Las piedras que curan según Santa Hildegarda: una advertencia necesaria antes de empezar
Un curso online para conocer las propiedades curativas de 20 piedras según las indicaciones de Santa Hildegarda de Bingen.
¿Tenía santa Hildegarda una sabiduría científica avanzada para su tiempo? Ella misma dejó escrito que, a los 43 años, fue invadida por la "Luz Viva, el Espíritu Santo".
El curso online de Aula Mucha Vida sobre Las piedras que curan según santa Hildegarda no comienza prometiendo milagros ni soluciones rápidas. Al contrario, se abre con una advertencia que marca todo su enfoque y que su ponente, José María Sánchez de Toca, repite con insistencia: «Este curso no reemplaza al médico y no sustituye a las medicinas».
La propuesta parte de la obra Physica de Santa Hildegarda de Bingen, santa y doctora de la Iglesia, donde la santa alemana recogió la utilidad de las criaturas creadas —plantas, animales y minerales— para el bien del hombre. Esta monja benedictina alemana del siglo XII recibió durante décadas enseñanzas de la “Luz Viva”, identificada con la acción del Espíritu Santo, le indicaba qué enfermedades podrían ser curadas con lo que ofrecía la propia naturaleza.
En concreto, el curso trabaja el Libro Cuarto, dedicado a las piedras preciosas y semipreciosas, y dedicado a la utilidad del hombre y a las virtudes atribuidas a más de una veintena de piedras. El planteamiento no es presentar “joyas inaccesibles”, sino insistir en que, pese a sus nombres prestigiosos, son piedras asequibles y poco onerosas.
El curso se apoya en una obra fascinante: la “Physica” de santa Hildegarda. Para elaborar el material, se explica que se ha trabajado sobre el texto original y se ha contrastado especialmente con aportes de los doctores Hertzka, Strehlow y Gienger, citados como pioneros en la divulgación contemporánea de la medicina hildegardiana.
Sánchez de Toca, especialista en el tema, subraya desde el principio que no se trata de una medicina automática ni garantizada: «Como no hay dos piedras iguales y cada ser humano reacciona según su constitución y naturaleza, nadie puede garantizar su eficacia en cada caso concreto».
De ahí la advertencia clara: «Si usted está enfermo, vaya al médico, porque su opinión profesional es irremplazable».
Tradición, experiencia y límites claros
El curso muestra que santa Hildegarda no proponía fórmulas complicadas ni rituales oscuros. Sus indicaciones son sencillas y prácticas, pero siempre dentro de una visión cristiana del mundo.
Como recuerda el ponente, estas piedras «son inocuas y pueden ayudarle a resolver problemas que no haya logrado solucionar por otros medios», especialmente cuando se trata de «dolorcillos o molestias» y mientras se espera atención facultativa.
Sánchez de Toca insiste en que la propuesta hildegardiana no compite con la medicina moderna, sino que se mueve en otro plano: «Este libro no sustituye al médico, pero sus consejos han mejorado radicalmente la calidad de vida de muchos pacientes». La clave está en la prudencia y en la experiencia personal, no en la credulidad.
Sánchez de Toca resume el espíritu del curso con una frase muy significativa: "Es una terapia inocua, indolora y que cuesta muy poco".
¿Sabiduría científica o revelación?
Uno de los puntos más sugerentes del curso es la pregunta que plantea abiertamente: ¿tenía santa Hildegarda una sabiduría científica avanzada para su tiempo? La propia santa dejó escrito que, a los 43 años, fue invadida por la «Luz Viva, el Espíritu Santo», que le dictó sus obras «sin dejarle poner una sola palabra de su cosecha».
Frente a quienes intentan explicar su conocimiento como fruto de una gran formación o de una práctica médica inexistente, Sánchez de Toca es tajante: «Esas explicaciones cientifistas no resisten el cotejo con las fuentes históricas». En su opinión, lo que choca no son los textos, sino «nuestros prejuicios contemporáneos».
Un lapidario cristiano, no mágico
El Libro Cuarto de la Physica recoge 25 piedras, de las cuales la santa considera realmente útiles para la medicina apenas una veintena. No hay conjuros ni magia: «Las enseñanzas de la Santa sobre la curación con piedras son diáfanas, sencillas, sin complicaciones», y se diferencian claramente de otros lapidarios medievales, muchos de ellos influidos por fuentes árabes o por prácticas mágicas.
Entre las piedras que aparecen en el temario se enumeran, por ejemplo: esmeralda, zafiro, ónice, berilo, sardónice, topacio, crisólito, jaspe, calcedonia, amatista, ágata, diamante, piedra imán, cristal de roca, perla, cornalina, alabastro y cal, además de otras referencias.
El curso también recuerda que, para Hildegarda, el hombre y el cosmos están profundamente relacionados: «Al hombre le influye todo lo creado, y por tanto, también las piedras preciosas». Esta visión incluye una dimensión espiritual que hoy resulta incómoda, pero que forma parte esencial de su pensamiento.
Probar sin miedo, pero sin ingenuidad
Sánchez de Toca resume el espíritu del curso con una frase muy significativa: «Es una terapia inocua, indolora y que cuesta muy poco, de modo que por probar no se arriesga nada y se pierde muy poco». Eso sí, advierte de las dificultades prácticas: identificar correctamente las piedras, evitar confusiones y aplicarlas con moderación.
Y deja claro que la eficacia no depende necesariamente de la fe subjetiva: «Estas piedras curan en cierto modo como la aspirina, que lleva siglo y medio quitando el dolor de cabeza sin preguntar si el doliente cree o no en ella».
El curso de Aula Mucha Vida Las piedras que curan según santa Hildegarda se presenta así como una invitación a conocer, experimentar con prudencia y reflexionar, sin promesas absolutas y sin enfrentarse a la medicina, recuperando una tradición cristiana antigua que, según su autor, aún tiene mucho que decir al hombre contemporáneo.
Un curso muy completo
El resultado del curso online Las piedras que curan según santa Hildegarda es un programa de 40 capítulos dedicados a profundizar en la principal obra de la santa al respecto, la Physica, y en las 20 piedras que la santa llegó a considerar útiles para la salud, su identificación mineralógica y sus aplicaciones concretas.
“Nada de magia, nada de esoterismo, solo la mirada cristiana y unitaria de una mujer que vio en la creación un reflejo de la bondad de Dios al servicio del hombre”.
Los modos de uso que describe Hildegarda son tan concretos como sorprendentes. Las piedras se calientan, se humedecen, se colocan sobre la piel o en la boca, y con muchas de ellas se preparan vinos o aguas —el llamado vino de topacio o el agua de berilo— que se beben en ayunas o se aplican externamente.
El curso explica paso a paso cada procedimiento, con la traducción del texto original y su interpretación clínica a la luz de la medicina hildegardiana actual.
[Más información del curso online Las piedras que curan según santa Hildegarda]
Una enseñanza al alcance de cualquiera
El curso de Aula Mucha Vida puede seguirse íntegramente en línea, a ritmo propio, y está pensado para personas sin formación médica previa.
Las piedras que describe Hildegarda son, en su mayoría, fáciles de encontrar —en tiendas de minerales, en graveras, incluso en mercadillos—, el coste de iniciarse en esta práctica es mínimo y el marco desde el que se propone esta práctica es único y fiel a la vivencia cristiana, desde una fe “que no tiene miedo de mirar al mundo material con gratitud y asombro”.
Religión en Libertad ha consultado las bases y contenidos del curso para, al margen de prejuicios materialistas o new age, conocer la doctrina de la santa sobre algunas de las piedras más cotidianas -y también las más exclusivas- para ayudar a sanar. Y esto es lo que hemos encontrado: a lo largo del curso se establecen varias advertencias. En el caso de la “virtus” de las piedras, se remarca cómo la santa estableció un listado jerárquico de piedras ordenadas por su fuerza o energía, siendo las primeras las más potentes -gran energía, virtud casi vital, requieren de especial precaución…-, mientras que las últimas tienen poca o ninguna utilidad medicinal e incluso pueden ser dañinas.
Cultura
Tolkien y Santa Hildegarda, la solución al «mal del siglo» del que hablan psicólogos y especialistas
José María Carrera Hurtado
Dolor de espalda: el jaspe rojo
Durante siglos, el jaspe ha sido mucho más que una piedra decorativa. En la Edad Media, Santa Hildegarda de Bingen ya lo describía como un aliado contra los dolores del cuerpo, especialmente los provocados por lo que ella llamaba “tempestades de humores”. Hoy traduciríamos eso, sin rodeos, como lumbago, ciática o dolores de espalda.
Según sus textos, el jaspe actúa equilibrando el exceso de calor o frío en los tejidos. Aplicado directamente sobre la zona dolorida y presionado hasta que se caliente, su “buen calor” ayudaría a calmar la inflamación y relajar músculos y nervios. Testimonios modernos recogen mejoras rápidas en dolores de espalda tras llevar una laja de jaspe sujeta durante horas, incluso sin tomar analgésicos.
Es como si el frío natural del jaspe se llevara el calor de la inflamación del músculo, el tendón o los nervios. Véanse estos casos del Dr. Strehlow: «Tras una mudanza en la que trabajé duro, tenía terribles dolores, no podía mover el brazo izquierdo, y para levantarlo necesitaba ayudarme con el derecho. El dolor no me dejaba dormir del lado izquierdo. Enseguida me puse una gran pulsera de jaspe en el brazo y otra en la zona del codo. El primer día ya disminuyó sensiblemente el dolor y al cabo de dos días más podía moverlo sin dolores».
Otro paciente del Doctor Strewhlow que estuvo trabajando en el huerto, señala: «Tuve unos dolores de espalda tan severos que no podía moverme. Durante cinco días llevé una laja de jaspe donde me dolía. Desde el primer día cedió el dolor y a los dos o tres días se fue. En todo este tiempo no tomé medicinas».
Otro paciente dice: «Una laja de jaspe me libera en menos de dos horas de los dolores de ciática, contra los que había probado toda clase de medios naturales. Me la pongo donde me duele tres días y tres noches, y estoy sin dolores incluso con mal tiempo».
Un paciente se cayó de rodillas apoyándose en la muñeca; no se rompió nada pero a las tres horas tenía terribles dolores y «como no llevaba encima ningún analgésico, me até una laja de jaspe en la rodilla y la muñeca. A los cinco minutos, las dos articulaciones ya no me dolían, aunque todavía no podía moverme, andar, ni agarrar. Por la noche me sujeté la laja de jaspe con una venda en ambas articulaciones. La mañana siguiente pude moverme por la casa, contenta de haber podido ayudarme por mí misma sin haber ido al hospital, sin radiografías ni escayolas».
La explicación simbólica de Hildegarda conecta curiosamente con la naturaleza del mineral: un cuarzo duro, formado “en frío”, capaz de absorber y regular temperaturas. Entre mística medieval y experiencia práctica, el jaspe sigue colándose en bolsillos y espaldas doloridas como un remedio sencillo, barato y, para muchos, sorprendentemente eficaz.
[Más información del curso online Las piedras que curan según santa Hildegarda]