Dios ha marcado un gol en mi vida

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Estos días el Santo Padre ha venido a Madrid. La ciudad se ha vestido de fiesta. Muchos corríamos por las calles para recibir su bendición, hacerle una foto, poder ver una mirada llena de paz y esperanza. He podido participar de la eucaristía del Corpus, que me sobrecogió gratamente, por el silencio, el recogimiento y la bendición que se transmitía. He podido tomar una foto del Papa, en alguno de sus recorridos por Madrid. Pero, quizás el momento más esperado, como el acto del Bernabéu, resultó el más agridulce. Ya desde el primer momento no podía estar con mis hermanas de consagración. Tampoco con muchos amigos, muchos de los cuales no pudieron asistir, y ni con muchos hermanos de mi grupo, que como es normal, tenía otros sectores. Pero, el Bernabéu es muy grande. Yo tenía la sección 312, fila 8, asiento 8, en el primer anfiteatro. Es un sitio que en un partido de futbol es muy bueno, pero en el acto en el Bernabéu se convirtió en un asiento sufrido. Estaba de espaldas al escenario del Papa, muchas veces la pantalla no se veía bien porque nos quitaban la imagen, en ocasiones el sonido no se escuchaba bien, no tenía casi a nadie a mi alrededor, que fuera conocido. Cuando llegué se me saltaron las lágrimas. Si me hubieran subido más arriba me hubiera ido, por el vértigo. No se si la persona que me dio la entrada sabia su situación en el campo. Pero, prefiero entregárselo a Dios.
En el acto hubo sus más y sus menos. Muchas canciones no fueron bien elegidas... Pero estábamos juntos en torno al Santo Padre. Es verdad que luego hay que bajar a lo concreto, donde hay alegría, dolor y sufrimiento. Lo mejor las palabras del Papa. Él nos decía que Madrid había metido un gol. Pero yo puedo decir que Dios también ha metido un gol en mi vida. En la Iglesia en Madrid, he podido estudiar Teología, puedo servir en la diócesis, desde la porción de mi Iglesia, que es mi grupo de oración, soy amada, escuchada, puedo entregarme desde el ministerio de acogida. Gracias a ese grupo mis heridas se han transformado, puedo ser feliz, seguir creciendo y aprender a seguir levantándome para que el Señor gracias a la ayuda de todos siga cambiando mi corazón. En la Iglesia en Madrid, vivo mi fe con tantos amigos y hermanos, que tengo incluso, desde mi juventud.
Dios ha metido un gol en mi vida. Porque ahora puedo servir a los demás, en los distintas "entregas" donde colaboro. Pero, lo mejor es que soy feliz viviendo mi vocación de ser esposa, a un modo virginal, porque lo importante en la Iglesia es lo que somos. Seguro que los sacerdotes tienen una labor pastoral más intensa. Pero, yo pongo a todo lo que hago, y en el día a día de mi existencia, la fuerza de mi consagración.
Este es el mejor gol que Dios me ha metido.
Belén Sotos Rodríguez