Domingo III de Adviento: ¿Te sientes amado? ¡Ama!
Esta fórmula sigue siendo válida y contiene en sí misma lo esencial de la pedagogía divina utilizada por Cristo. Si Dios es amor, si crees que de verdad Él te quiere, si estás convencido de que el Niño de Belén o el Crucificado del Gólgota es el Hijo de Dios que nace y muere por ti, entonces no puedes permanecer indiferente o en la mera contemplación. Tras contemplar, tas llenarte de motivos, debes pasar a la acción, debes ponerte a amar.
Pero, ¿a quién amar?. Ante todo, a aquellos con los que tengas alguna deuda de amor: los tuyos. La familia, una vez más, se nos presenta como la primera que debe recibir el don del amor. Después vienen los amigos, los compañeros de trabajo o de estudios y también, y sobre todo, aquellos que muestran en su cuerpo o en su espíritu la huella del dolor, de la necesidad.
No debes olvidar, y esto es lo importante, que no se trata de hacer las cosas por mero sentimentalismo navideño, o por un humanitarismo altruista. Generalmente estoas motivaciones dan poco de sí y se agotan en una limosna barata. Tienes una deuda de gratitud con Dios. Págala en el prójimo.