De San Timoteo, el discípulo a quien Pablo escribe dos cartas, en el día de su festividad
Celebramos ayer la festividad de San Timoteo, que comparte la fecha con San Tito, al cual le une una circunstancia, y del cual le separa otra.
Une a ambos próceres del cristianismo el proceder los dos del mundo de la gentilidad grecorromana, como demuestra entre otras cosas su nombre de raíces grecorromana, y el ser los dos amigos de San Pablo y destinatarios de sus cartas, bien que Timoteo reciba dos que nos sean conocidas, y Tito sólo una. Les separa la curiosa circunstancia de que en la guerra que San Pablo se trae contra la circuncisión, Tito y Timoteo representan las dos posturas contrarias. Mientras al primero Pablo lo salva de ser circuncidado:
“Al cabo de catorce años, subí nuevamente a Jerusalén con Bernabé, llevando conmigo también a Tito. Subí movido por una revelación y les expuse a los notables en privado el Evangelio que proclamo entre los gentiles para ver si corría o había corrido en vano. Pues bien, ni siquiera Tito que estaba conmigo, con ser griego, fue obligado a circuncidarse”. (Gl. 2, 1-3).
A nuestro Timoteo, es Pablo el que lo circuncida con sus propias manos:
“Pablo quiso que se fuera con él. Le tomó y le circuncidó a causa de los judíos que había por aquellos lugares, pues todos sabían que su padre era griego” (Hch. 16, 3)
Timoteo es mencionado en diez de las dieciséis cartas de Pablo, lo que da buena cuenta de la cercanía que le unió al apóstol de los gentiles. Concretamente en las que dirige a Romanos, las dos a Corintios, a Filipenses, a Coloseos, las dos a Tesalonicenses, a Hebreos y a Filemón, así como, naturalmente, en las dos que le dirige a él mismo, una de ellas por cierto la última que Pablo escribe, un verdadero testamento vital, y la otra la penúltima o antepenúltima.
Menciones de las que cabe extraer estos datos de su biografía. Primero, que Pablo lo conoce en la parte de Derbe y Listra, de donde con toda probabilidad sería originario, ciudades en el sur de Asia Menor, en la ruta que conectaba Iconio y Laranda, separadas entre sí por 97 kms. de distancia.
“Llegó [Pablo] también a Derbe y Listra. Había allí un discípulo llamado Timoteo” (Hch. 16, 1-4)