Jesús viene a saciarme

Corazón-manos
La samaritana es una mujer que se deja mirar por Jesús. Jesús la pide que le dé de lo suyo, porque quiere darse a ella por completo. No la exige, no la juzga, no la señala. La acepta como es. Conoce su vida, su historia, sin necesidad que ella se la cuente. Sabe lo que ha vivido y su deseo de plenitud. Su vida ha sido una búsqueda continua por alcanzar la paz y la alegría en su vida. Pero, se ve rechazada, porque ella no ha sabido, escoger el mejor camino. Pero, Jesús viene a ella, la ve y la ama. Le pide que le sacie su sed. Pero, ella se ve pobre y pecadora, para dar de beber al Señor, al que todavía no puede reconocer. Pero, Jesús, le pide de beber, para poder entrar en su vida.
Jesús, me mira también a mí, que como mujer necesito ser amada. Él me pide de beber, para que dentro de mí brote el agua del Espíritu, que viene a transformarme por completo. El me pide calmar su sed, para darse por entero a mí. No me exige, no me señala, no me reclama algo que no le pueda dar. Me acepta tal y como soy, con mis defectos, con mis debilidades, pero con un corazón que solo quiere hacer su voluntad, acogiendo a todos y cada uno, en su necesidad. Un corazón que ha sufrido, y por eso conoce el dolor del otro. No me juzga cuando fallo, sino que siempre me perdona. Me quiere dar de beber, porque sabe que tengo sed de Dios. Me pide adoración y vivir de la alabanza, porque el Señor es un Dios que se ha puesto a servirme. Quiero que todo me salga bien, aunque a veces tenga dificultad. El Señor me quiere libre, pero me trata con cariño y con ternura. Nunca me dice que no. Aunque me pide aceptar a los demás, también cuando son débiles o fallan.
Dios conoce mi vida, sin que yo se la cuente, pero me pide que le entregue y le transmita todo lo que vivo, porque quiere amarme y darme su consuelo. Él, viene a buscarme. Me hace valiente ante el dolor. Me levanta en mi debilidad y en ella se hace fuerte.
Jesús, como a la samaritana, sacia mi sed de ser amada y reconocida. Él se toma conmigo todo el tiempo que necesito, y no lo comparte con otros, porque siempre tiene momentos largos para mí.
Dios se me da a mí. Busca que le ame, y dispone todo en mi vida, para que se haga su voluntad, que siempre es la mejor para mí.
La Samaritana se sintió querida por el Señor, que vino a cambiar su existencia, para que pudiera dar testimonio, de un Dios que está vivo. También, Dios viene a transformar mi existencia, para que pueda proclamar a todos que el Señor, está vivo, y me ha dado su victoria.
Belén Sotos Rodríguez