Religión en Libertad

Tememos ayunar ¿Por qué?

🔹San Agustín. Cuestiones de los Evangelios 2, 18🔹

🔹San Agustín. Cuestiones de los Evangelios 2, 18🔹- NMN

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▶️ Espiritualidad Católica/Nueva Evangelización

El ayuno es necesario tanto en la tribulación como en el gozo; en la tribulación para hacer propicio a Dios por nuestros pecados; en el gozo para que tanto menos nos deleiten las cosas carnales cuanto más nos alimenten las espirituales.🔹San Agustín. Cuestiones de los Evangelios 2, 18🔹

Ya que hoy, miércoles de ceniza, iniciamos la Cuaresma, podemos reflexionar un poco sobre el ayuno. ¿Por qué tenemos al ayuno? Nos inventamos cientos de alternativas para aparentar ante los demás que ayunamos. Eso si no decidimos simplemente no ayudar, con lo que termina el problema. 

El ayuno no es una "dieta espiritual" para momentos de crisis, sino una herramienta de equilibrio constante. San Agustín nos invita a ver el verdadero ayuno no como un vacío sin sentido, sino como un espacio de preparación que nos permite andar siguiendo las pisadas del Señor.

Tradicionalmente, el ayuno se entiende como una forma de ascesis o entrenamiento. Es cierto, pero hay mucho más detrás. San Agustín señala que nuestra relación con Dios no debe depender de nuestro estado de ánimo ni de la cultura que nos rodea. El ayuno es como un acto de justicia y humildad. Nos ayuda a ver que somos pobres seres dependientes de todo. Seres que buscamos consuelo en cosas que no son Dios y, si aceptamos al Gracia a Dios, volvemos a Él con un corazón contrito

Cuando todo va bien, es fácil emborracharse de mundo, apariencias sociales y relaciones sin sentido trascendente. El ayuno de esta falsa alegría sirve para que el placer aparente no nos ciegue. San Agustín propone una "sustitución de alimentos" para que nuestro paladar espiritual se agudice y pueda saborear la Gracia. San Juan Crisóstomo decía que "El ayuno del cuerpo es alimento para el alma."

Y en la Evangelización en las Redes ¿Cómo podemos ayunar? El ayuno más adecuado es ayuno de apariencias,"Likes" y ruido de enfrentamientos. En las redes sociales, vivimos en un estado de estimulación constante que San Agustín llamaría "deleite carnal": dopamina pura. El ayuno es silencio de nosotros mismos para hacer que brille Cristo. No intentar "defendernos" o "gritar" más fuerte que los demás, sino volver al desierto para recordar que el mensaje es de Dios y no es de nuestra propiedad.

El ayuno también nos recuerda que no evangelizamos para alimentar nuestro ego ni el algoritmo, sino para alimentar almas necesitadas de Cristo. Si el evangelizador no ayuna de la "carne digital", entendida como vanidad e inmediatez, su mensaje pierde peso espiritual y se vuelve puro ruido.

El ayuno es como un "ancla" que nos mantiene estables en tiempos de tormenta. Nos ayuda a no hundirnos en la tristeza y nos impide salir volando por la vanidad. En un mundo de consumo desenfrenado, el ayuno es el acto de rebeldía más profundo que podemos hacer.

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