Escondido en tu día

Imagen de San José en la cripta de la Sagrada Familia
Querido San José:
Cuánto disfruté ayer y seguro que tú también, ¿a qué sí? Bueno, y no sólo ayer, sino todos estos días en que España tiene la dicha de recibir la visita del Papa León XIV. Hay tantos momentos para recordar y dar gracias a tu Hijo…, pero hay uno que me ha llegado al corazón de manera especial y que muchos no se habrán dado cuenta. No es casualidad que ayer fuera miércoles de San José y el Papa visitara por la mañana la casa de tu Esposa en Montserrat y por la tarde la catedral de la Sagrada Familia con misa y posterior bendición de la torre de tu Hijo. Además muchos no sabrán que esta majestuosa catedral, en origen, iba a estar dedicada sólo a ti, querido San José, pero por cuestiones de la historia, al final se dedica a la Sagrada Familia.
¡Qué hubiera sido semejante catedral dedicada al Custodio del Redentor! Por algo hay cambios en la vida y en la historia, porque todo lo lleva tu Hijo en unión al Padre y al Espíritu Santo. Y ellos tres, la Santísima Trinidad, que te conocen bien y saben cómo piensas y vivías en Nazaret, que te gusta estar escondido y sin hablar mucho, pues ven que lo mejor es que sigas escondido y unido a tu Esposa y a tu Hijo en la catedral de la Sagrada Familia de Barcelona.
Y ahora, querido San José, entramos en lo que habrá pasado desapercibido a los ojos de la mayoría que ayer seguía el paso del Papa por Barcelona. Ah bueno, y antes de entrar en la cripta de la Sagrada Familia, no nos olvidemos que el Papa visita una cárcel. Allí lleva a los internos el amor de Dios y allí estabas escondido como padre de los presos. Pero si sigo no termino, nos daría para otra carta tu presencia en las cárceles dando paz a los reclusos… Quiero irme contigo a tu capilla de la Sagrada Familia. Es el origen de esta esplendorosa obra maestra; es el fundamento espiritual y arquitectónico porque tu capilla es lo primero que se construye. Por algo será… Pues bien, cuando el Papa baja a la cripta para visitar a tu Hijo en su capilla y después orar y poner una vela ante la sepultura del venerable Antonio Gaudí, un hijo que te amó de manera singular en este mundo y puso su obra a tus pies, va en compañía del cardenal Juan José Omella. Tu capilla, querido San José, queda en el centro, al fondo de la cripta. Los dos, el Papa León y el arzobispo de Barcelona caminan por el pasillo central hacia el sagrario para hacer una visita a tu Hijo. Y ahí…. ¡Ahí llega el momento especial donde entre los dos se te ve a ti, en medio, al fondo! Recorren todo el pasillo y tú te encuentras entre ellos.
¡Los unes, los miras, los acompañas en la visita a tu Hijo y al gran arquitecto de la catedral!
¿Y quién se da cuenta de tu mirada y oración por ellos y por toda la Iglesia?
¿Se puede mostrar mejor tu condición de padre y patrono de la Iglesia, así escondido entre el Papa y el obispo de una diócesis?
¿Es posible algo hablar mejor sin decir una sola palabra?
¡Gracias, querido padre San José! ¡Muchas gracias por esos segundos de imagen que hubiera querido inmortalizar en el móvil, pero si no lo hice fue por no perdérmelos en directo por la televisión!
¡Gracias por este regalo tan propio tuyo!
¡Gracias por hablar en el silencio!
¡Y seguimos, querido San José!
Ya sabemos lo que viene después, la misa y la bendición de la torre de Jesucristo. Y llega la noche. La bendición abre las puertas a la noche de un día muy especial donde por la mañana estás presente en la sierra de Montserrat, que corta el horizonte y nos recuerda tu taller de Nazaret, y por la tarde la bendición de la torre más alta de la catedral hace que todos miremos al cielo para encontrarnos con tu Hijo. La mañana, al medio día del ángelus, se une con el atardecer donde miramos a la cruz y tú, querido San José, estás como siempre, escondido en tu día.