El mayo español. ¿Qué quieren los jóvenes?
En el año 68, con menos medios de comunicación, brotó en París aquella sonada protesta juvenil que todavía colea. Es verdad que muchos estaban manipulados por la extrema izquierda, los llamados anti-sistema, los anarquistas de siempre. Pero, con todo, fue una explosión de una juventud desencantada por la falta de ideales, de auténticos valores, de una sociedad materialista, sin futuro claro. Aunque hay que reconocer que la alternativa que ofrecían los líderes de aquellas masas dislocadas no eran tampoco muy limpios. Ahí quedaron esos eslóganes disolventes de la digna concepción del ser humano. Hay que ser rebeldes pero con fundamento y horizontes claros.
Esta movida madrileña parece que ha cogido de sorpresa a más de uno. Pero la realidad es que nos veníamos preguntando hace tiempo sobre el paradero de una juventud callada, adocenada, que parecía tragarlo todo con tal de que no le quitaran el botellón, la música y el sexo. Y no todos los jóvenes son iguales. No se parece lo de la Puerta del Sol a un botellón de fin de semana, a una concentración de macarras. Pienso que es una juventud desencantada por muchas cosas negativas que han tenido que aguantar hasta que han dicho: -¡Hasta aquí hemos llegado!
Esta reacción que se veía venir, porque está ocurriendo en otros lugares del mundo, podría ser un revulsivo para nuestra sociedad hedonista y plana. Pero mucho me temo que, los que no quieren ser manipulados, se sometan servilmente, como ingenuos corderos, a los que quieran llevarlos a su redil, arrimar el ascua a su sardina, aunque la sardina esté podrida. Se veía venir, y han aprovechado la actual coyuntura para tirarse a la calle. Y lo lamentable es que esa energía joven se malgaste en destruir, como un terremoto, todo lo que encuentre a su paso sin discernir sobre los sano y lo enfermo.
Muchos mayores le hemos fallado a esta gente joven, y hay que pedir perdón. Pero no podemos olvidar que abundan también las personas y las instituciones que de verdad quieren servir a los jóvenes, ofreciendo oportunidades sanas y sostenibles. Los mayores debemos reciclar lo que no valga y ofrecer autenticidad. Y hablo de políticos, gente de Iglesia, mundo de la cultura y de la información, promotores de ocio y tiempo libre, centros de enseñanza… Ha habido, y hay, mucha ganga. Y cuando lo que se da está podrido hace daño.
Publicaba el diario ABC el año pasado lo siguiente: