Religión en Libertad

Ignasi de Bofarull

Profesor emérito de la Universidad Internacional de Cataluña

Necesitamos nuevos negocios de ocio analógico (sin pantallas)

Ensayo de teatro adolescente

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Menores enganchados a las pantallas

Tras el consenso que se abre paso en el mundo entero sobre la necesidad de la sustitución de las pantallas (y los móviles en el centro) para niños y adolescentes se plantea una pregunta: ¿contamos con una gran oferta del ocio analógico y razonablemente cultural? Se me responderá que ahí están los juguetes analógicos. Claro que sí, bienvenidos. Hay que promoverlos. Y multiplicar las ludotecas para acrecentar el juego cooperativo.

Recordémoslo: cuando técnicamente hablamos del menor, estamos mencionando a niños, preadolescentes y adolescentes: ser menor va de los 0 a los 18 años. ¿Que hacemos con los menores a partir de los 13? Aún más, ¿qué se puede hacer cuando han descubierto la tele o las videoconsolas y lo fácil es pasarlo bien a corto plazo y los padres, se puede entender, quieren tenerlos guardaditos en casa. Ahí hay que mencionar unas familias muy ocupadas y con pocas alternativas de juego (que también hay juego sin juguetes), de deporte, cultura recreativa (teatro, música, lectura compartida, etc.).

Ahí necesitamos pedagogos pero también familias, padres y madres que piensen como empresarios y sean emprendedores.

Ocio excelente y amistad

La pregunta es la siguiente: ¿está el negocio del ocio mundial preparada para ofrecer humanamente, no desaprensivamente, ocio excelente? Creo que no. Qué ha sucedido: la industria del ocio digital ha arrasado con el mejor ocio de niños y adolescentes. ¿Quién compite con TikTok y una larga retahíla de reclamos semejantes de carácter digital? La respuesta es la amistad, y la voluntad que todo menor tiene de andar con sus pares Me explico. La crisis del ocio de los menores es relacional. Los menores se han cerrado o se están cerrando en sus habitaciones y la clave es abrirlos y reunirlos. Y esta reflexión no es solo económica sino humana. Creo que el negocio es necesario, prudente por supuesto, pero debe tener fines altos. Ya sabemos, la ciencia lo confirma, qué pasa si saqueamos la vida de los menores y de los niños: desde problemas en el lenguaje y el aprendizaje en los inicios hasta problemas mentales en la adolescencia.

Llevar a los menores a la excelencia: el caso LEGO

No se trata solo de entretenerlos únicamente sino de llevarlos a la excelencia. Se me dirá que el mercado no tiene en mente el florecimiento humano. Y responderé, pues le iría bien tenerlo en el horizonte. Pues el florecimiento humano también es capaz de ofrecer negocio. Hay un tema que es la reputación de marca y eso no se consigue fácilmente. Un negocio planetario es el de LEGO. Esta marca consolidada tiene una reputación muy alta en el plano lúdico-educativo y esa realidad le ayuda en sus ventas y ellos mismos ya están cultivando esa perspectiva educativa, pedagógica y humana. Y cuentan con estudios e investigación que lo confirman.

Pongamos un ejemplo más sencillo: los juegos de mesa para todas las edades. Eso es otro filón. Desde el mundo académico sería oportunísimo informar a familias y escuelas qué bueno sería darles una dimensión humano-pedagógica a estos juegos con cartas. Los juegos de mesa son amistad, autorregulación, conversación y progreso lingüístico.

Un ocio que busca ideas nuevas

Más ideas: ¿se ha pensado en enseñar a componer música, en escuelas de canto, en escuelas de aprendizaje de instrumentos musicales para aprender a crear, por ejemplo, pequeños musicales? O interpretar los que ya corren por ahí. Y poner en marcha concursos en los que se presentan estos musicales de media hora y se vota un ganador. ¿O se ha pensado en el teatro: academias de teatro para que los menores aprendan a escribir sus propias obras y ofrecerlas en la escuela y en la comunidad (el teatro del barrio)?. No es tan difícil. Quizá los Ministerios de Educación deberían incorporar en el currículo extraescolar estas vías. Sobre todo, en julio.

Las letras enfocadas de otra forma pueden ser muy divertidas

Manejarse bien con las letras es la base de todo conocimiento: aprender a leer para aprender a pensar y trabajar en clubs de lectura con diferentes temas o estilos de novelas. Aquí el currículo debería organizarse y ser más escolar lo que no excluye alternativas extraescolares. Que una editorial pensara así sería un negocio tan sabio como legítimo. ¿Ofrecer libros de ficción que ya contienen en su texto guías de lectura y ejercicios de clubs de lectura?: ¡eso!. Y también clubs de poesía o relato, ambos leídos. Pensar en academias, o colonias de verano o summer-camp en esta dirección (de idiomas, de robótica, de STEM, de teatro, de deporte, etc.). Ah, no lo olvidemos: las bibliotecas aquí también tienen un papel primordial que se puede ligar a todo lo que venimos diciendo.

El deporte ha de ser infalible en el mundo del ocio

El deporte tiene infinitas posibilidades, pero las escuelas cierran sus pistas deportivas por la tarde y los ayuntamientos no tienen presupuesto para los polideportivos. Pero es necesario tirar por ahí. Salir a correr, jugar a básquet, patinar. O “excursionar” con objetivos culturales para conocer la historia cercana: caminar y pensar. Y contemplar la naturaleza y recrearse en la belleza. Se me dirá aquí que todo eso es tarea de las escuelas. Y yo diré que no solo las escuelas o las familias sino una industria, quizá mejor hablar de un negocio, que es también una apuesta social y cohesiva en beneficio de todos. Civilizatoria. Una apuesta que construye nuestras sociedades y democracias. Los nuevos ciudadanos que se alejan del odio de las redes.

Iniciativas para crear ocio para menores hecho por menores

Solo un ejemplo: imaginémonos que una autonomía idea un concurso de canciones escritas por los propios menores para ser interpretadas en un marco autonómico en forma de final que reúne a muchos pueblos que han sido preseleccionados. Los participantes deben estar acompañados por música en directo -no música enlatada- un cantante y sus guitarras, para empezar. Nada de premios en metálico, participar y ganar es el premio. No para iniciar una carrera en esta dirección (que todo podría ser) sino para darle sentido al ocio. Un sentido humanista y a la vez cristiano a mi modo de ver.

La lectura y la música son unas minas de oro

O quizá sencillos clubs de lectura, insistimos, donde las editoriales organizarían los encuentros. Y el premio sería publicar cuentos cortos en libros coescritos por unos cuantos chicos y chicas de 14-18 años. ¿Es imposible? Lo que es imposible es la pasividad del ocio juvenil de borrachera, la industria digital que los tiene tirados por ahí escuchando productos en los que ellos no han participado. Esta es una idea clara: que los niños y adolescentes produzcan su propio ocio adaptado a sus intereses más allá de los intereses oscuros de las multinacionales que pueden ser muy bien un negocio muy poco altruista y disolutorio cuando no corrosivo. Pensemos sin insistir como engorda el negocio multinacional de la pornografía en detrimento del mejor ocio deportivo-cultural. Lo hemos visto con tantos ejemplos. Un ejemplo es Pepa, de 15 años. Solo se entiende, on-line, con gente apocada que se queda en casa llena de complejos. Pepa ha perdido la capacidad de hacer amistades. Y las plataformas y redes sociales la anulan porque generan unos contenidos subrayando sus defectos o comparándola a otros usuarios con modelos de vida y aspecto “envidiables”, pero en realidad llenos de mentiras.

El protagonista es el menor

El protagonista del ocio infanto-juvenil es el propio menor que quiere relacionarse, crecer, proyectarse, adaptarse al mundo y conocer sus propias posibilidades. El deporte es un claro ejemplo. ¿Por qué las escuelas, los barrios, los ayuntamientos no promueven con más énfasis el deporte? Existen ligas, pero deberían existir más. ¿Quizá este tema no da votos todavía? Debería existir un ministerio de infancia y juventud preocupado por estos temas. Con concursos de ideas, con promoción de iniciativos que funcionen y que puedan generar negocio, pero sin la voluntad de hacerse millonarios al día siguiente, desde luego.

Ocio humanista

Cuando aparecerá una iniciativa legislativa que exija sumar a la escolarización un determinado número de horas de ocio humanista, ejemplar, altruista, cultural. Pensemos que el tiempo en que los niños y jóvenes están en edad escolar es muy largo (2-18) y tiene muchas posibilidades educativas. Nadie defiende el trabajo infantil como antaño, pero si defendería el ocio infantil y juvenil como una tarea esforzada también, urgente y muy atractiva. Una tarea curricular. Por ejemplo: generar un ocio solidario y ecológico que proponga a los adolescentes conocer realidades en las que la naturaleza que se deteriora es protagonista. Una naturaleza que les invita a contemplarla en sus déficits y, a veces, repoblarla de árboles o limpiarla de escombros dejados por excursionistas desalmados. O iniciativas en las que se educa a niños con dificultades enseñándoles, por ejemplo a leer, o llevarlos de excursión cultural para abrir sus horizontes. ¿No existe nada de esto? Sí, ya existen iniciativas. Pues estas iniciativas de ocio deberían convertirse en algo promovido por la ley más allà del gobierno de cada momento. Porque es acción social, solidaria, altruista. Es voluntariado iniciado desde muy jóvenes.

Iniciativas, iniciativas, iniciativas

Y convocar concursos de ideas para promoverlos. Debería crearse un negocio en este campo del que algunos pedagogos, artistas o deportistas, para poner tres ejemplos, pudieran vivir. Gente ejemplar, desde luego. O talleres de creación literaria, teatral, solidaria para los más jóvenes. Quizá mucho capital debería proceder del Estado central, las autonomías o los municipios. O fundaciones, o mecenas. Y ahorrase impuestos: claro que sí. Eso es invertir en capital humano y social en toda la regle. Invertir en salud. Invertir en éxito escolar. En amistad. Lo que está claro es que hemos de civilizar nuestro ocio pues el negocio multinacional y digital lo ha embrutecido hasta tal punto que ha dañado la salud de nuestras menores. ¡Necesitamos concursos de ideas y ponerse en marcha! Vida de ocio real más allá del contaminante -no todo- ocio digital.

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