La Fundación Educatio Servanda pone el monasterio a disposición de los sacerdotes
Reposar, rezar, estudiar… ¿gratis y siendo sacerdote? Ya es posible, y en un monasterio de 9 siglos

Sacerdotes paseando por la Santa Espina.
Desde hace meses, son muchas las alertas relativas a la importancia del descanso en los sacerdotes, que se ven cada vez más afectados por el estrés, cansancio e incluso el llamado “burnout” o del desgaste. El último en advertir de ello fue el sacerdote Mario Adán Moreno, de la diócesis de Obregón (México), autor del libro El síndrome de burnout en el ministerio sacerdotal.
Tras una amplia experiencia acompañando a otros sacerdotes, observa que siempre que llega una crisis, “muchos creen haber perdido su vocación” cuando, lo que realmente sucede, es que “están agotados”. “El burnout no es falta de vocación, sino una distorsión del alma cansada que empieza a dudar de sí misma”, advierte el autor. De las tres dimensiones del desgaste sacerdotal, destaca en primer lugar un agotamiento físico y emocional de los mismos, motivado por las elevadas cargas, absorbiendo en ocasiones varias parroquias a atender debido a la crisis de vocaciones.
Se produce cuando el sacerdote se encuentra sobrecargado de trabajo pastoral —misas, confesiones, acompañamientos, gestiones parroquiales— y ya no dispone de energía física ni emocional para responder con serenidad y entrega. “En ese punto, incluso las tareas más sencillas se vuelven pesadas”, comenta el autor.
Por ello, los momentos de descanso pueden llegar a ser para el sacerdote, más que una opción, un deber de cara a su propia vocación. Podrían ser, incluso, un regalo.
Precisamente esta es la intención de la última campaña de la Fundación Educatio Servanda.
Según anuncian a Religión en Libertad, la fundación pondrá a disposición de todos los sacerdotes que lo soliciten el Monasterio de la Santa Espina, ofreciendo así el “silencio, estudio, contemplación o descanso” propios de este lugar único, pudiendo así disfrutar de la pensión completa de forma totalmente gratuita.
Gestionado por la Fundación Educatio Servanda, este monasterio de Valladolid fue fundado en 1147 por doña Sancha, hija de la reina Urraca I de León y hermana de Alfonso El emperador, y debe su nombre a la reliquia de la Santa Espina extraída de la corona del Señor, a la que considera “el elemento de mayor relevancia histórica de cuantos habitan el monasterio que lleva su nombre”.
Opinión
Los sacerdotes también necesitan cuidado: salud mental, fe y acompañamiento
Andrés Román Jarrín
El mensaje que el monasterio acaba de dirigir a los sacerdotes agradece en primer lugar su “entrega de vida al servicio de Dios y de todos, con una dedicación que muchas veces les agota. Y son un don precioso que nosotros los laicos, debemos aprender a querer, agradecer y cuidar”.
“Desde la Fundación Educatio Servanda, nos dirigirnos a vosotros con afecto y gratitud para compartir una iniciativa que nace de nuestro profundo deseo de cuidaros y acompañaros en vuestra vida espiritual y pastoral”, comienza el texto.
Conscientes de la necesidad que los fieles tienen de los sacerdotes, así como del “ingente trabajo pastoral” que muchos de ellos realizan en el contexto de “grave disminución de vocaciones”, la Fundación anuncia la puesta en marcha de una casa de espiritualidad abierta durante toda la semana. Su función es la de acoger retiros, ejercicios espirituales y momentos de oración y descanso.
“Y queremos ponerlo a tu disposición”, dicen a los religiosos. Una propuesta que incluye la pensión completa en dicha casa de espiritualidad y a la que se puede acceder con un único correo o mensaje: “Sólo tenéis que escribir a info@monasteriolasantaespina.es o llamar al teléfono 647.39.60.60 en horario de oficina”.
Una invitación que viene acompañada del llamado a la difusión de la misma entre otros ordenados:
“¿Conoces algún sacerdote? Envíale este mensaje! Tenemos un regalo para él, porque entrega su vida al servicio de Dios y de todos nosotros, con una dedicación que muchas veces le agota, porque es un don precioso que nosotros los laicos, debemos aprender a querer, agradecer y cuidar. Educatio Servanda le ofrece, un lugar donde puede descansar, rezar, estudiar, reencontrarse con el Señor, sin ningún coste para él. Es nuestra forma de darle las gracias. Si conoces alguno, reenvíale este mensaje, es para él. Cuidemos a quienes nos cuidan: nuestros sacerdotes”.
¿Qué encontrarán los sacerdotes que acudan a los días de retiro?
La reliquia de la corona de espinas
También conocida como la Capilla de las reliquias, fue concebida y construida para albergar la insigne reliquia de la Santa Espina.
Dado que esta Santa Espina fue extraída de la corona de espinas que hubo de soportar Jesucristo durante aquellas horas de pasión, no es extraño que esta reliquia lleve nueve siglos siendo objeto de veneración por millones de peregrinos que se han acercado a ella en este tiempo.
En la parte trasera del retablo de la Capilla de las reliquias hay un pequeño camarín a través del cual se puede contemplar la custodia, obra del platero Juan Lorenzo, que acoge la Santa Espina, perteneciente a la corona de espinas que llevó Jesucristo en su Pasión y Muerte.
Siglos de historia, de la Reconquista a la Monarquía Católica
Construido en el siglo XII, la existencia de este claustro reglar precede en el tiempo al Claustro de la Hospedería. Pese a lo cual poco queda de aquella primera etapa del monasterio. Es el caso de los magníficos lucillos románicos que sirvieron de enterramiento a nobles estirpes.
También en La Santa Espina -así aparece grabado en el monolito que recibe al visitante- fue donde Felipe II, el hombre más poderoso sobre la faz de la tierra, se encontró por primera vez con Juan de Austria, su hermano y vencedor de la batalla de Lepanto, que en aquel momento era tan solo un niño que respondía al nombre de Jeromín.
Un lugar único para disfrutar y descansar
Situado en los Montes Torozos, La Santa Espina ofrece un enclave único, con un microclima propio, en el que podrás disfrutar, descansar y dialogar con Dios: recorrer los claustros, la sala capitular, la iglesia, el armariolum o cualquiera de los múltiples rincones que habitan el Monasterio permiten evocar con nitidez la presencia de otros tiempos: tiempos de oración, de trascendencia, en la que todo, absolutamente todo, remitía a Dios.