"El dinero público no es de nadie"
Sólo cuando los españoles alcancemos esa concepción de los hechos habremos escalado un peldaño más por lo que a calidad de nuestra democracia se refiere. Que tener una democracia no es sólo acudir a las urnas cada cuatro años: es tener la clara conciencia de que la cosa pública nos concierne a todos, y de que la democracia la hacemos cada día con nuestro comportamiento y con la defensa cotidiana de nuestras libertades, de nuestros derechos, de la justicia… y de nuestro erario, también de nuestro erario. Que para eso la primera misión que tuvieron las Cortes a lo largo de la historia no fue la de velar por los derechos de los ciudadanos ni nada que se le parezca, sino la de autorizar los dineros con los que el estado, rudimentariamente representado por el rey, podía gravar al ciudadano.
Y todo ello para que no tengamos que soportar cómo se carcajean de nosotros (y lo que es peor, con nuestra total complicidad si lo hacen al amparo de las siglas que hemos votado) cocainómanos que se pagan la cocaína a cargo del erario; malversadores que hacen aeropuertos sin aviones, o levantan embajadas sin embajadores; sinvergüenzas que se jubilan a cargo del erario público antes de haber nacido; estafadores que disponen de los fondos públicos a favor de empresas con facturación cero o sin ninguna viabilidad en las que no invertirían jamás si hubieran de hacerlo con sus propios fondos; o bandidos que cobran comisiones a cambio de favores a cargo del erario.
Y todo ello, sin que aquí dimita ni su padre. Y lo que es peor, no tanto por un movimiento de resistencia del implicado hasta cierto punto comprensible, sino porque los primeros que le invitan a no hacerlo son los que les rodean, sus propios compañeros, probablemente en la errónea concepción de que una victoria contra la corrupción es en realidad una derrota contra el oponente político, o lo que es más probable y aún peor, en la esperanza de recibir parecido apoyo cuando les pesquen a ellos.
¿Saben que es lo que más me ha extrañado cuando el ministro de Hacienda sacó a la palestra la posibilidad de empurar a quiénes hacen un uso inadecuado de los fondos públicos (algo que, por cierto, apuesto lo que quieran a que no hará)? Que no se hayan quejado los que a priori más deberían temer a la medida, es decir, los que están actualmente gobernando y, por lo tanto, manejan esos fondos, sino los que desde la oposición, deberían estar aplaudiendo con las orejas una medida que en cualquier país normal habría propuesto la oposición, y no el Gobierno que ha de ser fiscalizado. ¿No les parece mosqueante? Para mí que aspiran a estar “tocando pelo”, “pisando moqueta” o “chupando del bote”, llámenlo como quieran, bien pronto. ¿O no?
En fin, de momento, el ministro británico de energía ya ha dimitido. Quizás sea exagerado, no crean Vds. que hasta cierto punto no me lo parece. Es desde luego un ejemplo y un motivo para la reflexión... Y para la envidia.
©L.A.
encuerpoyalma@movistar.es
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