la lluvia de pétalos de flores ante el Santísimo Sacramento que se realiza el día de la Ascensión, como signo de los bienes espirituales y celestiales que derrama el Señor al subir al cielo". Desde ahí, animó a profundizar en "una espiritualidad de la unidad eclesial en el amor".
Puedes ver aquí el rezo en la catedral completo.
El Papa insistió en que esta espiritualidad debe hacerse visible: "Una forma concreta para manifestar esta espiritualidad de comunión es la solidaridad cristiana". Y exhortó a los presentes a "seguir ofreciendo a todos el amor que ustedes, a su vez, han recibido del Señor, amor que se hace alimento en la acogida, en la escucha, en la cercanía y en el cuidado de los más frágiles".
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Ya hacia el final de su intervención, León XIV se dirigió a la comunidad diocesana con un tono de envío: "querida Iglesia que peregrina en Canarias", les dijo, animándolos "a seguir adelante fuertemente arraigados en Él, para seguir navegando con valentía en este nuevo tiempo de la historia". Y concluyó con una exhortación espiritual: "Cuando encuentren dificultades, alcen la mirada, y pidan al Espíritu Santo la gracia de vivir unidos en la fe, la esperanza y la caridad".