Antífona de comunión. Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo/Salmo 29(28),10s
Paso a glosar la antífona de ayer.
Son muchos los Salmos en que hay referencias directas o indirectas a Dios como Rey; incluso los especialistas han llegado a discutir si entre las tradiciones cultuales de Jerusalén había una fiesta de la entronización de Dios. En cualquier caso, el arca, que se encontraba en la entraña y centro del templo, era conocida como el "trono de Yhwh" (cf. Jr 3,16s; 1 Sam 4,4).
El Señor ha sido entronizado, tras su resurrección a la derecha del Padre. Pero en la Eucaristía se hace presente como Rey en medio de su pueblo; el Cuerpo que está verdadera, real y sustancialmente presente es el del soberano de todo el universo. Es más, este Rey todopoderoso y humilde, mediante la comunión hace su entrada en ese templo que somos cada uno de nosotros. Cuando comienza la procesión para recibir al Señor y baja del presbiterio el ministro, parece resonar en el templo:
Sí, es el cortejo de Dios hacia ese santuario que somos cada uno de nosotros. Y, ante su llegada, el salmista nos dice:
Una llamada a estar en gracia para recibirlo y, no solamente eso, sino a que, por la purificación de toda afección desordenada, con un corazón puro, lleguemos a recibirlo algún día sin presentar ningún obstáculo, con una total apertura.
Al comulgar, en ese templo que es el fiel, el Señor se sienta como Rey eterno. Y desde su trono rige el mundo y bendice a su pueblo con la paz. Presente en nosotros, en ese momento, toda la creación, toda la historia, gira en torno a nosotros, no porque seamos el centro del mundo, sino porque el centro del mundo nos ha elegido como su trono. Y la gracia recibida en el sacramento nos capacita para que, mediante nuestro obrar, vayamos implantando su reino de paz en el mundo.
Desde ahí, desde su trono en nosotros, nos rige a cada uno y nos bendice con la paz. Que la paz de Cristo reine en nuestros corazones (Col 3,15).