Los frutos del resucitado

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Estamos en plena octava de Pascua. Tenemos por delante 50 días para celebrar la Resurrección del Señor. Pero, ¿qué frutos ha dejado la Pascua, en aquellos que vieron al Resucitado?
En un primer momento, tuvieron desconcierto. No sabían que estaba pasando. Se pusieron en salida, ante un acontecimiento que no esperaban, y no desconocían el alcance de ese mensaje. Estaban desorientados y frustrados ante la muerte del que había sido el Señor de sus vidas. Se preguntaban, y ¿ahora que nos queda? Por eso volvieron a sus ocupaciones habituales. La pesca se convirtió de nuevo en su trabajo cotidiano. Su corazón necesitaba algo más de esperanza. No podía acabar todo en muerte. Por ello, se pusieron en salida, ante una llamada del Maestro, que les hacía ponerse en marcha. Fueron al sepulcro, lo vieron vacío y creyeron. Su vida ya no iba a ser como la de antes. Ya veían que algo importante iba a transformar su existencia y la de todos los hermanos a lo largo de los siglos. Jesús, estaba vivo, y ellos, ahora, solo pueden proclamar lo que han conocido.
También, experimentan alegría y un sano temor de Dios, que les lleva a adorar el misterio que tienen ante ellos. Las mujeres madrugan, María Magdalena no se aparta del sepulcro, Pedro y Juan se ponen en camino. Jesús, les envía. Ello produce gozo y asombro. Pero, al fin y al cabo, no dudan. Están seguros de su misión. Ello, les hace vivir una vida llena de gozo y entrega.
De nuevo, el Resucitado les reclama una existencia en la que salgan de si mismos, y en su búsqueda, puedan encontrar el amor, la alegría y la paz que el Resucitado, les quiere regalar para poder darse a los demás.
La Resurrección del Señor ha calado en ellos, y ya no viven de la muerte, sino de la vida nueva que les regala el Señor. Jesús se convierte de nuevo, en Aquel, por el que merece dejarlo todo. Su existencia se vuelve misión, para anunciar a otros, que Jesús está vivo, y ello puede cambiar sus vidas. Ya no tendrán que experimentar una muerte que se vuelve vacío, sino que en medio de ella, pueden sentir la presencia del Resucitado, que les regala una vida nueva.
Nosotros tenemos más suerte que aquellos primeros, que vivieron la Pascua. Contamos con la Tradición de 2000 años de historia, que nos ha sido dada para vivir de la Pascua. Pero, nosotros también experimentamos el desconcierto ante un Dios, que está vivo, que nos pide la entrega de la existencia.
Podemos comulgar el cuerpo del Resucitado para tener su vida y sentir su amor, pero a veces tenemos una vida que vive en la muerte, y no de la Pascua de Cristo. Nos deseamos una feliz Pascua, pero es necesario que salga del corazón, de una existencia que se ha dejado transformar por el Señor. La Resurrección del Señor nos ha de ayudar a ponernos en salida, para poder ir al encuentro del hermano. Ya no nos urge, vivir desde la muerte sino, desde la vida que el mismo Jesús nos dona. Resurrección es un misterio que nos desborda, pero solo acogerlo, nos dará la alegría, la paz que nos regala el Resucitado. Podemos sentir su amor, que nos lleva a ponernos en salida de nosotros mismos para vivir en comunión con el, y con el hermano. Por eso, a ti, hoy te digo: Feliz Pascua de Resurrección, y que ella es el eje en el que haces girar toda tu existencia.
Belén Sotos Rodríguez