Divine Box: cuando el silencio de los monasterios llega a la mesa de casa
Astrid y Côme Besse fundaron Divine Box para llevar a los hogares productos monásticos que unen oración, trabajo y una historia con alma
Astrid y Côme Besse, fundadores de Divine Box delante de la Abadía de Barroux
Divine Box nació a partir de una anécdota familiar. En la Navidad de 2016, la madre de Astrid y Côme Besse regaló a su hijo Hilaire —gran amante de la buena mesa— un paté elaborado por el padre Marc, de la abadía de Bricquebec. Aquello fue una auténtica revelación. Conocían algunos productos monásticos, como la cerveza o el queso, pero no imaginaban la enorme riqueza y variedad que existía.
A partir de ahí, Astrid y Côme comenzaron a preguntarse por qué ese tesoro tan poco conocido no llegaba a más personas. Así surgió la idea de crear una primera caja de productos monásticos, pensada para el aperitivo, para compartirla con amigos y familiares.
El equipo completo de Divine Box
En enero de 2017 empezaron a visitar abadías por toda Francia, a conocer sus comunidades, su vida y sus productos. Descubrieron una belleza humana y espiritual impresionante y un artesanado sorprendentemente variado. En febrero lanzaron la web de Divine Box y, en Pascua de 2017, nació la primera caja oficial, dedicada al chocolate. Así comenzó esta aventura fundada por Astrid y Côme Besse.
—¿Qué siente una persona cuando abre por primera vez una Divine Box?
Los clientes suelen decirnos que es como recibir un regalo de Navidad. Hay sorpresa, alegría y curiosidad al descubrir los productos, pero también al leer el pequeño cuaderno que acompaña cada caja, donde se cuentan anécdotas de las comunidades, la historia de las abadías y se incluye incluso una receta elaborada con alguno de los productos.
Muchas personas se emocionan al reencontrarse con sabores que habían probado en su infancia, en casa de sus abuelos o durante una estancia en una abadía. Para muchos, abrir una Divine Box es también abrir un cajón de recuerdos.
—¿Por qué es tan importante para vosotros que el cliente conozca el origen monástico de lo que compra?
Es absolutamente central. Todos los productos que ofrecemos están elaborados por monjes y monjas, o bajo su estricto control. Existe incluso el sello Monastic, que garantiza el origen monástico y que se reconoce fácilmente en los envases.
Para nosotros, ahí está el sentido profundo de Divine Box: no solo vender productos de calidad, sino poner en valor el trabajo de los monjes y monjas, su historia y su forma de vida. Gracias a estas producciones, muchas comunidades pueden vivir de su trabajo e incluso financiar obras necesarias para mantener su patrimonio.
—¿Creéis que Divine Box permite acercarse desde casa a esa riqueza espiritual y artesanal?
Sin duda. Comprar un producto monástico no es un gesto neutro. Se recibe algo que ha sido elaborado en el silencio, la oración y el trabajo fiel. Y eso se percibe. Nuestros clientes son muy sensibles a ello.
Además, en un mundo donde muchos productos están excesivamente transformados y han perdido su “alma”, el carácter artesanal de los productos monásticos resulta especialmente atractivo. Curiosamente, algunos clientes nos cuentan que, después de descubrir un producto, se han animado a visitar la comunidad que lo elabora. Como suele decirse, todos los caminos llevan a Roma.
—¿Qué distingue a un producto monástico de otros productos artesanos del mercado?
Tiene un “suplemento de alma”. Está elaborado por monjes y monjas en un contexto de silencio, oración y estabilidad. Además, la mayoría se producen de forma artesanal, con ingredientes naturales, cuidadosamente seleccionados y en pequeñas cantidades.
Muchos de estos productos se elaboran en las mismas comunidades desde hace siglos: la cartuja verde y amarilla, el elixir vegetal, el agua de esmeralda… Son frutos de un saber hacer transmitido de generación en generación. Contemplar eso, incluso desde fuera, es algo verdaderamente hermoso.
—¿Qué experiencia queréis que viva quien recibe una Divine Box?
Ante todo, queremos que se sienta acogido y escuchado. En Divine Box damos mucha importancia al trato con el cliente: respondemos personalmente a todas las preguntas y hacemos un seguimiento cercano de cada pedido.
Después, deseamos que quien abre la caja pueda sumergirse un poco en la vida de esas comunidades, conocer su historia y, por supuesto, disfrutar de sus productos tanto como nosotros.
Monje cartujo leyendo la Lectio Divina en su celda©️chartreux.org
—¿Para qué ocasiones es especialmente adecuada una caja monástica?
Las cajas individuales son un regalo ideal para dar las gracias, para un cumpleaños, una Navidad, o incluso para un ahijado. Gustan mucho porque son originales y tienen sentido.
Las suscripciones —mensuales o de 3, 6 o 12 meses— son también un regalo muy apreciado, incluso para bodas. Cada mes el destinatario recibe una sorpresa distinta, y cuidamos mucho que los temas sean variados y accesibles para todos los gustos.
Tartinade de pesto y ajo del Monasterio de Solan
—¿Qué supone para vosotros saber que estos productos llegan a tantos hogares gracias a Divine Box?
Es una gran alegría. Somos muy conscientes de que nuestro trabajo es pequeño comparado con la vida y la misión de estas comunidades, pero intentamos hacer lo mejor posible de puente entre los monasterios y las personas que desean descubrir sus productos.
—¿Habéis recibido testimonios de clientes que, gracias a Divine Box, se hayan interesado más por la fe o la vida monástica?
Sí, ocurre con bastante frecuencia, especialmente por teléfono. Algunos clientes nos confían incluso intenciones de oración. La vida monástica suscita mucha curiosidad porque es radicalmente contracultural en un mundo marcado por la prisa.
Muchos se sorprenden al descubrir la sabiduría que encierra ese estilo de vida. Basta leer la Regla de san Benito —escrita en el siglo VI— para darse cuenta de lo actual que sigue siendo.
Las hermanas de la Abadía de Jouques en plena vendimia
—¿Qué le diríais a alguien que duda si probar Divine Box por primera vez?
Que se anime y pruebe. Estaremos encantados de aconsejarle según lo que busque. Lo ideal es empezar con una caja individual para descubrir varios productos, o seleccionar algunos artículos sueltos.
Y si no sabe por dónde empezar, siempre recomendamos clásicos que nunca fallan: las rillettes del padre Marc de Bricquebec, la tartinade ecológica de albahaca y ajo del monasterio de Solan o, para los amantes del vino, el lote de vinos de la abadía de Jouques. Productos sencillos, auténticos y llenos de historia.
Divine Box no es solo una forma distinta de regalar o de descubrir buenos productos; es una invitación a detenerse, a saborear despacio y a recordar que el trabajo hecho en silencio también evangeliza. Detrás de cada caja hay comunidades que rezan, trabajan y sostienen la vida cotidiana de la Iglesia desde la discreción y la fidelidad.
Quien quiera asomarse a ese mundo —tan contracultural como necesario— puede hacerlo entrando en la web de Divine Box. A veces, un pequeño gesto basta para apoyar una vida entregada a Dios. Porque la contemplación, aunque silenciosa, sigue iluminando el mundo.
Un Divine Box con varios productos monásticos