De Juan Pablo II, el Papa que pedía perdón
Se cumple hoy veintidós años del día en que en su Discurso a la Pontificia Academia de las Ciencias, Juan Pablo II pedía perdón por la persecución a la que la Iglesia había sometido al astrónomo Galileo Galilei, y de alguna manera, a otros científicos a lo largo de la historia:
“Yo estaba animado de preocupaciones similares […] cuando expresé ante esta misma Academia la esperanza que ‘los teólogos, eruditos e historiadores, movidos por un espíritu de sincera colaboración, examinen profundamente el caso Galileo y, en un reconocimiento leal de los errores de cualquier lado que vengan, hagan disipar la desconfianza que este asunto todavía se opone, en muchas mentes, a una concordia fructífera entre ciencia y fe’”.
Era la primera de una larga serie de sinceras peticiones de perdón que el papa magno, uno de los más grandes personajes que haya producido el s. XX, emitía a lo largo de su pontificado, y a ella siguieron muchas otras. Así, el de 29 de junio de 1995, en su “Carta a las Mujeres”, Juan Pablo se dirigía a ellas en estos términos:
“Por desgracia somos herederos de una historia de enormes condicionamientos que, en todos los tiempos y en cada lugar, han hecho difícil el camino de la mujer, despreciada en su dignidad, olvidada en sus prerrogativas, marginada frecuentemente e incluso reducida a esclavitud. Esto le ha impedido ser profundamente ella misma y ha empobrecido la humanidad entera de auténticas riquezas espirituales. No sería ciertamente fácil señalar responsabilidades precisas, considerando la fuerza de las sedimentaciones culturales que, a lo largo de los siglos, han plasmado mentalidades e instituciones. Pero si en esto no han faltado, especialmente en determinados contextos históricos, responsabilidades objetivas incluso en no pocos hijos de la Iglesia, lo siento sinceramente”.
El 18 de diciembre de 1999 en el Simposio Internacional sobre Jan Hus en la Universidad Papal de Letrán, pedía perdón por la ejecución de ese reformador que fue Jan Hus en la hoguera en 1415:
“Hoy, en vísperas del Gran Jubileo, siento el deber de expresar mi profunda pena por la cruel muerte infligida a Jan Hus, y por la consiguiente herida, fuente de conflictos y divisiones, que se abrió de ese modo en la mente y en el corazón del pueblo bohemio”.