La libertad del mártir (y 4) conferencia del Dr. Martín Ibarra
Impartida durante la Jornada Martirial de Cáceres el 14 de febrero de 2026
Talla del beato Ceferino Giménez Malla propiedad de la Hermandad de Los Gitanos de Sevilla.
7.- Ceferino Giménez Malla, mártir del rosario.
El beato Ceferino es considerado el mártir del rosario. Le era muy devoto. Cuando le prendieron los milicianos el 19 de julio de 1936 en Barbastro, por defender a un sacerdote, Ceferino llevaba un rosario en el bolsillo. Argumento que era más que suficiente para encarcelarlo. Pero lo que más llamaba la atención era que en la prisión lo rezaba de continuo, sin ningún disimulo. Rufino Bruno Vidal oyó decir a su hermano Vicente Bruno, uno de los compañeros de prisión de Ceferino, que “en la prisión [...] hacían oración y rezaban el rosario” . Varios de los testigos supieron por Pepita, la hija adoptiva de Ceferino que le llevaba todos los días la comida a la cárcel, que rezaba de continuo el rosario, hasta el punto de poner en peligro su vida. “Pepita le suplicó muchas veces con lágrimas en los ojos que no rezase el rosario ni hiciese alarde de su fe porque lo matarían. Recurrió incluso al anarquista Eugenio Sopena, uno de los miembros más influyentes del comité revolucionario, para que salvara la vida de El Pelé, a quien estimaba mucho. Sopena intentó más de una vez convencer al siervo de Dios para que le entregase el rosario y para que disimulase su condición de católico, pero no consiguió nada” . Es evidente que disimular “su condición de católico” era dejar de rezar y que se notara que rezaba; esto desanimaría a los demás. El Pelé no cedió en ningún momento, por lo que sabemos, antes, al contrario. Su buen ejemplo, indudablemente, no debió de gustar a sus carceleros.
Poseer un rosario podía ser certificado de muerte y de gran gravedad para el carcelero. Tenemos el testimonio de Andrés Soler Puente, encargado del depósito municipal de detenidos de Barbastro. Él atendió al obispo Florentino Asensio: “Observé que llevaba algo en las manos. Cuando entré a llevar la cena quise cerciorarme qué objeto era y vi que era un rosario. Le rogué que lo ocultase porque me podía comprometer, por tratarse de un rosario, cosa que no hubiera sucedido con otro objeto cualquiera, ya que me tenían ordenado que a los Curas y Frailes les cachease y les quitase todos los objetos religiosos que llevasen” .
Si llevar un rosario en julio de 1936 era algo peligrosísimo, entregarlo era, para el anciano Pelé, apostatar. Y dar mal ejemplo. En este sentido, un testigo Andrés Jiménez Jiménez, gitano, afirma que el Pelé no quiso entregar el rosario porque “el rosario significaba la fe en Cristo, el rezo orar” .
En el caso del beato Ceferino, el cariño de la sobrina que había prohijado, la Pepita, llevaba a esta a querer su salvación, entregando el rosario. Ella era consciente de que el Pelé podía morir por esto: por poseer un rosario y por rezar sin ningún disimulo en la cárcel. Pepita, quizá sin pretenderlo, cumple el papel del inductor de la apostasía . Lo mismo que más adelante haga Eugenio Sopena. Éste, lo intentó primero de buenas maneras, después de otra no tan buena. El acusar al Pelé de fanatismo por rezar el rosario en la cárcel nos hace sonreír; los que no entienden la libertad personal acusan de fanáticos a los consecuentes con sus creencias .
Conocida es la importancia que de siempre se dio al rezo del santo rosario, y el énfasis que se hizo en el pontificado de León XIII y sus sucesores . Que el rosario era un símbolo aparece claro. De ahí el deseo expreso de que el beato Ceferino lo entregara. Lo mismo que si los sacerdotes se quitaban la sotana antes de su ejecución.
Ante la presión -diabólica- de amigos y familiares, el mártir no puede ceder. No lo hizo el beato Ceferino. El estar encarcelado es una falta de libertad importante, pero no definitiva. ¿Quién puede impedir rezar a nadie? ¿Cómo evitarlo? El Pelé deseaba rezar, porque sabía que eso era lo que debía hacer, porque eso agradaba a la santísima Virgen y a su Hijo, porque rezar el rosario lo habían recomendado muchos papas y santos.
Hacer uso voluntariamente del consejo de Dios.
Para san Ireneo de Lión el libre albedrío no se ordenaba al dominio sobre la creación visible e invisible; poseía una misión más alta:
“Porque Dios le hizo libre, en posesión, desde el principio, de su potestad (o autonomía), así como también de su alma: a fin de hacer uso voluntariamente del consejo de Dios, y sin ser por él coaccionado... Puso empero en el hombre la potestad de elección, como también en los ángeles –pues los ángeles (son) racionales-: a fin de que quienes obedeciesen poseyeran con razón el bien, otorgado por Dios, y conservado por ellos; mas quienes desobedecieron no se hallarán, con justicia, en posesión del bien” .
La libertad es un don de Dios. Gracias a ella, el hombre es capaz de merecer bien o mal. Si libremente obedece al Creador, entrará en la herencia del Bien. Sin libertad y sin esfuerzo, no tendría ningún mérito el acceder al bien, ni le agradaría al hombre, ni gozaría de él: “Por esta vía serían (los hombres) buenos de ninguna estimación, pues lo serían a natura más que por voluntad; y tendrían un bien regalado, mas no según elección; y, por lo mismo, tampoco entenderían el propio bien en su hermosura, ni gozarían de él. ¿Qué fruición cabe entre los que ignoran el bien? ¿Y qué gloria (se les sigue) a quienes no se afanaron por él? ¿Qué corona a quienes no la consiguieron, victoriosos en ningún certamen?” .
La libertad de los mártires cobra auténtico sentido en los momentos en que parece que la pierde. O cuando les dicen que si blasfeman quedarán libres. O si renuncian a su hábito religioso o sacerdotal. O a rezar el rosario. Se elige libremente perseverar en el bien. Se acepta la voluntad de Dios, como lo hace el benedictino Aurelio Boix. Es que la libertad del hombre, como hemos visto en san Ireneo, tiene una finalidad clara y superior, no es algo que se agote en sí mismo. La libertad usada para “libremente” obedecer a Dios, es lo que merece la pena y nos hace vencedores en este “certamen”.
Desobedecer a Dios, como hizo el diablo, como hizo Adán, y como hicieron tantos estaba al alcance de su mano. Pero los mártires deseaban obedecer a Dios, como hizo la Virgen María. Los mártires desean cumplir la voluntad de Dios Padre, como hizo Jesús.
En el último libro de san Juan Pablo II el Grande, Memoria e identidad, se pregunta sobre la libertad. “¿Qué es la libertad humana? La respuesta se puede entrever ya en Aristóteles. Para él, la libertad es una propiedad de la voluntad que se realiza por medio de la verdad. Al hombre se le da como tarea que cumplir. No existe libertad sin la verdad. La libertad es una categoría ética”.
En las últimas Jornadas Martiriales anuales, celebradas en Sevilla del 17 al 19 de octubre de 2025, el Dr. Martín Ibarra clausuraba las Jornadas con la conferencia: La esperanza en los mártires gitanos Ceferino y Emilia.