Religión en Libertad

Manos Unidas y la «guerra al hambre» en su nueva campaña: «Demos a conocer a un Dios de ternura»

La ONG presenta en Madrid una campaña centrada en la paz y el desarrollo humano.

"Nuestros jóvenes siguen soñando con salir del país", dice Georges Sabe, de Siria.Manos Unidas

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La ONG Manos Unidas acaba de lanzar su campaña anual para combatir la pobreza, titulada "Declara la guerra al hambre". Una iniciativa centrada en el vínculo existente entre paz, desarrollo y erradicación del hambre.

Además, la entidad presentó este miércoles en Madrid el estudio "Paz en un mundo en conflicto", un informe que refleja que para el 94% de los españoles la paz es mucho más que ausencia de guerras y exige justicia social, derechos y dignidad humana.

De acuerdo con este informe, el 93% de los encuestados considera que estamos muy desinformados sobre los conflictos "olvidados" y el 90% cree que no interesan ni a medios ni a responsables políticos, un dato clave en un mundo en el que 78 países están involucrados en guerras más allá de sus propias fronteras.

Derecho a tener derechos

Durante la presentación intervinieron socios de Manos Unidas en diferentes lugares del mundo: hermano Georges Sabe (Siria), hermana Sandra Ramos (Sierra Leona) y el padre Jesús Albeiro Parra (Colombia). Que dieron su testimonio sobre la difícil situación que atraviesan las comunidades locales.

"Declarar la guerra al hambre es, por tanto, un imperativo moral. Es un llamamiento a la paz, a la justicia y al desarrollo. Es reclamar alimentos, claro que sí, pero, también, es clamar por los derechos que, teóricamente, a todos nos amparan: a la educación, a la salud, a la tierra, al agua, a la igualdad. Es, en definitiva, derecho a tener derechos", explicó Cecilia Pilar Gracia, presidenta de la ONG.

"Hace unos días me hablaban de utopías. De ese sueño de los que estamos convencidos de que, entre todos, podemos hacer del mundo un lugar más justo y en paz. Y pensé que donde otros ven fronteras, en Manos Unidas vemos horizontes, de paz, de justicia y de desarrollo para todos. Mientras unos hablan de utopía, otros hablamos de responsabilidad compartida, de esfuerzo y, sobre todo, de voluntad", concluye Cecilia Pilar.

En el caso de Colombia, por ejemplo, a la pobreza histórica se suman el conflicto armado y otras problemáticas. "Grupos armados ilegales se disputan el control de ríos, caminos y fronteras. Allí donde el Estado no llega con derechos, llegan las armas. Muchas comunidades viven hoy confinadas, sin poder salir a pescar, sembrar o ir al médico por miedo a los combates o a las minas antipersona", afirma el padre Jesús Albeiro Parra, director ejecutivo de la Coordinación Regional del Pacifico Colombiano.

Durante la presentación de la nueva campaña de Manos Unidas.JC

Mientras que hablar hoy de Sierra Leona es hablar de un país herido. Un país que arrastra dificultades profundas (políticas, económicas y sociales). La guerra civil, el ébola y la pobreza estructural dejaron escuelas destruidas, aprendizajes interrumpidosy generaciones enteras con escasas oportunidades.  

"En medio de este contexto tan complejo, la educación se convierte en una auténtica semilla de paz y esperanza. Educar no es solo enseñar a leer y escribir: es abrir caminos, ofrecer alternativas y romper ciclos de pobreza que se repiten de generación en generación", añade la hermana Sandra Ramos, misionera en el país.

El drama olvidado de Siria

Mientras tanto, y aunque el mundo ya no mira hacia Siria, el final del gobierno de Assad en diciembre de 2024 abrió una nueva etapa en el país. Tras la caída del régimen tomó el poder el yihadista Ahmad Chareh como presidente interino para un periodo de cinco años. Se disolvió el ejército, el parlamento y la constitución.

"La crisis sigue siendo severa, con millones de sirios dependiendo de ayuda humanitaria mientras sufren las secuelas de la guerra. Estamos en una fase de transición inestable, una crisis humanitaria profunda y la esperanza de reconstrucción bajo un nuevo liderazgo, aunque la seguridad y el desarrollo sigue siendo una de nuestras grandes preocupaciones", afirma el hermano Georges Sabe, cofundador de los Maristas Azules.

"Aunque el régimen es de origen muy yihadista, actualmente como cristianos seguimos viviendo como vivíamos en el antiguo régimen. Es decir, tenemos nuestras celebraciones, tenemos nuestra vida, nuestras escuelas, la celebración del domingo, las celebraciones de navidades y la Pascua", afirma Sabe a preguntas de Religión en Libertad.

"Sin embargo, hay también algunos grupos no controlados, que pueden ser del Estado Islámico, que es gente que no acepta de ninguna manera que haya otros que piensen y vivan diferente. Estos sí que son una amenaza. Y, el otro tema, que es bastante grave, y que toca a nuestros jóvenes, es que siguen soñando con salir del país. No sienten que Siria pueda ser para ellos un lugar donde construir su vida", explica el marista.

"Cuando salen ya no vuelven. No vuelven. Si tienen que volver, es solo para vender las propiedades que tienen y se marchan. Ese es un problema para el futuro de la presencia cristiana en Siria. Solo en Alepo, éramos más de 200.000 cristianos y hoy somos 20.000. Es una población como una pirámide, muchas personas mayores, pocos adultos y algún niño", añade.

Sobre la labor de Manos Unidas, Sabe afirma: "Hay que dar a conocer a un Dios de ternura, a un Dios que se ocupa de mí personalmente, a un Dios que me invita a vivir dignamente. Por ejemplo, tenemos 120 niños musulmanes que vienen para un programa de educación infantil. Yo creo que Manos Unidas no es sólo dones, es una manera de vivir y de testimoniar", concluye.

La labor de Manos Unidas

Nacida en 1959, Manos Unidas es la Asociación de la Iglesia católica en España para la ayuda, promoción y desarrollo de los países en vía de desarrollo. Es, a su vez, una Organización No Gubernamental para el Desarrollo (ONGD), de voluntarios, católica y seglar.

Manos Unidas lleva 67 años trabajando con comunidades profundamente vulnerables. De esa experiencia histórica surge la visión de la paz de esta organización, que descansa sobre una triple convicción: la paz es un reto universal y urgente que no puede esperar; es una responsabilidad compartida, aunque diferenciada; y es resultado de un desarrollo que no deja a nadie en el olvido.

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