San Mateo contra San Juan en el Parlamento
Lejanos ya los tiempos en los que Torcuato Fernández Miranda nos hablaba de la “trampa saducea” que nadie supo nunca muy bien entonces lo que era (pero que yo les expliqué en esta columna); o en los que el comunista y ateo "gracias a Dios", Santiago Carrillo, adornaba su discurso con menciones como “que venga Dios y lo vea” y otras similares, resultó divertido ayer el rifirrafe que sostuvieron en el Congreso el líder de la oposición pesoíta, D. Alfredo Pérez Rubalcaba, y el Presidente del Gobierno, D. Mariano Rajoy.
A cuenta de la crisis económica, el primero, defendiendo que el presidente del Banco Central Europeo, Sr. Draghi, era el verdadero artífice de la salida de la misma –algo en lo que, por cierto, no seré yo quien le quite la razón- se hacía un pequeño batiburrillo con una de las palabras más conocidas del Evangelio: las que le dirige a Jesús el atribulado centurión romano que le pide desesperadamente que cure a su amado siervo enfermo de muerte:
“Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano” (Mt. 8, 8; similar en Lc. 7, 7).
El “Azote del Concordato”, -como ya se conoce en la cámara al líder pesoíta, incapaz hasta la fecha de aportar otra solución a los innúmeros problemas españoles que la revisión del Concordato con la Santa Sede-, se hacía un pequeño lío con la reseña, la cual citó mal en hasta dos ocasiones, mientras desde la desternillada bancada pepeíta le hacían ver que no daba una, para al final reconocer que “él no era Pepe Bono”… ¡Pepe Bono invocado como auctoritas en las cosas del Evangelio, "cosas veredes amigo Sancho" (pinche Vd. aquí si desea conocer cómo retorcía el simpático líder manchego la Evangelium Vitae para votar la ley que convertía el aborto en un derecho de la mujer)!