El universo no es fruto del azar, sino una obra diseñada por Dios con orden, belleza y armonía divina.
Amando a Dios abrimos la puerta a la santidad
🔹San Agustín. Sermón 121, 1🔹

🔹San Agustín. Sermón 121, 1🔹
Amando a Dios, nos hacemos dioses [llegamos a la santidad]; pero amando al mundo, [sólo] se nos llama mundo 🔹San Agustín. Sermón 121, 1🔹
San Agustín señala una famosa frase: "Cada uno es lo que ama". Esto es una advertencia sobre la fuerza transformadora del amor. Para San Agustín, el amor no es un sentimiento pasivo, es como una fuerza gravitatoria: nos convierte en aquello hacia lo que nos inclinamos.
Esta frase no es una invitación a la soberbia, sino a la participación en la vida divina por medio de la Gracia. San Agustín decía: "Mi amor es mi peso; por él soy llevado a dondequiera que me llevan". Si amas lo efímero, te vuelves efímero. Si amas lo Eterno, lo Eterno empieza a habitar en ti. La santidad no es "portarse bien"; es que la vida de Dios circule por tus venas. Al amar a Dios, nos "configuramos" con Él. No nos hacemos Dios por naturaleza (lo cual sería idolatría), sino por adopción y semejanza.
En la Biblia, el "Mundo" a menudo representa el sistema de valores cerrado a la trascendencia. Si amamos solo lo material, perdemos nuestra identidad de hijos para convertirnos en simples objetos en el inventario del mundo.
Desde la Evangelización en las Redes es importante llevar esta idea al entorno digital. Es todo un reto crítico para la identidad del cristiano que habita el continente digital. Preguntémonos y respondamos con sinceridad: ¿A qué "clic" pertenece nuestro corazón? Debemos crear y compartir contenido que busque la Verdad y la Belleza, no el aplauso humano. Deberíamos diferenciarnos del mundo por el amor que compartimos en las redes sociales. En la antigüedad, los paganos admiraban cómo los cristiano se amaban entre sí. Hoy, parece que lo que amamos el aplauso de una sociedad llena de apariencias. El evangelizador no debe buscar "parecerse al mundo" con el fin de encajar, sino "amar a Dios" aunque esto conlleve ser ignorado o despreciado. La autenticidad cristiana no se deja moldear por el algoritmo de la vanidad.
Si un perfil católico solo habla de lo que todos hablan y busca lo que todos buscan (polémica, fama, estética vacía), se convierte en "mundo". La frase de San Agustín nos invita a preguntarnos: ¿Mi contenido eleva a la gente o solo la mantiene pegada a la pantalla? Evangelizar hoy es recordar a los seguidores que son mucho más que un perfil. Es invitarlos a dejar de ser "masa" (mundo) para descubrir su vocación de "hijos" de Dios.
San Agustín nos pone ante un espejo y nos pregunta: dime qué amas y te diré quién eres. En las redes sociales, donde es tan fácil perderse en la corriente de lo "viral", el cristiano está llamado a ser ese punto de fuga que ama a Dios con tal intensidad que su vida —y sus publicaciones— empiecen a oler a eternidad. Si nuestro corazón se pega a lo que caduca, caducamos con ello. Si nos unimos a Dios, empezamos a participar de Su inmortalidad.
⏺️Facebook: https://www.facebook.com/miserere
⏺️Twitter: https://x.com/MisereMeiDomine