Martes, 23 de julio de 2024

Religión en Libertad

Una felicitación de Navidad le dio la idea

A Liliana Cavani las clarisas le parecieron tan «modernas» que las presentó en la Mostra de Venecia

El documental de la directora italiana ha sido bien acogido y muestra un renovado interés social por la vocación religiosa.

C.L. / ReL

Liliana Cavani deja hablar a las clarisas.
Liliana Cavani deja hablar a las clarisas.

Que Liliana Cavani, directora de la sórdida El portero de noche (1974), haya presentado en la Mostra de Venecia de este año, fuera de concurso, un corto sobre la vida y vocación de trece clarisas puede sorprender a quien no recuerde que en 1983 presentó con éxito en Cannes su Francesco, con Mickey Rourke en el papel de San Francisco de Asís.

Pero hay además otra razón.

Liliana Cavani.

"Cada Navidad y cada Pascua recibía una felicitación de una clarisa del convento de Urbino que me decía que rezaba por mí", explica a L´Avvenire: "Una día me encontré que estaba cerca de allí y les pedí poder visitar su comunidad, formada por diez hermanas y tres novicias. Comencé a hacerles preguntas y me parecieron tan modernas que me quedó una bellísima impresión. El año pasado me pidieron que interviniese hablando sobre la mujer y la Iglesia en un congreso de la conferencia episcopal italiana sobre Cristo, nuestro contemporáneo. Acepté, y propuse hacer lo que sé hacer: cine. La primera semana de Navidad me fui al convento con mi equipo, y lo hicimos todo en un día".

Algunas de las protagonistas del documental.

El resultado es Clarisas, un documental de veintidós minutos que muestra la realidad de las mujeres que consagran su vida en el convento a la oración, al trabajo y al silencio en el espíritu de Santa Clara de Asís. En una conversación ágilmente manejada por Cavani con sus décadas de experiencia tras las cámaras (y componiendo guiones también), las religiosas se muestran, según ha destacado algún crítico, "extraordinariamente lúcidas", con la capacidad "de presentar fe y pensamiento racional según el modelo de San Agustín", y con una superiora muy consciente del papel que juegan en la Iglesia.

Y muy empapadas de los grandes interrogantes y las grandes paradojas que advierte el hombre de fe. "La oración es un arma frágil, potente en la impotencia", sugiere la superiora. "¿Dónde están los frutos de mis cincuenta años de oración en el monasterio?", se pregunta. Y, sin embargo, los hay, se responde a sí misma: "Creo en ellos".

A Liliana Cavani le convenció además un argumento de las hermanas a quienes creen que la Iglesia es triste porque se centra en la Cruz: "No hay distinción entre el Crucificado y el Resucitado, uno no está separado del otro".

Y la directora de El juego de Ripley (2002) añade su opinión sobre el debate entre fe y ciencia: "Pensé en el bosón de Higgs. Creo que estos nuevos descubrimientos de la ciencia van más en la dirección de la visión de estas religiosas que en la de las ideas de los ateos profesionales. Les considero patéticos sólo por el hecho de que acepten entrar en ese debate. No es verdad que creer en Dios esté contra la ciencia, más bien creyendo se amplía el conocimiento, porque el misterio de la Resurrección y de la vida eterna es tan grande que lo engloba todo. Encuentro perfectamente coherente que estas monjas digan que ya han resucitado en Él".

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