Con María nos hacemos como niños

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María siempre nos lleva a Jesús. Ella nos revela un mensaje de salvación para todos, pero suele escoger a niños como destinatarios de ese anuncio.
Los niños son los preferidos de la Virgen. Yo diría mas los que se hacen como niños son los beneficiarios de las promesas divinas.
Es por ello, por lo que María nos lleva a Jesús, como ese Niño con el que ella tuvo una especial relación. Como dice algún autor moderno, Jesús es el que verdaderamente se hace Niño ante Dios, porque lo recibe todo del Padre.
Jesús es un Niño en el sentido más profundo porque tuvo una relación directa y dependiente con Dios. En el Padre depositaba toda su confianza y toda su vida. Como él nos dice en los evangelios, su obrar era el obrar del Padre (cf. Jn 14, 7-14). Como tantas escuché en la Universidad cuando estudié Teología, el Señor tiene un corazón de niño. Él es el inocente que no conoció pecado, el Santo porque es el Hijo de Dios; él que se alegra de hacer la voluntad del Padre, él que disfruta de la fiesta y el baile porque sabe que en ello se manifiesta la obediencia a Dios, él que necesita recibir el amor de una madre, y de los amigos porque es un Niño que necesita cariño, amor y ternura de los demás.
Jesús es el Señor de la historia que se hace un Niño por amor al hombre. Quiere en todo ser hombre y siempre en su vida tuvo un corazón de Niño, que en el momento del dolor llamó a Dios, papaito (cf. Mc 14, 36).
Desde ese corazón de Niño, él puede decir que quien le ha visto a él ha visto al Padre (cf. Jn 14, 9). Jesús es el verdadero rostro del que se reconoce como un infante ante Dios, y solo a él eleva su oración en todo momento. Así, puede mirar a los demás desde un corazón entregado que se abre a los suyos porque como aquellos en los que también puede confiar. Jesús es un Niño porque recibe todo del Padre. A él se sujeta, recibe los regalos que Dios le quiere ofrecer y acoger el sufrimiento que el Padre permite en toda su existencia. No pide nada para sí, sino la fuerza necesaria de lo alto, para hacer el querer del Padre, y hacer de su vida una ofrenda grata a Dios. Alaba a Dios, como judío podía hacerlo, con júbilo y desde la alegría de entonar con poder una alabanza a Dios. Se retiraba en en el silencio de la noche a orar con Dios, pero para luego en su vida mantener esa actitud de salida de sí, que le llevaba a gritar a todos el amor misericordioso de Dios. Un niño grita, llora y es alegre ante su padre porque se siente querido en su presencia. Lo mismo Jesús en su vida es capaz de estallar de alegría, manifestar tristeza cuando lo pasa mal, y llorar cuando los suyos se alejan de él.
Jesús en su vida supo acoger a los niños porque en su corazón partía de esa misma experiencia. Lo mismo podemos decir de María. Ella es una niña que dice siempre que si a Dios, porque solo depende de él. Necesita el amor de Dios, y de los demás. También como judía alaba a Dios con poder y en el júbilo de la danza y de la fiesta. Conoce el corazón de un niño porque ella es Madre. Así, ella puede acoger la necesidad del Hijo y de cualquier hombre y mujer, desde la ofrenda de quien se dona al otro. Por lo que María se revela a los niños como los elegidos por Dios. Son su predilectos porque en todo buscan el encuentro con Dios, que es lo único que necesitan y donde van a recibir todo lo demás.
Por eso, María siempre habla a los niños porque en ellos se manifiesta más plena el misterio del amor de Dios. Hoy día de la Virgen de Fátima hacemos memoria del encuentro de la Madre con tres niños, a los que anuncia un mensaje de esperanza para el mundo y de conversión para todo hombre y mujer que quiere acoger a Dios en su vida. Lo mismo que María ha introducido a estos tres niños en su corazón pidiéndoles una entrega radical de la existencia, ella se nos acerca a cada uno de nosotros, para ser esa madre que nos va ayudar hacernos niños que todo lo esperan de Dios. Solo el que se siente un niño pequeño y necesitado puede recibir el amor de una Madre que viene a acompañarlo en su vida. Ella nos lleva a Jesús, para hacer de nuestra existencia una alabanza a Dios.
Los pastorcitos de Fátima nos enseñan a ser como niños, que adoran a Dios, le alaban y confían en él. María les ha dicho que su corazón es su refugio, y que en medio de las dificultades de la historia y de las vicisitudes de su vida su corazón va a triunfar. María nos dice a cada uno que su corazón es el lugar donde podemos descansar y en él encontraremos la paz en medio del dolor, la alegría y la prueba. Su corazón triunfara cuando parece que todo lo hemos perdido. Solo necesitamos hacernos como niños.
Belén Sotos Rodríguez