Del café para los sin techo a recibir al Papa: 800 alojados y 2.000 atendidos en el CEDIA de Lucero

Juan José Gómez, responsable del centro CEDIA, y la psicóloga María Bianca, junto al cartel de la visita papal; León visitará el centro
El Papa León, el 6 de junio, nada más llegar a España, tras saludar a los Reyes y algunas autoridades, se dirigirá al centro CEDIA de Cáritas, en el barrio de Lucero y Latina, cerca de Carabanchel, una de las zonas pobres de Madrid .
CEDIA empezó hace 50 años con una furgoneta que repartía café. Hoy tiene servicios de acogida a "personas en situación de sin hogar", tanto de día (duchas, taquillas, comida, talleres) como de noche. Todos los sondeos del CIS desde diciembre de 2024 dicen que los españoles consideran que la vivienda es el mayor problema en España... y el Papa quiere empezar su viaje atendiendo a personas sin vivienda.
De la furgoneta con café, a las butacas... y las habitaciones
En la mañana de este martes, muchísimos periodistas de todo tipo de medios han querido conocer lo que se hace en este lugar. Fueron recibidos por Juan José Gómez, responsable del centro, y la psicóloga María Bianca, junto con algunos trabajadores sociales del centro.
Gómez aludió al texto bíblico de la zarza ardiente: "Aquí hay que descalzarse, porque esto es terreno sagrado", dijo, refiriéndose al cuidado con el que hay que acoger al necesitado.
María Bianca resumió la historia del centro. La furgoneta con café caliente se convirtió en un espacio fijo y seguro, con butacas para pasar la noche. Después, incorporó servicios de día para apoyar a esas personas. Era ya CEDIA 24 horas. En 2008 se trasladó al barrio actual, en Lucero, Latina. Y en 2019, con la pandemia, desaparecieron ya las butacas para permitir dormir en camas y habitaciones, junto con sus servicios de duchas, baños, etc...
CEDIA tiene hoy 47 plazas de noche para hombres y 20 plazas de noche para mujeres, ellas van a otro edificio. Hay además 25 plazas en el centro de día. Es atención para individuos, a las familias se les deriva a otro centro. En 2025 pernoctaron aquí 880 personas distintas; las ayudadas de distintas formas fueron más de 2000. De las 47 plazas para varones, cinco son del Samur Social de Madrid y el resto son propias de Cáritas. "Es un centro de puertas abiertas", dice Juan José Gómez. "El timbre suena y siempre se abre".
La visita del Papa: mensaje nítido que visibiliza
Juan José Gómez considera que "la visita del Papa es un mensaje nítido", porque entra en España por este centro y "va a dar visibilidad a esta realidad". Para las personas de fe en el centro, "como yo", recibir al Papa es un privilegio, añade.
"Algunos residentes contarán su vida al Papa. Es gente normal y corriente que está pasando una mala racha", detalla. En CEDIA aseguran que la delegación vaticana que exploró el terreno "no pidió hacer nada especial, lo querían todo lo más natural posible". El único cambio, apuntan, fue pintar las paredes.
Juan José Gómez explica a ReL que en el centro en sí se reza bastante. "Aquí se reza en Navidad, y en varios de los talleres, y en la actividad del Encuentro con la Palabra. Aquí nos impresiona ver a personas que han sufrido mucho y dan gracias a Dios en circunstancias en lo que lo normal sería querer renegar".
Explica también que acude con frecuencia Miguel, el párroco de la iglesia anexa, la Parroquia de la Crucifixión. Muchos usuarios de CEDIA acuden a las actividades parroquiales, participan en sus grupos y en su Semana Santa.
"Hay además un sacerdote jubilado llamado Claudio que viene como voluntario, colabora con las comidas y escucha y atiende a las personas", añade.
Y en otra parroquia cercana, la Resurrección, hay un diácono permanente que organiza encuentros de oración con la Palabra de Dios para la gente que va a CEDIA. "Hacen lecturas de la Palabra y los asistentes la comentan; ¡incluso acuden musulmanes!"
Por su parte, la psicóloga María Bianca organiza talleres de apoyo psicológico para grupos por la tarde: tiene dos de mujeres y otro mixto. Cuando ReL pregunta a la psicóloga sobre su fe o religión, ella prefiere no responder.

Juan José Gómez, responsable del centro CEDIA de Cáritas diocesana, en el recibidor de entrada, donde hay una imagen de la Virgen y una Biblia abierta
Taquillas, duchas, acogida... recuperar la dignidad
Los usuarios agradecen las duchas, los servicios de aseo, el alimento, las taquillas para dejar objetos... "Son servicios que devuelven la dignidad", explica el responsable del lugar. Estas personas luego se apoyan en la atención psicosocial para reorganizar su vida y su situación. Juan José Gómez lo ve como "un centro de entrenamiento de habilidades sociales", como la búsqueda de empleo, el trato personal...
La persona ha de tener voluntad de mejora. Algunos tienen problemas de alcohol y deterioro (aunque los adictos que no siguen tratamiento controlado no pueden pernoctar aquí). "Otros simplemente cayeron en el sinhogarismo por un mal divorcio, un despido, una depresión... Es gente que de repente queda en situación de calle".
Estadísticamente, hay tres cosas que dejan a la gente en la calle, explican: la vivienda cara (incluyendo el alquiler caro), el trabajo precario y las crisis familiares.
Ocho de cada diez llegan sin tener trabajo. Pero un 20% logran trabajo estando en CEDIA. "Si te duchas, duermes, te vistes bien y te ordenas, es más fácil acudir a entrevistas de trabajo", explica Juan José Gómez.
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La mejor herramienta es el amor y el afecto
No tiene miedo a sonar ñoño cuando dice que "la mayor herramienta es el amor y la acogida; la gente sale de sus problemas agarrándose al afecto y al amor de los demás. Los usuarios nos dicen: '¡cómo nos cuidáis!' Pensemos que es gente que a veces se ha acostumbrado a que no les miren a la cara".
El sinhogarismo en las grandes ciudades españolas tradicionalmente ha mantenido una proporción de un 75% de hombres y 25 % de mujeres. Pero Gómez advierte un matiz: "las mujeres, para pagar su alquiler o alojamiento, harán cosas horribles; si llegan a la calle, es ya muy heridas, con un serio deterioro".
Hay cosas que están cambiando, y para mal. Como la edad. "Habitualmente nuestros usuarios tenían una media de entre 37 y 40 años. Hoy es de unos 30 años, porque cada vez atendemos más jóvenes".
La precariedad se extiende. En una familia con dos sueldos, si los dos son precarios, viven en pobreza o en su antesala. Cáritas en España siempre ayudó económicamente a pagar entradas de alquiler de pisos; hoy paga entradas y alquileres de habitaciones.
Piden a las instituciones públicas más plazas y más servicios de acogida para evitar las situaciones de calle. "Nosotros somos subsidiarios de las instituciones públicas", considera Gómez.
Más de dos mil personas atendidas; trabajan 29 profesionales
En total, los programas del centro cuentan con 29 profesionales asalariados, para acoger y atender a esas más de 2.000 personas que pasan al año. Hay también una empresa de limpieza que mantiene todo ordenado día y noche. Todo se financia desde Cáritas, "en parte por la crucecita del IRPF y también con donantes privados", dice Gómez. Y añade: "Si mañana desaparecieran todas esas ayudas públicas, Cáritas aún podría mantenerlo". CEDIA cuesta más de 1 millón de euros al año.
La mayor frustración, explican, es no poder acoger a todos los que lo necesitan. Si en la recepción inicial en un día llegan 10 personas contando su necesidad, es duro tener que decir que "no" a 7 cada día. Hay días que es un no a todos. Eso es duro para los trabajadores y voluntarios. "En cambio, cuando un usuario se va a mitad de proceso, lo tomamos con más filosofía. Nos decimos que quizás aún no era su momento. Muchos se van dejando mensajes de agradecimiento en el buzón de sugerencias".
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Acoger por la noche, también con actividades
A las 8 de la mañana se cierra el servicio nocturno, que vuelve abrir a las 9 de la noche. Hay habitaciones de una, tres y cuatro camas, para intentar acomodar distintos casos. Los usuarios que pernoctan allí llegan, charlan con los trabajadores y pueden hacer algunas actividades juntos. "Hacemos actividades introspectivas, somos como un acompañamiento para aligerar la mochila de traumas", explica Esteban Rodríguez, de 24 años, joven trabajador en la casa. Es dominicano, lleva 6 años en España y trabaja para Cáritas.
Parte de su tarea es escuchar y dejar hablar. También animar a las personas. Pone música "que les guste" para despertar a los usuarios, para "hacer que salgan con una sonrisa por la mañana". Muchos inmigrantes hablan con él y él les anima a plantearse objetivos.
Javier, trabajador social veterano del centro, explica que los servicios de acogida del Ayuntamiento de Madrid están colapsados. Quien quiera pasar por CEDIA, venga por su cuenta o derivado, siempre tendrá que someterse a una entrevista de entrada. Hay límites: sólo se acogen personas de 18 a 65 años, y no entran personas con adicciones.