Religión en Libertad

Después de leer a Escoto, «no vale la pena responder al ateísmo»

«Esta tesis me ha devuelto la confianza en la verdad de lo real y en la capacidad de la mente para conocerla»

El padre Jasson, en Roma, junto a Robert Prevost —hoy Papa León XIV—, en una visita a la basílica de San Pedro. En primer plano, su secretario personal actual, mons. Edgard Iván Rimaycuna Inga.

El padre Jasson, en Roma, junto a Robert Prevost —hoy Papa León XIV—, en una visita a la basílica de San Pedro. En primer plano, su secretario personal actual, mons. Edgard Iván Rimaycuna Inga.

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El sacerdote peruano Jasson Sempertigue ha dedicado su tesis doctoral a un tema tan exigente como actual: Demostración metafísica del primer principio en el “Tractatus de primo principio” del beato Juan Duns Escoto. A través de la lectura paciente de los textos latinos del “Doctor sutil”, sostiene que, cuando se toma en serio la realidad y el principio de no contradicción, lo razonable es que Dios exista y que el ateísmo se revele como una postura absurda.

Antiguo secretario del hoy Papa León XIV en Chiclayo, recuerda con cariño las veces que el entonces obispo le llevaba libros de Escoto en Barajas y aquella pluma que le regaló “porque su firma era importante”. Desde Chiclayo, donde sirve de nuevo, sigue con emoción el próximo viaje del Papa a España mientras cuenta cómo Escoto le ha enseñado a rezar antes de pensar, a mirar a Dios como “infinito” y a invitar a los jóvenes a ir al fondo de la fe hablando cara a cara con Jesús en la Eucaristía.

-Su tesis suena a “latín para especialistas”. ¿Qué es el “primer principio” en Escoto y por qué merece una tesis entera?

-Para mí era importante estudiar a un autor que fuera un verdadero origen, una fuente para otros pensadores. Eso lo encontré en Juan Duns Escoto. Su obra apenas está traducida al español, así que estudiar su filosofía en latín me ha permitido redescubrir también la lengua oficial de la Iglesia.

El problema, en realidad, no es tanto el latín como entender lo que Escoto dice. Todos los estudiosos lo reconocen: Duns Escoto es difícil. Pero precisamente por eso ha sido tan valioso volver a sus textos originales con paciencia.

En el "Tractatus de primo principio" Escoto desarrolla una metafísica completa. Allí sostiene que la consideración racional de un primer principio de todas las cosas –que termina identificándose con el Dios revelado y aceptado por fe– permite justificar la metafísica como ciencia.

Lo decisivo es que Escoto reconoce la autonomía de la razón y de la fe, pero sin romper su unidad. Esa síntesis no se logra por mezcla, sino mediante una ciencia puente, la metafísica del primer principio.

Esta metafísica se apoya en dos pilares: la realidad del hecho causal y la certeza del principio de no contradicción. Ahí aparece la verdad más importante: Dios es la primera verdad.

Por eso creo que una tesis así invita a tomar de nuevo en serio la cuestión de Dios con una rigurosidad que el hombre contemporáneo ha perdido. Frente al ateísmo, el relativismo, el agnosticismo o el nihilismo, Escoto devuelve la confianza en la verdad de lo real y en la capacidad de la mente para conocerla.

«Duns Escoto me devolvió la confianza en la verdad de lo real»

-Después de años sumergido en el "Tractatus de primo principio", ¿qué le ha cambiado más su manera de mirar a Dios y de mirarse como sacerdote?

-De Escoto he aprendido muchas cosas, pero quizá la más importante no sea solo filosófica, sino espiritual. Él reza antes de iniciar una argumentación: se dirige a Dios como fuente de toda sabiduría y le pide luces para pensar y hablar conforme a la verdad.

Esa humildad ante la verdad me impresionó desde la primera vez que leí el Tractatus. También me ha ayudado a tomar más en serio mis propias reflexiones, sobre todo las que afectan a mi vida y a mi ministerio.

Creo que Escoto me ha enseñado a dirigirme a Dios con humildad y sinceridad, reconociendo mis límites y reconociendo al mismo tiempo que Dios es la fuente de toda sabiduría.

Escoto llama a Dios «infinito», y yo ahora también lo miro así: como una infinitud real e inagotable, pero a la vez cercana al intelecto y al corazón de quien verdaderamente quiere conocerlo.

-Muchos bautizados viven como si Dios no existiera, mientras crecen el nihilismo y la sensación de vacío. ¿Cómo ayuda Escoto a anunciar que Dios no es una idea opcional, sino Alguien real y necesario?

-Llegué a Duns Escoto leyendo a Heidegger, que también hizo su tesis doctoral sobre él. Filósofos como Heidegger o Nietzsche tienen la fuerza de señalar una herida real del hombre: el vacío, la fractura interior, el nihilismo. Pero no ofrecen una medicina; describen la enfermedad, pero dejan al hombre dentro de ella.

Eso no sucede con los medievales. Escoto, como los grandes pensadores de su tiempo, plantea problemas difíciles, pero también intenta responderlos desde principios. No deja las cuestiones abiertas indefinidamente.

La metafísica del primer principio responde al problema de la existencia y esencia de Dios desde la realidad de la causalidad y desde la capacidad de la razón para conocer la verdad sin contradicción. Quien quiera afrontar intelectualmente el problema de Dios encontrará ahí una respuesta seria.

La conclusión es muy clara: cuando se trata de la existencia de Dios, lo racional es que exista. Por eso, el ateísmo termina apareciendo como una postura irracional, absurda o contradictoria.

Después de leer el Tractatus de primo principio de Escoto, sinceramente, no quedan ganas de responder al ateísmo, porque no vale la pena considerar algo absurdo.

«Después de leer el Tractatus, el ateísmo ya no resulta razonable»

El padre Jasson, en Roma, en un ambiente marcado por la fe y el arte sacro que enmarcan su vocación intelectual.

El padre Jasson, en Roma, en un ambiente marcado por la fe y el arte sacro que enmarcan su vocación intelectual.

-Usted conoció de cerca a Mons. Robert Prevost, hoy Papa León XIV. Ahora que el Papa viene a España, ¿cómo vive ese viaje y qué siente al ver a aquel obispo de Chiclayo como Sucesor de Pedro?

-Ahora estoy nuevamente en Chiclayo, pero sigo con alegría todo lo que se ha organizado en Madrid y en España para la visita del Papa León XIV. Madrid ocupa un lugar muy especial en mi corazón, porque allí viví cuatro años y conservo grandes amistades.

A veces todavía me parece irreal ver a Mons. Robert convertido en Sucesor de Pedro. Pero esa impresión enseguida se convierte en acción de gracias y en mucha oración por el Papa.

En Barajas me reuní con él muchas veces: para contarle cosas de mi tesis, recoger libros de Escoto, hablar de asuntos personales o simplemente tomar un café. La última vez le regalé un libro, "Fisonomías de santos", de Ernest Hello, y una pluma que había comprado en el Museo Sorolla.

Cuando se la di, le dije que su firma era importante y que convenía que usara una pluma digna. Es un recuerdo muy bonito. La siguiente vez que lo vi ya era el Sucesor de Pedro.

-Muchos jóvenes católicos tienen sed de profundidad, pero se pierden entre mil propuestas. Si uno le dijera: «Padre, quiero ir al fondo de mi fe», ¿qué le respondería?

-Le diría que para ir al fondo de la fe hay que enfrentarse con seriedad y humildad al misterio de la Eucaristía. A mí me dieron ese consejo cuando tenía doce años: pregunté cómo estaba Jesús en la Eucaristía y mi párroco me respondió que se lo preguntara directamente a Él.

Así empecé a hablar con Jesús en el sagrario, y así sigo haciéndolo todos los días. Para mí no hay otra manera de profundizar en la fe que hablar con quien está en el fondo de todo.

Escoto puede ayudar mucho, aunque no sea un autor fácil para empezar. Es complejo, pero también sorprende con intuiciones preciosas, como su reflexión sobre la realeza de Cristo, la Inmaculada Concepción o incluso la Eucaristía.

Al estudiar la transubstanciación, Escoto llega a decir que en la Eucaristía hay como una pura cualidad: blancura, dulzura, suavidad, armonía, aroma, belleza. Es una propuesta metafísica, pero de una gran fuerza espiritual.

Por eso, si un joven quiere ir más al fondo, le diría: empieza por Cristo en la Eucaristía. Y luego, si quiere pensar más, que se acerque también a Escoto.

«Para ir al fondo de la fe hay que hablar con Jesús en la Eucaristía»

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