Tres amigos por Burundi en un viejo taxi destartalado: la belleza de la fe llega en documental
Héctor Zurita charla con ReL sobre su último trabajo entre los más pobres de África
Héctor, a la izquierda; el influencer Pablo García, en el centro; y el misionero Carlos Bobillo, a la derecha.
Escenas cotidianas, celebraciones sencillas y testimonios llenos de fe, esperanza y vida, es lo que muestra el documental, recién estrenado en YouTube, La belleza salvará al mundo, del mexicano Héctor Zurita y la Asociación Komera.
Fue en marzo de 2024 cuando tres amigos –Héctor, Pablo García, influencer y ahora seminarista, y Carlos Bobillo, misionero en Burundi– decidieron viajar desde España al que está considerado por muchos el país más pobre de la tierra.
Entre la pobreza y la belleza natural del país, pero lejos de una mirada paternalista, las cámaras consiguieron mostrar un cristianismo vivo, alegre, profundamente arraigado y capaz de transformar heridas.
Religión en Libertad charla con el joven director del documental Héctor Zurita de la Vega, que ha trabajado recientemente en otros proyectos como el de Descalzos, de Hakuna Group Music.
-Todo comenzó con una invitación inocente. Conocer el país al que llaman "el corazón de África" en el cual la Asociación Komera lleva casi 20 años trabajando. No fuimos con la expectativa de grabar un documental, por supuesto, yo llevaba mi cámara para capturar aquello que me cautivara, pero fue estando allí donde nació el anhelo por contar la historia de la belleza que cubre este sitio.
»Cuando uno busca en Internet sobre Burundi, los índices económicos del FMI dicen que, además de ser el país más pobre del mundo, es el país más infeliz del planeta. Fue al poco tiempo de estar allí cuando nos dimos cuenta de que estas noticias no podían estar más equivocadas.
Burundi atesora una belleza que cautiva a pesar de la pobreza
»La felicidad brota de las personas, no por lo que generan, sino por quienes son. Los burundeses tienen una fuerte conciencia de identidad; son hijos, son hermanos, son padres y madres. Y esto les es suficiente para reconocerse felices.
-Quisimos que el documental se llamara "La belleza salvará al mundo". Una frase que dice Pablo García, quien nos acompañó en el viaje y aparece en el documental: "la belleza de la persona, la belleza de la mirada, va en consonancia con la belleza del paisaje".
»Es muy real y tangible el cómo estas personas tienen una mirada transfigurada, inocente. No porque carezcan de experiencia o sepan poco, en Burundi se ha sufrido bastante y la experiencia humana los ha puesto a prueba, pero ellos han sabido alcanzar la reconciliación y cambiar esa mirada dura que caracteriza a un pueblo después de una guerra o un genocidio, y la han cambiado por una mirada tierna.
»Cuando uno va a sitios como este es parecido a viajar en el tiempo, el paisaje es parecido a aquello que pensó Dios cuando creó el mundo. Virgen y salvaje. Bello y apasionante.
- Cuando Dostoyevski impregnó esta frase en su novela El Idiota, claramente no se refería tan solo a una belleza estética, hablaba de una belleza más profunda. Para mí, "la belleza salvará al mundo" indica que cuando uno descubre la belleza que hay en todo, ya sea en el sufrimiento o en la alegría, es allí donde el mundo se transfigura.
Héctor durante el rodaje del documental.
-Burundi es, probablemente, el lugar donde he visto que se vive la fe con mayor firmeza y convicción. Está plenamente arraigada en su cultura. Van a misa diaria a las 6:00 am, teniendo que ir caminando antes de que amanezca, para después partir al campo o a encender el fuego de la cocina.
»Uno puede percibir, en su forma de rezar, en sus conversaciones y en la interacción que tienen con sus vecinos, que viven una relación viva y personal con Cristo.
-Conocimos a un hombre llamado Jean Baptiste. Él nos dejó entrar a su casa y nos presentó a su familia. Recuerdo que nos contaba cómo vivía al día, pero esto no lo expresaba con pena, tenía 10 hijos, y se valía de lo que el campo le diera ese día para poder mantener a su familia.
»Vivía con una confianza absoluta en la providencia. Agradecía a Dios entre frase y frase. No cabía de emoción cuando nos mostró la vaca que había podido comprar. Una vida sencilla pero llena de significado, un padre entregado, que trataba a sus hijos con respeto y cariño.
»A pesar de tener muy poco, de vivir en una casa de barro o de tener que pasar carencias muchas veces. Estaba claro que Jean Baptiste era un hombre verdaderamente feliz.
-Los burundeses son personas abiertas a la conversación y al asombro. Quieren hablar, compartir ideas y momentos. Y en cada acercamiento están dispuestos a reír, a emocionarse o a sentir la emoción que tienen de frente.
-Cuando uno se encuentra en contextos como este es fácil caer en mostrar la miseria y generar escándalo. Y, por otro lado, si quieres salir de eso, también uno podría romantizar su pobreza. Ambos escenarios pueden ser peligrosos y alejarnos de la realidad que tenemos de frente.
»En Burundi no carecen de sufrimientos, hay heridas físicas y sociales. Hay pobreza envuelta en carencias de comida, gasolina y de muchos suministros básicos para que una persona pueda hacer una vida normal. También hay sonrisas, hay niños jugando y madres esperanzadas por hacer de comer, hay hombres que salen a la calle con una sonrisa de camino al trabajo.
Una de las aventuras en Burundi de los tres amigos.
»Cuando uno va a un sitio como este hay que tomar la realidad como un todo, y saber ver el sufrimiento y la belleza. Muchas veces van de la mano. Un hombre sufre por una jornada de trabajo pesada en el campo, pero está feliz de que ese día lleva algo que comer a su hogar. Una mujer sufre en un hospital, pero da gracias a Dios por el regalo de la vida. Es la paradoja de la vida, y Burundi la hace muy tangible.
-La Iglesia Católica funge en muchos sentidos como piedra angular de la vida que se respira en Burundi. Todos los seminarios están llenos y con lista de espera, unos 250 jóvenes por seminario. Muchas mujeres se adentran a la vida religiosa. Esto es el resultado claro de que este pueblo tiene conciencia de que la Iglesia es madre. De que acoge a sus hijos y los cuida.
»A finales del siglo XIX llegaron misioneros conocidos como Les Pères Blancs, quienes ayudaron a evangelizar todas esas regiones. Hoy se puede ver la acogida que hay a los misioneros extranjeros, y, aunque se les ve muy poco, ya que en nuestro viaje fuimos los únicos occidentales que vimos saliendo de la capital, hay una acogida clara y real.
»Komera lleva grupos de jóvenes año tras año, los cuales han transformado una comunidad entera en el norte del país, trayendo escuelas, hospitales, incluso este año construyeron una iglesia.
-El año pasado pude participar en la producción del documental de Hakuna Films Descalzos. Desde hace tiempo he sentido un fuerte llamado y sensibilidad por cómo la musica, el arte y la imagen pueden converger en una pieza que despierte un anhelo profundo en aquel que logra ver eso que capturamos con la cámara.
»En Burundi no grabamos conciertos en estadios, tal vez su música fue más sencilla, pero no cabe duda de que resonaba fuertemente. La alegría, los paisajes verdes, miradas profundas, fueron acompañadas por una banda sonora que desvela este misterio.
-A este viaje vino Carlos Bobillo "Bobi", que es parte del equipo de Komera y fue quien no solo nos convocó sino que nos mostró el país. También nos acompañó Pablo García, que hoy está en el seminario, pero que se ha dedicado en los últimos años a comunicar a través de las redes sociales.
»También vinieron varios locales que aparecen en el documental, Sergi, Eli, Amidou, el padre Pacifique y el Padre Apo. Juntos recorrimos varias zonas de una región llamada Ngozi al norte de Burundi. Viajamos en un taxi antiguo que alquilamos, se conducía por la derecha, aunque en Burundi se conduce por la izquierda como en Occidente.
»Quisimos vivir como los burundeses esos días, comer como ellos, dormir en sitios sencillos, lo que nosotros llamamos, hacer vida en el sitio. Fueron varios vuelos para llegar. Primero hay que pasar por algún país de Europa que haga conexión con Etiopía, y de allí otro vuelo a Bujumbura.
»A Burundi se le conoce como "el país de las mil colinas", fue toda una travesía recorrer de un punto a otro el país, que no es más grande que Galicia. Cámaras, drones, trípodes, comida, ropa, regalos para los locales, galones de la escasa gasolina, cajas de aguacates de 1 kilo. Todo esto podías encontrar en nuestro viejo taxi.
-En las regiones que estuvimos se puede notar que no están acostumbrados a ver muchos extranjeros, no hay turistas por allí. Las personas se nos acercaban genuinamente, y después de interacciones reales es allí donde pedía poder grabarles.
»Ellos saben, después de conocer la labor que Komera lleva haciendo por años en Burundi, que el propósito de que estuviéramos allí es para seguir apoyando a esas comunidades.
Héctor con un dron durante el rodaje del documental.
-Entré a varias salas de hospital, en donde vi varias de las heridas más profundas e impactantes que me he encontrado en mis viajes. Me llamó profundamente la atención que a cada sala que entraba, en donde se encontraban unos 10 pacientes en sus respectivas camas, todos intentaban ponerse de pie, o sentados si les era posible, y me sonreían con un júbilo descomunal.
»Allí había dolor físico, real y tangible, pero las sonrisas y el ánimo sobrepasaba todo malestar. Además, entraba una fuerte luz blanca por la ventana, una luz radiante que mostraba lo que los pacientes tenían en el interior.
-Estoy convencido de que Burundi es una escuela para los cristianos que vivimos en Occidente. Tienen una fe sencilla pero muy viva, un lugar en donde la paz y la reconciliación han crecido a pesar de diferencias y odio del pasado. Es el corazón de África, un lugar en donde la vida surge en cada encuentro.
-Para mí ha sido un tesoro el poder capturar aquello que Burundi me regaló, miradas genuinas y un paisaje extraído del Génesis. Puedo asegurar que fue como viajar en el tiempo. Un sitio en donde las prioridades están en su lugar. Fe, familia, trabajo, esfuerzo, alegría, compartir.
-Me encanta esta foto, un niño pequeño cargando a su hermano, no quiere dejarlo en casa y lo lleva en la espalda mientras juega con sus amigos, no quiere que su hermano se pierda nada. Y el pequeño bebé, con inocencia y confianza, duerme en la espalda de su hermano, a pesar de los botes y ruidos de su hermano mayor persiguiendo una pelota.
Una de las imágenes más bellas del viaje.
-Quisiera que llegue a todo aquel con sensibilidad a la belleza. Cualquier persona que tenga un anhelo por lo bueno, lo bello y lo verdadero es el objetivo de este documental. Lo que quisimos contar es que no importa si hay sufrimiento, pobreza o un motivo para tener rencor. Si uno permite que la belleza atraviese su propia vida, entonces eso salvará al mundo.