Por eso me resulta particularmente decepcionante ver al movimiento feminista internacional postergar a lugares secundarios de su agenda las cosas importantísimas que hay que hacer en el mundo entero, en ambientes muy hostiles y en los que todo está por conseguir, y dedicar lo mejor de sus energías a lograr, en los países donde la igualdad es prácticamente un hecho, leyes aberrantes que consisten en convertir en derecho lo que no es sino un vulgar y deplorable asesinato; ventajistas leyes de cuotas que no pretenden otra cosa que permitir a las mujeres acceder a posiciones con menos méritos que los hombres con los que compiten; o leyes inicuas que convierten en delitos comportamientos masculinos que no lo son cuando el mismo comportamiento es femenino. Y eso, cuando no se entregan a luchas tan ridículas y estúpidas como que una palabra se escriba con “a” cuando todo el mundo la escribe con “o”, o a comportamientos tan degradantes como insultar a las mujeres que no se comportan de acuerdo con el cliché de la perfecta mujer feminista.
Unas reivindicaciones y unos objetivos desenfocados que, por un lado, convierten al feminismo en un sindicato que, so pretexto de una causa loable, sólo lucha por obtener nuevas ventajas para sus militantes; y que, por otro, le hacen perder legitimidad y credibilidad, siendo así que su presencia en el panorama internacional es, efectivamente y por desgracia, de acuciante necesidad. ©L.A. encuerpoyalma@movistar.es Otros artículos del autor relacionados con el tema De la carta que 25.000 mujeres han dirigido a Obama De la esclava etíope que se ha suicidado desesperada en LíbanoDel sexismo en el idioma según el Ayuntamiento de SevillaDe la mujer que ha quemado la casa de su exDe Ana Mato y la “violencia en el entorno familiar”