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Padre Nuestro desde el final al principio

"Se puede meditar desde la última petición hasta la primera, en un camino de vuelta a la casa del Padre desde el más sucio barro en el que se está, similar al que hizo el Hijo Pródigo"

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Hace unos años escuché una meditación que para mi alma fue muy luminosa. La oración del Padre Nuestro se puede meditar desde la última petición hasta la primera, en un camino de vuelta a la casa del Padre desde el más sucio barro en el que se está, similar al que hizo el Hijo Pródigo. Dios nos ha hecho bien. Estamos hechos a la medida de su Amor. Él quiere darnos la esperanza para seguir adelante pese a nuestros sufrimientos. Te lo cuento.

1. “Líbranos del mal”. Todo comienza con este grito, que es el reconocimiento de que solos y por nuestras fuerzas no podemos salir del pozo, necesitamos un Salvador. El mal promete libertad y da esclavitud. Las soberbia llama a más soberbia, la mentira a mas mentira. Pedimos a Dios ser arrancados de lo que nos destruye.  El Hijo pródigo estando en el barro recordó que tenía un Padre que le amaba y una casa a la cual podía volver.

2. “No nos dejes caer en la tentación”. Una vez se conoce el daño que el mal nos hace pedimos no volver a caer en los engaños que nos llevaron al pozo. La vida es un combate. Con esta súplica pedimos no rendirnos y la ayuda para no luchar solos y ser fieles. La tentación siempre susurrará que Dios no basta pero es mentira. El Hijo Pródigo camino a casa pudo sufrir tentaciones de volver al barro con los cerdos, pues el camino era largo y los males pasados llegan a parecer buenos.

3. “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Aquí se cae el orgullo. Necesitamos misericordia pero recibirla pasa por el reconocimiento de la culpa y la entrega de los pecados a Dios. Él desmonta nuestros esquemas y resistencias. Él nos amó primero. El Padre se lanzó a abrazar al Hijo pródigo. Esto le desarmaría. Desde la certeza del amor incondicional del Padre es cuando cae la soberbia y es más sencillo pedir perdón. Y perdonar a los otros.

4. “Danos hoy nuestro pan de cada día”. El pan es el alimento más básico que necesitamos. Es pedir a Dios vivir de su providencia y no de nuestras seguridades. El pan hace también referencia a la Eucaristía, el alimento diario que necesita el cristiano. El Hijo Pródigo después de haber recibido el abrazo de perdón del Padre es invitado a entrar en el banquete. La Eucaristía es ese banquete, el Cielo en la Tierra. Podemos comulgar cuando estamos en gracia por el perdón previo de los pecados.

5. “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. La frase que más cuesta, porque queremos que se haga la nuestra. Es la petición que nos ayuda a aceptar nuestra realidad concreta, a ver a Dios en ella para seguir adelante y dejar de vivir en ilusiones mentales paralelas. Es cuando se está en gracia, perdonado y alimentado por la Eucaristía cuando es más sencillo y sincero decirle a Dios que Él nos lleve, que estamos dispuestos a ir donde quiera, abiertos a la vocación.

6. “Venga a nosotros tu Reino”. No pedimos escapar del mundo, sino que Dios lo transforme empezando por mí. Que Él reine. Que su justicia, su verdad y su paz tengan la última palabra. Allí donde alguien vive haciendo florecer su vocación, donde se busca hacer su voluntad, el Reino de Dios se hace presente, cambia lo que está alrededor, empieza a haber esperanza. Es como el jardinero que empieza a plantar y cuidar su jardín, otros se acercan y mejoran también al estar allí donde florece lo que era feo y estéril.

7. “Santificado sea tu Nombre”. El final del camino es el principio de todo: que Dios sea Dios en mi vida. Esta petición es la oración más perfecta, alabanza, querer a Dios no por lo que me da sino por quién es Él y porque se vive desde la certeza de haberle conocido. El Hijo Pródigo hizo esta experiencia pero para ello Dios le permitió en su libertad que se marchara y tocara fondo. No dejó de amarle, cuando estaba lejos y cuando estaba cerca. El Amor de Dios explica todos los acontecimientos de nuestra vida.

La vida espiritual es un progreso interior. Abiertos a Dios vamos haciendo esta experiencia. No hace falta marcharse lejos como el Hijo Pródigo. Su hermano mayor aunque vivía en la casa del Padre no amaba al Padre, era como el pequeño, solo que nunca se fue, cumplía. También él era amado por el Padre y necesitaba abrir el corazón, rendirse y pasar por cada una de las siete peticiones. También tú. También yo.

Rezar el Padre Nuestro desde la primera petición a la última es volver a casa paso a paso: del barro al abrazo, del miedo a la confianza, del "yo" al Padre. No es repetir palabras, es dejarse rehacer por dentro, desde el amor incondicional de Dios que te quiere como eres pero no quiere que sufras estando lejos y te hagas daño dando tu corazón a otros amores que no pueden llenarte el corazón. "Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti", que dijo San Agustín.

Gracias por leer. si quieres profundizar en todo esto escribí un librito hace unos meses desarrollándolo, se llama "Rezar como Jesús nos enseñó" y tienes su foto al principio de este artículo.

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