Ellas también estuvieron
PETRA CORRAL una de las Mujeres de la Guerra de la Independencia
Petra Corral, la doncella de Alcabón, es una de las protagonistas de esta jornada.
Este domingo, 3 de mayo, a las 11:30 de la mañana y en el Museo Municipal de Móstoles (Madrid) [calle Andrés Torrejón, nº 5] tiene lugar la conferencia ELLAS TAMBIÉN ESTUVIERON (Mujeres de la Guerra de la Independencia). Dicho evento, esta enmarcado en la memoria por los acontecimientos sufridos durante la Guerra de la Independencia Española de 1808-1814. Con el deseo de reconocer la importancia histórica y de los hechos
que sufrieron y aportaron todas mujeres, en la Guerra al Francés.
Lo organiza la Asociación Histórico-Cultural 2 de Mayo de Móstoles. Juan Carlos Cerezo Novillo es el ponente que dará la palabra a Andrea García Leal para hablar de Clara del Rey; a Elena Dávila Fuentes que lo hará sobre Manuela Malasaña; Isabel Soriano hablará de María Bellido; Laura Pintado Marín tratará la figura de Agustina de Aragón; la Hna. Carmen Mora Sena lo hará sobre su fundadora la beata María Rafols Bruna; de Juana Smith, hablará Miriam Manso González; y sobre Martina Ibaibarriaga, Josefina Sánchez Aguilera; Marquesa de Villafranca. Claudia Rybak Wójcik nos dará a conocer la figura de María Walewska o Catherine Balland. Finalmente, Alfredo Polonio Rodríguez intervendrá para hablar sobre Petra Corral.
El cartel de la convocatoria con la pintura de "Agustina de Aragón" (2012) de Augusto Ferrer-Dalmau.
Ya en 2013 había hablado aquí en el blog de Petra Corral, la Doncella de Alcabón (Toledo), como me escribe Alfredo Polonio al invitarme a esta conferencia: Petra Corral representara a todas las mujeres anónimas que si estuvieron , pero quedaron olvidadas...
Se trata de la vida de una joven cuyos restos mortales reposan en el presbiterio de la parroquia de Santo Tomás Cantuariense de la localidad toledana de Alcabón. La inscripción, grabada en mayúsculas sobre un pequeño azulejo, fijo en el pavimento del templo parroquial de Alcabón, evoca la figura de una joven española, mártir de la pureza a principios del siglo XIX: Aquí yacen los huesos de Petra Corral, que en defensa de su castidad, entregó su espíritu en manos de su criador, martirizada por los pérfidos franceses, en 29 de julio de 1809.
Lápida de Petra Corral en el templo de Alcabón (Toledo).
Durante muchos años atendió la parroquia el padre Rafael Escolano, superior de la Casa de Torrijos de los Esclavos de María y de los Pobres, que imprimió un boletín para recuperar su memoria. Pero ya saben -escribía yo hace 13 años- lo que no está en internet, no existe. Así que, ¿quién fue Petra Corral? ¿Quién fue esta mujer que supo defender su castidad a costa de su propia vida? ¿En qué circunstancias se consumó el heroico sacrificio?
La historia, primero de todo, nos lleva a encontrarnos con dos figuras señeras de nuestra archidiócesis de Toledo: los hermanos Moreno Nieto. Don Luis fue el Cronista Oficial de Toledo hasta el año 2005, fecha de su fallecimiento, que narró su historia desde el asedio del Alcázar hasta las visitas a la ciudad Imperial de Franco, san Juan Pablo II o el rey Juan Carlos.
Su hermano, don Ángel Moreno Nieto, fue sacerdote diocesano. Es de este segundo de quien tomamos este artículo que publicó en el nº 281 (marzo de 1951) de la famosa revista ilustrada Reinado Social del Sagrado Corazón”, propagadora de la devoción al Padre Damián de Molokai.
Estampa de Petra Corral con la palma del martirio.
PETRA CORRAL, MÁRTIR DE LA VIRGINIDAD
Moreno Nieto comenzaba su artículo recordando la canonización de santa María Goretti por el venerable Pío XII, y como deberíamos ensalzar también a aquella que incluso antes emuló a la joven italiano. No puedo entretenerme más en este artículo (y no puedo buscarlo ahora) pero alguien fidelísimo y de fiar como era Moreno Nieto y como era la revista en que publica estas líneas afirma: Como ha dicho recientemente, lamentándose, nuestro inmortal pontífice Pío XII: ¡Cómo los españoles han olvidado sus mártires, a los que Nos todos los días nos encomendamos!
La que hoy damos a conocer –pues, ciertamente, ha estado olvidada- es una de esas heroínas, paisana nuestra, que murió por defender su pureza. Es una humildísima y pobre joven de un pequeño pueblo de la provincia y diócesis de Toledo, Alcabón. Petra Corral, que en defensa de su castidad, entregó su espíritu en manos de su Criador, por los soldados franceses, en 29 de julio de 1809. Así se lee en una inscripción grabada en letras mayúsculas sobre un pequeño azulejo fijo en el pavimento del presbiterio del templo parroquial, donde descansan sus restos, trasladados triunfalmente desde el lugar de su martirio, acaecido en el campo, y allí sepultados con el mayor honor.
En efecto, Petra Corral, joven soltera de veintitrés años, vivía en la villa de Alcabón, en compañía de sus padres, Manuel Corral y Manuela Rodríguez Arevalillo, pobres labradores del pueblo, pero cristianísimos, con un caudal de virtudes que era la herencia y tesoro que para la hija preparaban.
En los archivos digitales de la Diputación de Toledo se conserva esta foto de 1963 de la capilla dedicada a Petra Corral en Alcabón (Toledo).
Noticia publicada en "Provincia", revista que publicaba la Diputación de Toledo. Corresponde a las páginas 37-44 del nº 42, del segundo semestre de 1963.
Dice la Historia que “era tan hermosa como un sol y más rubia que unas candelas”, y, sobre todo, cristiana y pura, que es la principal hermosura de la mujer. En la invasión francesa de 1809, cuando la célebre batalla de Talavera, la villa de Alcabón fue una de las que más sufrieron los asaltos de las tropas francesas, que cometieron toda clase de desmanes. Petra, conocida por sus cualidades, fue perseguida desde un principio por los franceses, que intentaban saciar en ella su brutal lujuria. Sabedora ella de todo, trató de ocultar su hermosura y huir, poniendo a salvo su virtud. Pudo hacerlo, saltando las paredes del patio de su casa -pues casi todas las casas del pueblo poseen amplios corrales con tapiales de escasa altura-, y así planeó esconderse de casa en casa. Pero, dando con ella, y acosada por todas partes, no tuvo más remedio que echarse al campo, donde creía más fácil su ocultamiento. Se refugió en una labranza conocida por el nombre de Villaseca, ya en el término municipal del señorío de Maqueda. Allí permaneció dos días en compañía de algunos parientes y paisanos, pues huyó despavorido todo el vecindario.
El día 29 de julio el rey José marchó con el cuarto cuerpo de su ejército a Santa Olalla y los pueblos del partido de Torrijos. En aquel refugio de la labranza de Villaseca, donde Petra se creía segura, fue donde libró la batalla definitiva. Allí fue encontrada por los pérfidos soldados, instigándola de mil maneras a que consintiera en sus torpes deseos. La escena y resistencia por parte de la heroica joven se desarrolló junto a la labranza. Desde allí, testigos presenciaron la feroz lucha entre la humilde virgen y los asaltadores de su pureza, sin que pudieran rendir su constancia y virtud. Las fuerzas son desiguales; pero en Petra vive el Espíritu Santo y le fortalece la virtud del Señor.
Vencerá, muriendo, como Inés, Lucía, Cecilia; no será profanada, sino inmolada. Al ver los impíos que nada conseguían de la hermosa cristiana joven, acribillaron su cuerpo a balazos, cortando así la limpia corola de su alma del verde tallo de su virginal cuerpo, ofreciendo al Señor doble víctima: la del martirio y la de la pureza. Y Petra Corral, en arroyos de su propia sangre y con su azucena en flor, voló al Esposo.
La noticia del hecho cundió enseguida por todas partes. El primero en acudir al lugar del martirio fue el padre de Petra, con un vecino del pueblo, que enterraron allí junto, en el campo, el cadáver de la heroica hija. Lo azaroso de los tiempos no permitía sepultura más honrosa. Según una tradición conservada cuidadosamente en Alcabón, los labradores y hasta el mismo sacerdote del pueblo, vieron azucenas en el lugar de su sepulcro, que brotaban prodigiosamente aunque eran cortadas.
Iglesia parroquial de Santo Tomás Cantuariense de Alcabón (Toledo), erigida en 1645, donde reposan.
Transcurridos seis años de guerra cruel, en 1814 las circunstancias eran más favorables. Los invasores habían traspuesto la frontera y el país estaba en calma. Entonces pareció momento oportuno para otorgar más digna sepultura a la hija de Alcabón, mártir de la virginidad. El alma de todo ello fue don Cipriano Sánchez Roldán, entonces cura propio y de aquella parroquia. Se exhumaron los restos y se recabó para ello el honor de ser enterrados en el presbiterio del templo, donde hoy se encuentran.
El 16 de noviembre de 1814 todos los vecinos salieron al encuentro de la fúnebre comitiva. La entrada en el pueblo fue muy solemne, ante gran concurso y con toque de campanas. El propio párroco llevaba los restos en unos lienzos de seda a la vista de todos; los depositó primero en el Ayuntamiento y más tarde en su casa rectoral. Tres días estuvieron expuestos al público, que no cesó de rezar ante ellos. Luego, el día 20, tuvo lugar el sepelio, que fue también muy sonado. Durante los funerales lucía sobre el féretro una hermosa palma, símbolo de su victoria, que después se encerró con los restos en una caja de madera forrada. La familia de Petra no pudo pagar ningún gasto; todo lo costeó la villa y la Iglesia. Este es el caso y heroica muerte de “la doncella de Alcabón”. Que la heroica mártir de la virginidad, Petra Corral, sea un ejemplo para nuestras juventudes y los aliente a defender y exaltar su pureza frente a la tentación; que a todos nos enseñe con cuánto valor se haya de guardar y defender la propia alma y morir, si es preciso, antes que mancharla con el pecado. Y, si Dios es servido, podamos venerar en los altares una humilde labriega toledana que supo llegar al cielo por el camino más corto: el martirio de su pureza.
ORACIÓN
Jesús dulcísimo, Esposo de vírgenes y amador de las almas castas, que a los limpios de corazón habéis prometido la visión clara de la divinidad: concedednos la santa virtud de la pureza y la gracia que os pedimos si es vuestra voluntad para que sea glorificada, con el honor de los altares, vuestra sierva Petra Corral, que en defensa de su castidad no dudó de entregar la vida en manos de sus perseguidores. Que con el Padre y el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
En el patio del oratorio se colocó una cerámica con el martirio de Petra Corral.