Domingo, 27 de noviembre de 2022

Religión en Libertad

Esposa del neotomista Peter Geach, ambos fueron discípulos de Wittgenstein

Elizabeth Anscombe, la filósofa conversa de Cambridge que no dudaba en «hacer lío» en los abortorios

Elizabeth Anscombe, ante un abortorio.
Elizabeth Anscombe, entorpeciendo el paso a las puertas de un abortorio en Stockport, cerca de Manchester, por lo que fue arrestada.

ReL

Recientemente recogíamos en ReL un artículo sobre el eficaz argumento antimodernista del filósofo Peter Geach (1916-2013), de quien se recordaba que fue esposo de otra filósofa, Elizabeth Anscombe (1919-2001), una mujer excepcional a quien en 2019, con motivo de su centenario dedicó la Universidad de Urbino un congreso internacional.

Fue madre de siete hijos, conversa al catolicismo durante sus años como estudiante universitaria, mantuvo una postura crítica respecto al consecuencialismo y la ética de la situación (que niegan la existencia de normas morales absolutas) y con frecuencia tomó públicamente posición para defender la enseñanza de la Iglesia en temas como el aborto y la eutanasia, de una manera totalmente contracorriente respecto a muchos de sus colegas filósofos. Incluso fue arrestada en dos ocasiones por haber protestado en el exterior de un abortorio británico.

Elizabeth Anscombe.

En el congreso participaron, entre otros, el escritor y periodista irlandés John Waters; el presidente de la American Maritain Association, James Hanink; Juan Mercado, de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz; Giacomo Samek Lodovici, de la Universidad Católica del Sagrado Corazón y Cyrille Minchon, de la Universidad de Nantes.

Con el fin de conocer mejor a esta filósofa católica irlandesa, que fue catedrática en Cambridge entre 1970 y 1986, Ermes Dovico entrevistó en La Nuova Bussola Quotidiana a Elisa Grimi, autora de una amplia monografía sobre Anscombe (G.E.M. Anscombe. The Dragon Lady) y una de los organizadores del congreso de Urbino.

Elisa Grimi.

Elisa Grimi es doctora en Filosofía con una tesis sobre Elizabeth Anscombe. Actualmente es directora ejecutiva de la Sociedad Europea para la Filosofía Moral, que preside Rémi Brague.

-¿Por qué un congreso internacional sobre Elizabeth Anscombe? ¿Dónde reside la importancia de esta figura, hoy?

-Este año se cumple el centenario del nacimiento de esta extraordinaria filósofa de Limerick, Gertrude Elizabeth Margaret Anscombe. De ahí la idea de organizar un congreso que reuniera a las voces más importantes a nivel europeo expertas en esta filósofa. Además, Anscombe es una filósofa que ha abordado temáticas de la contemporaneidad, hoy enormemente actuales, precisamente en campo ético y social. Necesitamos una filosofía que hable a lo humano, sin engaños vacíos. Anscombe era así. En sus clases no quería estudiantes apáticos, le gustaba dialogar con gente dispuesta a descubrir la verdad que se custodia en cada fragmento de realidad.

»Por eso su fe tuvo un papel decisivo en su pensamiento, porque se trataba de una fe "inteligente". La razón se dirige a la fe, y viceversa: haciendo referencia a dos célebres textos de un invitado de honor muy esperado en el congreso, el profesor John Haldane, se trata de una faithful reason ("razón fiel") y de una reasonable faith ("fe razonable").

Elizabeth Anscombe.

Elizabeth Anscombe se licenció en Filosofía en Oxford y fue profesora en Cambridge. Fue discípula de Ludwig Wittgenstein, como su marido, el también filósofo Peter Geach.

-¿Cómo tuvo lugar su conversión? ¿Y cómo influyó en sus estudios?

-Como recuerda Jenny Teichman, los dos acontecimientos más importantes de la vida personal de Elizabeth fueron su conversión y su matrimonio con el filósofo y profesor de lógica Peter Geach. Este era hijo único, de madre polaca, y creció en Inglaterra. Anscombe y Geach colaboraron mucho tanto escribiendo ensayos como traduciendo.

Peter Geach y Elizabeth Anscombe.

Peter Geach y Elizabeth Anscombe, un matrimonio de filósofos analíticos.

»Lo interesante es que la pregunta filosófica de Anscombe nunca se separó de los problemas objetivos que, en primer lugar, le causaban a ella misma un problema. El tema de la causa primera, de la causalidad y del libero arbitrio, es decir, de la libertad real del hombre ante las concepciones deterministas predominantes, la llevaron a una búsqueda atenta y apasionada. De aquí viene su pasión por Hume, filósofo al que dedicó mucha atención junto a Aristóteles y Santo Tomás de Aquino, además de al estimado Wittgenstein, de cuyo pensamiento, sin embargo, se separó. Una auténtica búsqueda de la verdad.

Portada de la biografía de Anscombe.

-A Anscombe se la llama The Dragon Lady. ¿Por qué este apelativo?

-Este curioso apelativo se le debe a J. O'Grady. Anscombe era una mujer de temperamento decidido y sumamente brillante. Una pensadora guerrera, del tipo que hoy escasea. Creía en lo que decía. A este respecto, me gustar recordar su oposición pública al otorgamiento del título honoris causa al presidente Truman [por las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki] y sus batallas en el campo moral y bioético en el contexto oxoniense. Como bien observa Anselm Müller, en los escritos de Anscombe encontramos una firme, casi incansable, insistencia por la verdad; la verdad como condición para comprender qué hace que una acción sea buena. Anscombe parte de la acción; su concepción antropológica no puede prescindir de considerar al sujeto en su contexto "activo" y, por lo tanto, tal como se manifiesta.

-Anscombe acuñó el término "consecuencialismo" y explicó sus errores. ¿Por qué su filosofía se opone al consecuencialismo?

-Según cuanto observado por Roger Crisp, el término "consecuencialismo" fue introducido por Anscombe en su célebre ensayo Modern Moral Philosophy. Según esta concepción, la acción justa es la que produce las consecuencias mejores. Anscombe, que tenía a sus espaldas su protesta por la concesión del título honoris causa al presidente Truman, al abordar el consecuencialismo muestra un fuerte desprecio, y lo define como una filosofía superficial.

»Ahora bien, si bien se pueden encontrar algunas lagunas en la argumentación de Anscombe, es necesario observar el punto central del problema presente en su crítica a los filósofos morales modernos, es decir, el hecho de que un consecuencialista no tiene base alguna para poder decir que una cosa está permitida y la otra, en cambio, no; para un consecuencialista son, efectivamente, las consecuencias las que deciden y ante los casos límites, cuando es necesario recurrir a una especie de norma, es cuando se encuentra desconcertado, desubicado, y no puede hacer otra cosa más que volver a las normas vigentes en un contexto preciso.

-Es decir, no era una persona que hiciera concesiones. Anscombe, una conversa, también es famosa por haber participado en controversias públicas defendiendo las enseñanzas de la Iglesia. ¿Hasta qué punto llegó en su batalla por la verdad? ¿Puede darnos algún ejemplo?

-Su apego a la verdad y el hecho de asumir, ante los problemas, una posición firme, decidida, inquebrantable, a menudo causaban escándalo entre sus colegas; basta recordar su toma de posición respecto a la guerra, o su batalla contra el aborto -en más de una ocasión se manifestó públicamente-, la  anticoncepción (sobre este tema se enfrentó a la mayoría de sus colegas, entre los cuales Peter Winch, Michael Tanner y Bernard Williams) o la eutanasia.

Traducido por Verbum Caro.

Publicado en ReL el 4 de junio de 2019 y actualizado.

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