Tras el 23F, para estabilizar al Ejército español, se pensó en mandos «católicos con evidencias»
Un cordón policial alrededor del Congreso de los Diputados el 23 de febrero de 1981, día del intento de golpe de Estado
El Gobierno español del socialista Pedro Sánchez ha desclasificado esta semana numerosos documentos que tratan del intento fallido de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 (abreviado, el 23F).
Historiadores y especialistas coinciden en que, en lo esencial, estos documentos no aportan novedades. Pero hay algunos detalles interesantes. Uno de ellos (lo recoge por ejemplo, InfoBAE) se refiere al ambiente de malestar entre los militares españoles en los meses después del 23F, a medida que los responsables llegaban a juicio.
El jefe del Estado Mayor del Ejército, José Faura, advirtió en un mensaje de febrero de 1982, un año tras el 23F, que entre los militares aumentaba el malestar. Sobre este malestar, Faura pedía a su interlocutor (al que llama Emilio, y que probablemente era Emilio Alonso Manglano, ex director del CESID) “hacer algo para disiparlo o, por lo menos, contenerlo”.
En ese texto, el informe secreto "Índices de subversión en las Fuerzas Armadas", proponía impulsar nuevos líderes militares que sean “católicos con evidencias” y “sin afinidades políticas”. Faura, y otros, consideraban que esas cualidades generarían confianza interna en el estamento militar.
Los militares decepcionados
El informe señalaba que en un principio el Ejército mantuvo una postura favorable a la restauración de la Monarquía en 1975. Pero los cinco primeros años de reinado de Juan Carlos I vieron aumentar la inseguridad ciudadana, el terrorismo, los movimientos separatistas vasco y catalán, un descrédito de muchos políticos y el cuestionamiento de muchos valores morales (por ejemplo, en junio de 1981, cuatro meses tras el 23F, la UCD de Adolfo Suárez y Calvo Sotelo implantó el divorcio en España).
Mandos militares que habían apoyado la monarquía en un primer momento habían empezado a recelar de la nueva situación.
Tras el 23F de 1981, los militares sentían que se les escrutaba continuamente, y que para progresar se valoraban más condiciones políticas que las profesionales y militares. Por eso, este informe pedía nombrar a un grupo reducido de jefes "de prestigio, capaces de ser aceptados desde el propio Ejército, al margen de la opinión que merezcan en el ámbito civil", según el texto.
Ser “católicos con evidencias” aportaba tranquilidad y serenidad entre los otros militares. Otros requisitos de este informe para el liderazgo militar serían: experiencia operativa, condecoraciones, capacidad para tratar con la prensa y mantener vínculos personales y familiares con sectores civiles.
Otro golpe frustrado
Lo cierto es que para octubre de 1982 (8 meses después del informe que comentamos) hubo otro intento de golpe de Estado, inspirado en la estructura del golpe de los coroneles en Grecia de abril de 1967. Se buscaba derrocar al Rey y suspender la Constitución y estaba previsto para poco antes de las elecciones generales. Pero el CESID tenía vigilados a los militares implicados y persuadió a algunos para que no lo intentaran y pasaran información. Detuvo a los tres más importantes (los coroneles Luis Muñoz y Jesús Crespo y el teniente coronel José Enrique Crespo, hermano del anterior) y evitó detener a más implicados.
Ese mismo mes el PSOE de Felipe González ganó las elecciones generales con 202 diputados y 48% del voto, frente a los 107 diputados de Alianza Popular y los 11 que certificaban el hundimiento de la Unión del Centro Democrático.
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Pedro Miguel Lamet/El País