Religión en Libertad

Tiene 44 años, es de Guinea, lleva desde los 15 años en España y es sacerdote en Torrejón de Ardoz

El sacerdote Teodomiro Megogo habla de la fe en Guinea Ecuatorial, el recuerdo de los misioneros y los viajes de León XIV.

Teodoro Megogo llegó a España con 15 años, procedente de Guinea Ecuatorial; es vicario parroquial en Torrejón de Ardoz

Teodoro Megogo llegó a España con 15 años, procedente de Guinea Ecuatorial; es vicario parroquial en Torrejón de Ardozdiocesis de alcala

Redacción REL
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Teodomiro Megogo es un sacerdote de Guinea Ecuatorial, de 44 años, que lleva casi 30 años en España. Es vicario parroquial en la iglesia de San Juan Evangelista, en Torrejón de Ardoz, en la diócesis de Alcalá de Henares. También es profesor de Religión en dos institutos de educación secundaria. Sigue con interés la visita del 21 al 23 de abril del Papa León XIV a su país, el único de África donde un amplio porcentaje de población habla español.

Explica en la web de la diócesis complutense que fue ordenado diácono en 2014 y sacerdote en 2016, para esta diócesis. "He pasado por Villarejo, donde estuve de diácono, y en Santo Tomás de Villanueva el último tramo de diaconado y el comienzo del ministerio. De Santo Tomás me enviaron a San Bartolomé, donde estuve ocho años y ahora estoy en San Juan Evangelista, en Torrejón, felizmente, desde hace un año y medio, más o menos".

"Lo mejor en esta vida es ser vicario parroquial", dice. También le gusta ser profesor de Religión con adolescentes. "Pasados los años, ellos mismos te dicen el bien que has producido en su vida, sin que tú lo supieras tampoco". También le ayuda a tratarse con los jóvenes de la parroquia. Cree que "todos los sacerdotes deberían vivir una experiencia pastoral real, estar con la gente", que "los sacerdotes debemos no encerrarnos en ninguna oficina o en el obispado".

Salir de Guinea con 15 años

Llegó a España desde Guinea Ecuatorial cuando tenía 15 años. "Mi padre estaba estudiando en España, él enviaba todo lo que podía, nosotros vivíamos con mi abuela. De esa vida, lo más bonito es aprender, aprender viendo cómo alguien da la vida por ti. Ver a mi abuela gastarse y desgastarse por mí y por mis dos hermanos que vivíamos juntos, y dar la vida. En la casa de mi abuela había lugar también para los pobres y por eso yo creo que fue una infancia preciosa, una infancia feliz".

"Mi abuela no pudo ir a la escuela, pero me transmitió lo más grande: la fe. Siempre que había alguna dificultad en casa o, a lo mejor, no había para comer, ella siempre decía «hijos, tranquilos, que Dios proveerá». Y Dios proveía. No he dormido un solo día con hambre porque Dios siempre ha provisto", recuerda.

También recuerda con agradecimiento a las misioneras salesianas, "dando la vida por nosotros, te hacían tangible el amor de Jesucristo. En el carisma de Don Bosco, que para mí ha sido una marca especial, el amor a María Auxiliadora, que también aprendí allí". Recuerda a esas salesianas en E’Waiso Ipola y a los misioneros claretianos.

De niño, él admiraba al obispo Rafael Nze Abuy (1926-1991). "Yo decía: «tengo que ser como ese, dar la vida como él»". Claretiano, de etnia fang, fue obispo primero de Bata, luego arzobispo de Malabo. Fue el primer obispo guineano nativo consagrado en España. Pero pasó varios años exiliado del país, expulsado por el dictador Francisco Macías Nguema, hostil a los claretianos.

Una Iglesia joven y alegre

En Guinea, recuerda, "vivíamos la fe con alegría, y la fe es la que traspasaba la vida de todos los que vivíamos ahí. De hecho, cuando era pequeño yo no conocía ateos. Conocía gente que vivía la vida de la fe, unos eran católicos, otros eran evangélicos, algún musulmán había… pero éramos hombres, mujeres, niños que teníamos como el cimiento de nuestra vida la fe en Dios".

El padre Teodomiro Megogo explica cómo será la Iglesia que León XIV encontrará en Guinea: "una Iglesia viva, una Iglesia alegre, una Iglesia joven, una Iglesia también donde la gente mayor tiene mucho que aportar. Y es verdad que ahí, por ejemplo, las Misas duran su tiempo, pero porque hay mucha vida, hay mucha alegría. Yo que estoy ya acostumbrado a ceñirme al reloj, media hora, una hora… Pues ahí tan tranquilamente se celebra".

Como peligros actuales, señala "el fenómeno de las sectas, que está como comiendo terreno a la labor de los misioneros de la Iglesia católica. Pero sí es verdad que yo no conozco a ningún amigo mío en Guinea, o la gente que haya tratado, que viva lejos de Dios, en el sentido que no tenga una fe en Dios, ya sea católico, ya sea evangélico".

"La gente, el pueblo de Guinea, como el pueblo africano es, sobre todo, un pueblo que vive de Dios, muy agradecido a Dios. En Europa, ya el hombre como se cree que lo puede todo, pues «ya lo puedo todo y ya no necesito a Dios». En África es al revés, yo para poderlo todo necesito a Dios. Dios es mi fuerza, es mi fortaleza, es el que me regala la capacidad de poder transformar la realidad. En la cultura de Guinea, en la cultura africana, somos así. Nosotros no somos nada sin Dios, porque de Él nos llega todo".

Una Iglesia que habla castellano

"Nuestros misioneros han sido españoles desde aquel 13 de noviembre de 1883, que llegaron los misioneros. Hace 170 años, que es precisamente el acontecimiento que lleva al Papa a visitar Guinea Ecuatorial. Guinea ahora es un país católico en un 74-75% y esto ha bajado. Cuando yo estaba era mucho más. El 74% se declaran cristianos y católicos. Un pueblo que ya tuvo una primera visita del Papa Juan Pablo II, en 1982. El Papa estuvo en Malabo un rato. Bajó del avión, besó el suelo, y luego fue a Bata, donde tuvo más celebraciones", detalla el sacerdote.

Hoy quedan muy pocos misioneros españoles en Guinea porque la Iglesia local tiene suficientes vocaciones y hasta exporta misioneros. Y Teodomiro recuerda que Robert Prevost, siendo superior general de los agustinos, ya visitó antes el país.

Cree que irán llegando más religiosos africanos a España. La sociedad europea tiene la enfermedad del antiguo Israel, dice: «Cuando el Señor ya me ha bendecido, me olvido de donde me vino la bendición y me dedico a otras cosas».

"Le pedimos al Señor y a la Virgen que sepamos recibir a Pedro, que viene aquí a España y en Guinea a lo mismo, a confirmarnos en la fe y a recordarnos quién es la piedra sobre la que hay que apoyar la vida, que es Jesucristo nuestro Señor, y hacerlo con esta alegría", insiste el sacerdote.

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