Religión en Libertad

El universo no es fruto del azar, sino una obra diseñada por Dios con orden, belleza y armonía divina.

La virtud no es algo evidente, hay que esforzarse para encontrarla

🔹San Agustín. Soliloquios 1, 6, 13🔹

🔹San Agustín. Soliloquios 1, 6, 13🔹

🔹San Agustín. Soliloquios 1, 6, 13🔹- NMN

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▶️ Espiritualidad Católica/Nueva Evangelización

La razón es la mirada del alma; pero como no todo el que mira ve, la mirada buena y perfecta, seguida de la visión, se llama virtud, que es la recta y perfecta razón 🔹San Agustín. Soliloquios 1, 6, 13🔹

San Agustín nos recuerda que la inteligencia no es solo una capacidad de "procesar datos", sino una facultad relacional que depende del estado de nuestro ser. Con frecuencia nos ofuscamos y juzgamos lo que vemos desde la máscara de nuestro orgullo y egoísmo. La razón queda bloqueada y el sentimentalismo actúa guiado por orgullo y egoísmo. Al final, nuestra voluntad nos lleva al precipicio de creernos superiores a todo y todos.

Razón y la fe no son enemigas, sino "las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva a la contemplación de la verdad" (como diría siglos después Juan Pablo II). Ambas tienen que funcionar en sincronía y sintonía. San Agustín añade un matiz crucial: la ética precede a la estética de la Verdad.

Como hemos indicado antes, la "mirada del alma" (la razón) puede estar nublada o cegada, por el egoísmo, la soberbia o el apego a costumbres, estéticas e ideologías. Por ello, la virtud no es solo "portarse bien" según la vara me medir que nosotros mismo creamos. La virtud es la salud del alma. Un alma virtuosa tiene un ojo sano que ve sin humos y lentes de colores. Si el ojo del alma está enfermo por el vicio, la luz molesta y para protegernos, deformamos lo que tenemos delante.

La "recta razón" es aquella que está iluminada por el amor. Sin amor, la razón se vuelve fría, calculadora y, en última instancia, ciega a lo esencial.

Desde la Evangelización en las Redes, podemos llevar esta frase al entorno digital de 2026. Vivimos en la era del hiper-estímulo sensorial, donde miramos miles de cosas al día y nos dejamos llevar por lo que nos hace “sentir”. Realmente apenas "vemos" nada consistente y sustancial.

En los espacios sociales digitales, el algoritmo nos invita a mirar-sentir a gran velocidad. No nos deja ver y reflexionar, porque esto estropearía el marketing que siempre ha detrás. Evangelizar en redes no es solo "postear", es invitar a que el otro detenga su mirada, reflexione y compartamos entre nosotros lo que vemos. ¿Qué sentido tiene tener grupos sociales cerrados para que nadie comente nada? Pues hay mucha “evangelización aparente” que usa esta metodología, perdiendo la oportunidad de crecer en armonía y respeto.

El evangelizador digital necesita cultivar la virtud en su presencia online. Si el contenido nace de la vanidad o la búsqueda de likes, la "razón" de ese mensaje estará distorsionada y no será capaz de transmitir completamente la Verdad, que es Cristo. La "mirada buena" en redes se basa en la empatía y la escucha activa.

El reto de la evangelización digital es transformar el scroll infinito en un momento de encuentro entre nosotros teniendo como centro a Cristo. "Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18, 20) Para que alguien pueda "ver" a Dios a través de un entorno digital, el contenido debe tener "recta razón”, debe ser bello, verdadero y, sobre todo, virtuoso.

San Agustín nos lanza un reto: si quieres entender la Verdad, trabaja en tu bondad. En un mundo saturado de opiniones que se atacan mutuamente, la virtud es lo que hace que nuestro mensaje sea realmente visión constructora y no solo ruido visual que nos atonta.

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