El cardenal Sarah da la clave a la Iglesia en «2050»: «No necesitamos una institución mundana más»
Su nuevo libro plantea las claves más urgentes e importantes que precisa el catolicismo actual en todo el mundo.

El cardenal Sarah, en una entrevista del 9 octubre de 2025 en Roma.
Dentro de veinticinco años, ¿la Iglesia seguirá siendo un faro o solo será el eco lejano de una voz olvidada? Muchos católicos se hacen a diario esta pregunta porque se desviven por hacer realidad la primera hipótesis... y también se la hacen muchos anticatólicos porque ansían que se verifique la segunda.
Lo llamativo es que uno de quienes se la plantean es un cardenal de la propia Iglesia, Robert Sarah, guineano, octogenario y prefecto emérito de la entonces Congregación y hoy Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Y la responde él mismo en el libro que lleva esa cuestión por subtítulo, escuetamente titulado 2050 (Fayard).

Un título enigmático: nos obliga a pensar en un futuro que muchos que hoy viven conocerán o que conocerán sus hijos o nietos.
¿Cuál es la raíz de este planteamiento? Él mismo lo explica en una entrevista sobre su libro concedida a Le Journal du Dimanche: en el que recuerda que la afirmación de que "la Iglesia no es nada sin Dios" es la "clave de toda lectura eclesial", algo que hace unas décadas parecería obvia pero hoy es imprescindible recordar porque muchos la olvidan.
"La gran tentación de nuestro tiempo", añade, "es sustituir la primacía de Dios por la primacía de la urgencia mediática". Y muchos en la Iglesia, y a todos los niveles, lamentablemente hacen esa sustitución, como -recuerda- sostenía Benedicto XVI. "La crisis de la Iglesia proviene de un oscurecimiento de la primacía de Dios en la liturgia y en la vida", apunta Sarah.
Un sólido equipo
Ésta es la quinta obra de Sarah consistente en una entrevista a fondo por parte del periodista Nicolas Diat (n. 1975), con quien ha publicado ya en español (todos en Palabra) cuatro títulos: Tiempo de morir, Se hace tarde y anochece, La fuerza del silencio y Dios o nada.
La dedicatoria del volumen ya indica su finalidad intrínsecamente misionera y vinculada a su origen natal: "A todos los sacerdotes africanos, para que conserven una fe fuerte, sigan siendo misioneros y permanezcan con Cristo".
Y en el prólogo, Diat expresa la finalidad de la conversación que acogen estas páginas: "El cardenal Sarah ha querido inscribir nuestro trabajo en esta continuidad histórica [la que caracteriza al jubileo, n.n.], en el tiempo de la remisión de los pecados, de la reconciliación y de la conversión", y a modo de "reflexión sobre el futuro de la Iglesia en 2050".
Diat, además, vincula este trabajo con un libro señero en la bibliografía (y en la biografía, porque supuso un cambio notable) de Jacques Maritain, El campesino del Garona (1966). Si en el postconcilio Maritain quiso matizar el desnortado optimismo que se vivía, ahora Sarah escribe en el contexto de un tiempo "más complejo y menos alegre", precisa Diat, quien sin emabargo ve en ambos títulos "libertad de corazón y de inteligencia para hacer un juicio sin concesiones sobre la Iglesia".
La valentía de Sarah
Si algo caracteriza a Sarah es la valentía y claridad con la que hace sus juicios sobre el presente, poco conformistas: "No necesitamos una institución mundana más", dice sobre la Iglesia.
Esto caracteriza también sus planteamientos en 2050.
Sabe muy bien en qué tiempo vivimos:
- "Después de la caída original, la criatura humana no ha dejado de revolverse contra su Creador, poniendo su orgullo en el mismo lugar donde debería reconocer su dependencia. En esa revuelta no hay más que tinieblas y desdicha. Y, sin embargo, el mundo postmoderno se obstina en esa degradación, y prefiere la independencia infernal al abandono confiado en el amor de Dios".
Sabe muy bien en qué tiempo vive la Iglesia:
- "En la Iglesia, todo procede de Dios: su proyecto, su iniciativa, su realización. El hombre es llamado a entrar en esa vida divina, a vivir de Dios, por Dios y para Dios. Entonces, ¿cómo entender que, en la Iglesia de principios de 2025 [cuando empiezan sus conversaciones con Diat], el discurso dominante parecía referirse exclusivamente al clima, la ecología, las migraciones y el diálogo cultural?".
Y sabe muy bien también de dónde viene la solución:
- "Es urgente devolver, a la liturgia, su verdad: que sea de nuevo la celebración del misterio cristiano y vuelva a ser el lugar donde Dios es lo primero. Con demasiada frecuencia, hoy la liturgia es un espectáculo, una escena de agitación profana, un lugar de expresiones culturales desordenadas. Está invadida de gritos, de cámaras, de aplausos, de teléfonos. Hay parloteo y ruidos y se huye del silencio. Pero Dios habla en el silencio".
El camino de vuelta, sostiene, está trazado y para por una afirmación neta de lo católico: "Aunque la Iglesia sabe reconocer las semillas de verdad presentes en otras partes, proclama que la plenitud de la Revelación está en Jesucristo", y en consecuencia "callar a Cristo sería una infidelidad".
En consecuencia, del mismo modo que "una civilización que renuncia a Dios renuncia a vivir", un mal similar al ámbito civil amenaza al ámbito religioso, pero los responsables no son solo los jerarcas de la Iglesia, lo somos todos: "El futuro de la Iglesia no depende de estrategias, sino de nuestra santidad".
Hay prelados como el cardenal Sarah totalmente entregados a promoverla.