Tiene una segunda alternativa, que es la consistente en tomar el toro por los cuernos y explicar las verdaderas razones por las que “D. Santiago” (el comunista Santiago Carrillo es, paradojas de la historia, el único hombre público al que todos los cronistas le dan el don) no puede tener una calle en Madrid. Muchos son los creen que en el 75 Carrillo “nos perdonó” de una dictadura del proletariado como regalo a la Transición española. Particularmente me pregunto hasta qué punto cuando aceptó transitoriamente la bandera bicolor –y digo transitoriamente porque tal aceptación no rige más en lo que queda de su partido-, no actuó más pensando en su partido que en el país, y en las posibilidades que habría tenido en la España del 75 el Partido Comunista de instaurar una dictadura del proletariado, aunque me temo que muy pocas. Aún así, aceptemos como respuesta válida la de su valiosa aportación a la transición pacífica de España a un régimen democrático.
Mujeres y hombres rezando en Paracuellos del Jarama
Pues bien, aún en ese caso, Santiago Carrillo no es sólo el “héroe de la Transición”. Pese a quien pese, Santiago Carrillo incurrió a sus tempranos veintiún años de edad, en el año 1936 y más concretamente en los meses que transcurrieron entre noviembre y diciembre de ese año, en responsabilidades de una gravedad incomparable, indefinible, inexplicable, inmensurable. No necesito ni explicar de lo que hablo. Con que esa responsabilidad fuera sólo política y sólo se refiriera a la pasividad con la que combatió el asesinato de un mínimo de ocho mil personas en las cárceles y checas de Madrid, Santiago Carrillo tiene para purgar durante varios siglos donde quiera que lo tenga que hacer. Pero es que además y lamentablemente, no está claro, no está nada claro sino que más bien parece todo lo contrario, que sus responsabilidades no trascendieran lo meramente político, adentrándose entonces en la más cavernosa de las responsabilidades morales, humanas y penales. Santiago Carrillo ha podido morir en paz. Gracias, entre otras cosas, a la aplicación de principios procesales innegociables en el sistema de garantías jurídicas del que nos hemos dotado los españoles que son los mismos que un juez de infausta memoria le quiso negar a otros españoles. Pero no: mientras esas responsabilidades impagables no estén suficientemente dirimidas, Carrillo no debe tener una calle en Madrid. Que se la den otras ciudades donde gobierne la izquierda: van a hacer cola ya lo verán. Pero en Madrid, escenario de sus tropelías en el 36, no. Espero que eso, aunque sólo sea eso, el Partido Popular lo sepa comprender para emitir un voto acertado en una votación que sin duda, se va a producir en breve. ©L.A. Si desea suscribirse a esta columna y recibirla en su correo cada día, o bien ponerse en contacto con su autor, puede hacerlo en encuerpoyalma@movistar.es Otros artículos del autor relacionados con el tema(haga click en el título si desea leerlos) Del hijo del capitán asesinado en Paracuellos que perdonó a CarrilloDe esa manera tan catalana de negociarDe la gravísima responsabilidad del PSOE en el asesinato de Calvo Sotelo, ocurrido hace 75 años