Muere el obispo Gracida con 102 años: piloto en la Segunda Guerra Mundial, se libró de ser capturado
En una operación sobre el valle del Ruhr, su avión perdió dos motores y estuvo a punto de lanzarse en paracaídas sobre territorio enemigo.

En 1972 obtuvo una licencia de piloto y adquirió una avioneta para desplazarse con rapidez por la archidiócesis.
La Diócesis de Corpus Christi, en Estados Unidos, anunció el fallecimiento de René Henry Gracida, uno de los obispos más ancianos de ese país y figura singular por una biografía que combinó el servicio militar en la Segunda Guerra Mundial con más de seis décadas de ministerio sacerdotal.
Gracida murió el pasado 1 de mayo, a los 102 años, tras una vida marcada por episodios extraordinarios tanto en el ámbito civil como en el religioso.
En territorio enemigo
Nacido en Nueva Orleans (EE.UU) el 9 de junio de 1923, Gracida relató en diversas ocasiones que su interés por la vida espiritual comenzó en la adolescencia, cuando quedó impresionado por la representación de los mártires jesuitas en la novela El último mohicano.
Años después, al ingresar en un monasterio benedictino, adoptó el nombre religioso de René Goupil, en honor al misionero jesuita asesinado por iroqueses en 1642.

Gracida tuvo planteamientos controvertidos sobre Francisco y la Iglesia.
Antes de su ordenación sacerdotal en 1959, Gracida formó parte del Cuerpo Aéreo del Ejército de Estados Unidos, donde sirvió como artillero de cola en misiones sobre la Alemania nazi.
En una operación sobre el valle del Ruhr, su avión perdió dos motores y estuvo a punto de lanzarse en paracaídas sobre territorio enemigo. Aquella experiencia, como otras vividas en combate, marcaría profundamente su visión de la providencia y de la fragilidad humana.
Su trayectoria eclesial comenzó a tomar forma cuando el Papa Pablo VI lo nombró obispo en 1971. Tras servir como Obispo Auxiliar de Miami y posteriormente como Obispo de Pensacola-Tallahassee, fue designado en 1983 para encabezar la Diócesis de Corpus Christi, donde permaneció hasta su retiro en 1997. Desde entonces ejerció como obispo emérito, manteniendo una intensa actividad pastoral y pública.
Gracida solía recordar que, tras una hospitalización en 1972 provocada por un agotador calendario de confirmaciones en Florida, decidió obtener una licencia de piloto y adquirir una pequeña aeronave para desplazarse con mayor rapidez por la archidiócesis.
En varias ocasiones confesó que llegó a perder el conocimiento durante tormentas eléctricas, despertando a distintas altitudes, episodios que interpretaba como signos de la protección divina.
Su figura también estuvo vinculada a momentos clave de la comunicación católica en Estados Unidos. Era amigo personal de Madre Angélica, fundadora de EWTN, y según la biografía escrita por Raymond Arroyo, fue él quien impulsó una votación secreta en 1988 que permitió consolidar la colaboración de los obispos estadounidenses con la cadena televisiva.
Arquitecto de formación
En los últimos años, Gracida adquirió notoriedad por posiciones controvertidas, como su adhesión a la "corrección filial" dirigida en 2017 al Papa Francisco por la exhortación Amoris laetitia.
La diócesis destacó que, bajo su liderazgo, se fortalecieron los ministerios pastorales y se modernizó el área de comunicaciones. Arquitecto de formación, revisaba personalmente los proyectos de construcción. En su jubilación, continuó activo y dedicó tiempo a la caza y la pesca.
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Religión en Libertad
En 2016, reflexionando sobre sus múltiples experiencias cercanas a la muerte —incluida una grave neumonía en los años cincuenta—, afirmó: "Dios me ha mantenido con vida porque tengo un mensaje que entregar".