Religión en Libertad

El carismático obispo publica una apología ensalzando el misterio eucarístico y la presencia real 

Barron hace suya la idea de Flannery O'Connor: si la Eucaristía es solo un símbolo, no vale de nada

En el entrelazamiento de banquete, sacrificio y Presencia Real se encuentra el núcleo de la teología eucarística católica, expresa el obispo Barron.

En el entrelazamiento de banquete, sacrificio y Presencia Real se encuentra el núcleo de la teología eucarística católica, expresa el obispo Barron.

José María Carrera Hurtado

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Si hubiese que destacar obispos que están “al día”, en la calle y las redes en Estados Unidos, muchos apuntarían a Robert Barron. Creador del icónico apostolado Word on fire, se distingue por su espíritu evangelizador, su carácter cercano y abierto, su temperamento carismático y, al mismo tiempo, su voto de “batalla espiritual” y cruzada eucarística.

Ya en 2024, meses antes del masivo Congreso Eucarístico en el que participó, Barron se mostraba más que dispuesto a revertir la falta de fe en la presencia real de Jesús en la Eucaristía, en la que creían poco más del 30% de los católicos en Estados Unidos.

Por eso mismo describió como “sobrecogedora” la sensación de hablar ante 50.000 fieles en un Congreso eucarístico que, a su juicio, era un reflejo masivo “del espíritu de lo sobrenatural”.

“En el corazón de todo el evento estaba el inquietante misterio de la Eucaristía, que Jesús —Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad— está realmente presente bajo las especies del pan y el vino. Ninguna categoría meramente terrenal o natural podría explicar esto. Solo tiene sentido desde una perspectiva sobrenatural”, mencionó en su portal.

"Cuando ambos aspectos -banquete y sacrificio- se separan, la misa puede convertirse en algo poco serio", advierte el obispo Robert Barron.

Un año después, las conclusiones de dicha vivencia, reflexión y profundización parecen haberse plasmado en su última obra de reciente publicación, tan breve como compiladora. Eucaristía (Palabra), se dirige a quienes dudan de la Presencia Real. También a los que, por desconocimiento pueden considerar este misterio como un mero símbolo o incluso a quienes pueden sobredimensionar la consideración del banquete en detrimento del sacrificio o viceversa.

Desde una perspectiva eminentemente bíblica, Barron persigue con Eucaristía el objetivo de fortalecer en los fieles una fe maltrecha en uno de los grandes misterios teológicos siempre pendiente de meditar. Para el obispo, es precisamente en el “entrelazamiento de banquete, sacrificio y Presencia Real” donde se encuentra “el núcleo de la teología eucarística católica”.

Especialmente interesantes son los análisis del significado de la Eucaristía en cada una de sus dimensiones que realiza en cada capítulo.

Pasado, presente y futuro

Buscando definir las tres, acude a Santo Tomás y su Suma teológica, que define los tres nombres del sacramento, “cada uno correspondiente a una dimensión temporal”.

“Al mirar al pasado, lo denominamos sacrificio -sacrificium- porque encarna la inmolación de Cristo en la cruz. En segundo lugar, en el presente, la denominamos comunión -communio-, porque actualiza en el aquí y el ahora la reunión del Cuerpo de Cristo. Por último, al mirar al futuro, la denominamos Eucaristía -Eucharistia-, ya que anticipa la gran acción de gracias del cielo, cuando estemos en compañía de los santos”.

Banquete y sacrificio

Introduciendo a la dimensión sacrificial de la Eucaristía, el obispo destaca que tras el Concilio Vaticano II, la comprensión de la Eucaristía como banquete recibió una atención casi exclusiva mientras que la participación activa de la comunidad, congregada en el banquete del Señor, ocupó un lugar preeminente. Mientras, agrega Barron, “la descripción clásica de la misa como un sacrificio quedaba opacada, de modo que el lugar e el que el sacerdote celebra el sacramento pasó a llamarse siempre mesa y no altar”.

"Eucaristía", del obispo Robert Barron, publicado en Ediciones Palabra.

Un cambio de enfoque que, intentando potenciar la visión del “banquete”, protagonizó “una oscilación del péndulo que no fue beneficiosa para la Iglesia”.

“Cuando ambos aspectos se separan, la misa puede convertirse en algo poco serio. No hay comunión sin sacrificio, y por tanto no existe mesa eucarística que no sea al mismo tiempo altar”, subraya.

Significado escatológico

Desarrollando el significado escatológico -el fin-, se remonta a una alusión explícita por el Señor en la Última cena -`Porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios´, `a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios´-.

Para comprender lo que sucede y su significado, dice Barron, es crucial comprender que la comida se celebra la noche antes de la muerte de Jesús, en el momento en el que está rememorando su vida y preparándose para vivir su propio paso al reino del Padre: “Insistir en que no comerá ni beberá hasta que lo haga en el Reino es fundamental para explicar el significado simbólico, definitivo e inapelable, como una palabra final pronunciada a la sombra y bajo el influjo del orden eterno y divino”.

Más adelante, desarrollando el componente sacrificial, el obispo escribe igualmente que en la misa se produce una especie de “dislocación de las dimensiones temporales, en la que el presente se encuentra con el pasado, y ambos anticipan el futuro”, lo que refleja San Pablo en su Primera Carta a los Corintios: “Cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva”.

La dimensión cósmica de la misa

Hablando del “bucle de gracia” vinculado a la misa, “la vida divina que poseemos en la medida en que la difundimos”, el obispo incide en lo que llama “dimensión cósmica de la misa”. Lo explica aludiendo al pecado como algo que “compromete la integridad del orden de la creación al completo”. Y por ello, también “la salvación que se hace presente en la misa se relaciona con la sanación del mundo”, lo que a su juicio se aprecia especialmente en el ofertorio:

“Hablar de pan es hacerlo, de forma implícita, de la tierra, la semilla, y del rayo de sol que ha atravesado 150.000 millones de kilómetros espaciales. Hablar del vino es referirse indirectamente a la viña, al suelo… Es aludir al sistema solar del que forman parte, la galaxia, las realidades inaprensibles del universo medible… Es como si toda la creación se llevase al altar del Señor. En la liturgia tridentina, el sacerdote las ofrecía mirando al este, en dirección al sol naciente, para señalar que la oración de la Iglesia atañe no solo a la comunidad reunida, sino al mismo cosmos”.

Pan de vida y cáliz de salvación

Hablando del “banquete sagrado”, el obispo destaca también el significado simbólico de la Eucaristía como comida de salvación.

Nunca debemos perder de vista el relato de la caída, dice el obispo, “si los problemas comenzaron con una comida inapropiada, que pretendía apropiarse de la divinidad para nuestros fines, entonces la salvación se iniciará con una comida bien estructurada, en la que Dios nos ofrece su vida como don gratuito”.

La renovación de la creación de la Eucaristía

De entre las muchas formas en que el obispo Barron define la dimensión sacrificial, define la misa como la “participación en el acto eterno por el que Jesús entró, en nuestro favor, en el santuario celestial con su propia sangre, y regresó con el perdón del Padre”.

De forma análoga, explica, “cuando el sumo sacerdote salía del santuario y aspergía al pueblo con su sangre, se entendía que lo hacía en representación de Yahvé, para renovar la creación. Una vez ofrecido el sacrificio final, Cristo sacerdote desciende con su sangre en cada misa y restaura el universo”.

Es por ello que el perdón de los pecados es tan relevante en la liturgia eucarística. Aunque no suele recordarse, menciona, los pecados veniales quedan lavados por la sangre de Cristo en la misa, de modo que se experimenta el perdón de los pecados cada vez que se nos ofrece la sangre de Cristo.

“Si es un símbolo, que se vaya al infierno”

La publicación de Barron tiene un marcado tono apologético. Ya sea por la abundancia de protestantes en Estados Unidos o por la proliferación de estudios en torno a elevadas cifras de católicos que creen que la presencia eucarística es simbólica -entre el 31 y el 69%-, el obispo dedica a ello todo un bloque de Eucaristía.

El título de este bloque -“Si es un símbolo, que se vaya al infierno”- es tan polémico como revelador, siendo no una expresión del obispo sino una cita que él mismo emplea y que pronunció la escritora Flannery O’Connor en un debate teológico.

Introduciendo su propia réplica a una presencia simbólica de Cristo, el obispo afirma que, si así fuera, “el sacrificio quedaría atenuado, y si el sacrificio se mitiga, la comunión queda en entredicho”. En otras palabras, explica que “la Presencia Real es el adherente que une los elementos -banquete y sacrificio-. Sin embargo, no basta con definir la Presencia real por sus efectos. ¿Qué significa en concreto y con qué argumentos se sostiene? Será la pregunta que vertebre buena parte de Eucaristía (Palabra). 

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