Religión en Libertad

Elena Lorenzo y Juan Pablo García

Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales

Claridad y Verdad

La carta a los obispos sobre la atención pastoral a las personas homosexuales llevaba la firma del cardenal Ratzinger y el respaldo de San Juan Pablo II.

La carta a los obispos sobre la atención pastoral a las personas homosexuales llevaba la firma del cardenal Ratzinger y el respaldo de San Juan Pablo II.

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Durante el pontificado de San Juan Pablo II, desde la sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 1 de octubre de 1986 se publicó una carta dirigida a los obispos de la Iglesia católica sobre las personas homosexuales, firmada por el entonces cardenal Joseph Ratzinger.

Aunque dicha carta fue escrita hace casi cuarenta años es de total actualidad. Cuando hablamos del Magisterio de la Iglesia no podemos poner en duda su verdad ni darla por inválida ante las corrientes ideológicas que, desgraciadamente, han impactado en la propia Iglesia. La doctrina católica no es una moda, ni podemos diluir su contenido apoyándonos en que “la Iglesia tiene que actualizarse en este tema”. 

Hace unos meses un sacerdote con atracción al mismo sexo no deseada me contactó porque quería iniciar un proceso de acompañamiento conmigo. Estaba teniendo dificultades para vivir en castidad, además de otros aspectos importantes en su vida emocional y afectiva, es decir, quería hacer un proceso de Coaching de Identidad. Lo comentó con su obispo y éste le recomendó no hacer dicho proceso por no ser “adecuado”.

Me preocupa enormemente que se le niegue a uno de nuestros sacerdotes una atención individual que le ayudaría a vivir su vocación en castidad y sanar aspectos de su vida emocional y afectiva. En definitiva, ayudarle a vivir en verdad su vocación. El sacerdote le debe obediencia a su obispo. 

Me hace pensar que, aun con buena intención, hay desinformación, e incluso confusión, en este campo de la homosexualidad. 

En esta carta a los obispos se hace referencia a la atención individual.

  • “Un auténtico programa pastoral ayudará a las personas homosexuales en todos los niveles de su vida espiritual, mediante los sacramentos y en particular a través de la frecuente y sincera confesión sacramental, mediante la oración, el testimonio, el consejo y la atención individual”.

Me ha ayudado volver a leer esta carta de San Juan Pablo II, tan actual.

[Aquí puedes leer la carta completa.]

Me gustaría destacar algunos puntos que arrojan claridad y verdad, algo que los católicos necesitamos en estos tiempos difíciles que estamos viviendo. Las corrientes de pensamiento, las ideologías, el “buenismo” mal entendido dañan y confunden a los que creemos en el Magisterio de la Iglesia y también a los que no creen en él.

Hoy más que nunca reclamamos claridad sobre este tema que nos atañe a todos: conocer en verdad qué nos dice la Iglesia sobre la homosexualidad.

Necesitamos tener una guía clara. Por ello, no es extraño pedirles a nuestros pastores nos guíen con claridad, valentía y verdad sobre este tema.

Vivimos tiempos difíciles y esta carta viene a poner en valor las creencias profundas de nuestra fe. Quisiera destacar algunos puntos de la misma.

Quiero pensar que no estamos solos en esta lucha, que nuestros referentes dentro de la Iglesia son valientes. Quiero sentirme orgullosa de la Iglesia a la que pertenezco. No deseo ver a algunos representantes de la Iglesia temblar y dar marcha atrás escondiéndose en lo políticamente correcto. Claridad y verdad, ante todo. No escuchar opiniones, sino una doctrina clara y nítida.

Nadie nos ha dicho que mantenernos firmes en nuestras creencias más profundas iba a ser fácil. ¿Sufrir persecución? Aquí tenemos la respuesta: 

  • “Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos” (Mt 5, 11-12).

Paso a citar párrafos textuales: 

  • “En la actualidad un número cada vez más grande de personas, aun dentro de la Iglesia, ejercen una fortísima presión para llevarla a aceptar la condición homosexual, como si no fuera desordenada, y a legitimar los actos homosexuales. Quienes dentro de la comunidad de fe incitan en esta dirección tienen a menudo estrechos vínculos con los que obran fuera de ella. Ahora bien, estos grupos externos se mueven por una visión opuesta a la verdad sobre la persona humana, que nos ha sido plenamente revelada en el misterio de Cristo. Aunque no en un modo plenamente consciente, manifiestan una ideología materialista que niega la naturaleza trascendente de la persona humana, como también la vocación sobrenatural de todo individuo.”
  • Dentro de la Iglesia se ha formado también una tendencia, constituida por grupos de presión con diversos nombres y diversa amplitud, que intenta acreditarse como representante de todas las personas homosexuales que son católicas. Pero el hecho es que sus seguidores, generalmente, son personas que, o ignoran la enseñanza de la Iglesia, o buscan subvertirla de alguna manera. Se trata de mantener bajo el amparo del catolicismo a personas homosexuales que no tienen intención alguna de abandonar su comportamiento homosexual. Una de las tácticas utilizadas es la de afirmar, en tono de protesta, que cualquier crítica, o reserva en relación con las personas homosexuales, con su actividad y con su estilo de vida, constituye simplemente una forma de injusta discriminación.”
  • Esta Congregación quiere pedir a los Obispos que estén particularmente vigilantes en relación con aquellos programas que de hecho intentan ejercer una presión sobre la Iglesia para que cambie su doctrina, aunque a veces se niegue de palabra que sea así.”
  • “Deben ser estimulados aquellos programas en los que se evitan estos peligros. Pero se debe dejar bien claro que todo alejamiento de la enseñanza de la Iglesia, o el silencio acerca de ella, so pretexto de ofrecer un cuidado pastoral, no constituye una forma de auténtica atención ni de pastoral válida. Sólo lo que es verdadero puede finalmente ser también pastoral. Cuando no se tiene presente la posición de la Iglesia se impide que los hombres y las mujeres homosexuales reciban aquella atención que necesitan y a la que tienen derecho.”
  • Los Obispos deben procurar sostener con los medios a su disposición el desarrollo de formas especializadas de atención pastoral para las personas homosexuales. Esto podría incluir la colaboración de las ciencias sicológicas, sociológicas y médicas, manteniéndose siempre en plena fidelidad con la doctrina de la Iglesia.”
  • Se deberá retirar todo apoyo a cualquier organización que busque subvertir la enseñanza de la Iglesia, que sea ambigua respecto a ella o que la descuide completamente. Un apoyo en este sentido, o aún su apariencia, puede dar origen a graves malentendidos. Una especial atención se deberá tener en la práctica de la programación de celebraciones religiosas o en el uso de edificios pertenecientes a la Iglesia por parte de estos grupos, incluida la posibilidad de disponer de las escuelas y de los institutos católicos de estudios superiores. El permiso para hacer uso de una propiedad de la Iglesia les puede parecer a algunos solamente un gesto de justicia y caridad, pero en realidad constituye una contradicción con las finalidades mismas para las cuales estas instituciones fueron fundadas y puede ser fuente de malentendidos y de escándalos.”

Elena y Juan Pablo

Para más información: blogdeidentidad@gmail.com

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