Lo espiritual, ¿cada vez «más patente» en Losantos? El padre Delgado aborda la polémica de La Vendée
El sacerdote y fundador de «La Sacristía de La Vendée» profundiza en el debate surgido en torno al podcast del periodista de esRadio, Federico Jiménez Losantos.
Federico Jiménez Losantos, durante la grabación del podcast "La Vendée 1793: cuando el Estado francés declaró la guerra a los católicos".
No todos los días se escucha en prime time que la Revolución Francesa fraguó el molde y medida de todos los genocidios anticatólicos. Y menos a uno de los locutores con mayor audiencia en España. Es precisamente lo que sucedió el pasado 14 de febrero, durante el estreno por Federico Jiménez Losantos de su podcast Pensar la Vendée. El presentador de esRadio desató la polémica entre seguidores y detractores y no todos aplaudieron su planteamiento. Pero más allá del relato, entre los más de 110.000 usuarios que ya han visto el podcast, resonaba la celebración de poner en valor un episodio crucial y, hasta no hace mucho, silenciado.
Francisco José Delgado, sacerdote y fundador de la conocida tertulia La sacristía de La Vendée, fue una de las voces que más remarcó que “más allá de las interpretaciones”, recordar esa historia siempre será algo bueno. Como dijo en sus redes, “es tan luminosa que fácilmente se transparenta la verdad”. Y, en su opinión, la gesta histórica también habría llevado a Losantos a ir “acercándose progresivamente a la verdad”.
En conversación con Religión en Libertad, el sacerdote profundiza en su interpretación del significado e implicaciones del podcast, aborda la polémica y responde, entre otras, a una pregunta: ¿Hay alguna explicación espiritual tras el estreno del programa?
-El alzamiento contrarrevolucionario vandeano es frecuentemente ignorado porque se ha establecido la narrativa de que la Revolución Francesa fue algo bueno, así que algo contra la Revolución no debería serlo. Que una figura de la talla de Jiménez Losantos hable abiertamente de ello es muy bueno, porque ayuda a dar a conocer la historia real de los vandeanos a muchas personas que, de otro modo, no lo harían.
-Jiménez Losantos ha recorrido un camino muy personal para llegar a La Vendée. Del comunismo militante pasó al anticomunismo, dándose cuenta de que lo primero siempre lleva unido el Gulag. Esto le llevó a entender que la Cruzada Nacional fue un movimiento anticomunista en el que la fe católica jugó un papel fundamental. La saña con la que los marxistas y anarquistas persiguieron a los católicos era señal de un odio que iba más allá de una postura ideológica concreta. Entonces es cuando, según cuenta Federico, entiende que el origen de todo es anterior, y ve en la Revolución la cristalización de todo lo que se venía fraguando desde la Ilustración y el racionalismo. El odio hacia los católicos, hacia la fe, se convierte en un odio hacia la libertad que se opone a un estado que pretende abarcarlo todo.
Francisco José Delgado, durante su participación en "Economía Para Quedarte Sin Amigos", de esRadio.
»Esto, ciertamente, se puede ver desde fuera de la fe, pero en el caso de Federico hay siempre una postura ambigua. Más que un ateísmo, es un agnosticismo práctico de alguien que se resiste a abrazar la fe en sentido pleno. Muchos «ateos católicos» ven lo católico como algo histórico, cultural, identitario. En el caso de Jiménez Losantos, por todo lo que ha expresado en estos meses en los que ha hablado de La Vendée, y especialmente en el primer capítulo del pódcast, se ve algo más profundo, que habla de una batalla espiritual y de la necesidad de Dios.
El conde de Chanteleine (Libros Libres), novela de Julio Verne sobre La Vendée.
-Eso es fundamental. Se cumplen cien años del comienzo de la Cristiada, que tiene una conexión directa con La Vendée. No es sólo la persecución, sino la persecución que nace de una resistencia, de que los católicos se planten frente al poder despótico y mundano de la Ilustración y la masonería y, por lo tanto, sufran la violencia que es su única respuesta. El mundo quiere a una Iglesia sumisa y obediente a sus dictados. Esto lo consiguió en la Revolución protestante, cuando los que se proclamaron «reformadores» no dudaron en poner lo espiritual al servicio del interés político de los gobernantes del momento. Desde entonces la Iglesia lucha por su libertad. Federico lo entiende como libertad individual. También lo es, aunque para nosotros es algo más grande.
-La historia de La Vendée fue sepultada, como se ha hecho otras veces en ocasiones semejantes. Todos los que se acercan al estudio de las fuentes —incluidos los documentos de los mismos encargados del exterminio de los «bandidos»— hablan claramente de genocidio. El problema es que el orden político moderno quiere fundamentarse en la versión idealizada de la Revolución Francesa, como superación de un Ancien Régime que supondría un estado de opresión terrible del que el hombre se habría liberado después de una lucha por la libertad, la igualdad y la fraternidad. Pero si resulta que esa liberación se dio sobre la sangre de cientos de miles de campesinos católicos, entonces las cosas se empiezan a poner en cuestión.
La recuperación de la historia real de La Vendée viene de lejos. En Francia se cita siempre a Reynald Secher como quien reabrió la cuestión. Y después viene la obra divulgativa de Philippe de Villiers y su emblemático Puy du Fou. En España el Prof. Alberto Bárcena ya publicó hace una década su libro La guerra de la Vendée. Una cruzada en la Revolución que ayudó a popularizar algo que era más o menos conocido en algunos círculos católicos. El pódcast de Federico Jiménez Losantos se encuadra en este movimiento, por más que él haya llegado al tema siguiendo, como decía, su propio camino. Y espero que cada vez se conozca más.
-Sí y no. Será un punto de encuentro de aquellos católicos que entiendan que no se puede servir al mundo ni pretender tener una coexistencia pacífica con las fuerzas que lo dominan. Sin embargo, no faltarán católicos que juzguen que resistir, o incluso tomar las armas en defensa de la fe, es algo desproporcionado o imprudente. Los católicos, tanto en La Vendée, como en el México cristero y en la España de la Segunda República, fueron extremadamente pacientes. Pero nunca cedieron ni renunciaron a su misión de evangelizar y transformar la sociedad a imagen de Cristo. Siempre con la Palabra, la caridad y el martirio como fuerza principal, pero cuando la justicia lo exige y no hay otra manera, usando también la fuerza necesaria para defender los derechos de la Iglesia. Por tanto, La Vendée puede ser un punto de encuentro, pero también piedra de escándalo.
-No puedo dejar de ver, como he comentado, un aspecto espiritual y religioso que cada vez se hace más patente. Unos días antes del lanzamiento del primer capítulo del pódcast, Federico comentaba en su programa de radio: «Estamos en un combate. Lo que llaman los católicos las dos ciudades de San Agustín: la ciudad de Dios que es Roma y la ciudad del diablo, Lucifer, que es la Ilustración, el racionalismo y el odio a todo lo católico y a una Verdad Revelada. ¿Por qué? Porque eso significa que hay algo por encima del hombre y del poder político que es Dios. Y para el hombre que quiere ser Dios, pues naturalmente eso es intolerable». Esto, creo yo, si se dice desde una postura meramente intelectual, pierde toda su fuerza.
-Además de la historia, que es testimonio de la fe y la entrega de los mártires y soldados de Cristo, un joven católico debe aprender que la fe tiene necesariamente una vocación militante, un aspecto de lucha. En un ambiente cultural woke, blandengue y sentimentalista, entender que la fe es algo tan grande que es necesario estar dispuesto a dar la vida por defenderla es un signo evangelizador hoy muy necesario. Esta infantilización de la fe es algo claramente buscado por las mismas fuerzas que llevan siglos intentando amordazar a los católicos. Que los jóvenes católicos tengan a los vandeanos, a los cristeros o a los católicos que lucharon en nuestra Cruzada Nacional como ejemplo es algo temible para el mundo, pero que supondría un bien inmenso para la Iglesia.
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-Hoy la persecución, de momento, es diferente. Las fuerzas enemigas de Cristo y de su Iglesia han desarrollado el método de lisonjear a los católicos que contemporizan con el mundo, que reducen la religión a la esfera de lo privado —uno de los errores del liberalismo— o que se ufanan de defender opiniones contrarias a la Verdad proclamada por la Iglesia. A la vez, buscan silenciar —hoy se dice «cancelar»— a los que quieren vivir su fe públicamente y de forma incluso descarada. Lo más lamentable es que esta estrategia se ve reforzada también dentro de la Iglesia, algo que también sucedió en la Revolución.
»El episodio paradigmático, de hecho, fue el de la imposición de la Constitución Civil del Clero, una normativa para los sacerdotes que debía acatarse bajo juramento y que suponía la sumisión a la voluntad del estado revolucionario. Entonces, el que no acataba esta Constitución era sometido al encarcelamiento o la muerte. Hoy parece haber una cierta Constitución Civil del Clero, no escrita en este caso, que se impone a los católicos. Puedes ser católico si te limitas a los temas política y eclesiásticamente «correctos», pero no puedes, bajo ningún concepto, tocar aquellos temas que para el progresismo se consideran «sagrados».
»No me cabe duda de que, si los católicos fuéramos más fieles a la hora de defender el Reinado de Cristo, con la palabra y el ejemplo, las fuerzas revolucionarias estarían encantadas de aplicarnos la misma fiereza que en su día usaron con los vandeanos.
"La guerra de la Vendée. Una cruzada en la revolución" (San Román) del historiador Alberto Bárcena.
-Que hay algo más grande que la fama, el bienestar, e incluso la propia vida: Jesucristo y el amor a Dios. No se puede ser católico si no se pone a Dios por encima de todo. No se puede servir a dos señores y, por Cristo, hay que estar dispuesto a dar la vida. Ése es el mensaje central de La Vendée, de la Cristiada, de la Cruzada y de todas las persecuciones y luchas que los católicos han tenido que afrontar a lo largo de la historia de la Iglesia. Y que sólo cesarán con la venida final de Cristo glorioso.
-Cuando se me ocurrió llamar a nuestra Tertulia Sacerdotal Contrarrevolucionaria «La Sacristía de La Vendée», yo tenía una referencia muy general de lo que supuso esta gesta católica. Sin embargo, entendí que las fuerzas a las que se enfrentaron los vandeanos son las mismas a las que nos enfrentamos a diario en nuestro ministerio. La Revolución es una maniobra de Satanás para crear desorden donde está el orden católico y humano, y sólo puede enfrentarse con una perspectiva contrarrevolucionaria. Y la Revolución no está hoy fuera de la Iglesia, sino que, con el humo de Satanás que ya vislumbraba San Pablo VI, también este desorden ha entrado en el templo de Dios.
»Por eso, nuestra perspectiva ha sido siempre crítica con las fuerzas del mundo, pero también con la situación actual de la Iglesia. Hemos querido luchar desde lo que se ha llamado el «apostolado de la opinión» y creo que hemos peleado el noble combate lo mejor que hemos podido. No sin un buen número de heridas en nuestra vida ministerial, personal y en nuestra fama, que llevamos como las medallas más preciadas. Y la idea es luchar hasta el final, siguiendo el lema que daba título a la película más reciente sobre La Vendée: «vencer o morir». En el caso del cristiano, la muerte por Cristo es ya una victoria.
-Se ha acusado a Federico Jiménez Losantos de tergiversar La Vendée porque él ha puesto el énfasis en la defensa de la libertad individual, de acuerdo con el liberalismo que él defiende. Yo, en cambio, no creo que sea una tergiversación, aunque puede ser una visión reductiva. En su planteamiento veo, como ya he indicado, algo más profundo. Y espero que se vaya haciendo más patente en la medida en que avance su exposición.
»Al final los hechos son tan claros que la única manera de tergiversar La Vendée es silenciarla o falsear la historia. Esto lo entendieron muy bien los franceses republicanos cuando la mandaron al olvido por decreto. Si se presentan los hechos, el origen humilde de los combatientes y el protagonismo que tuvieron, el respeto escrupuloso a la moralidad que usaron en los combates, el sentido religioso profundo de su cruzada, el odio cruel de los enemigos y la magnitud del genocidio causado, es imposible que la ideología pueda desfigurar la verdad de la guerra de La Vendée. Por eso, yo creo que lo peor que se puede hacer es ignorar La Vendée y no podemos sino agradecer a Federico Jiménez Losantos, al Prof. Alberto Bárcena, a la hermana Marie de la Sagesse Sequeiros y a todos los que se dedican a traer al presente todos estos acontecimientos, que no pueden ser más actuales.