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Leire Navaridas: «La mujer que ha abortado es una madre muy herida»

Una conversación sobre Dios, culpa, sanación y el “después” del aborto.

Leire Navaridas con el primer ejemplar de

Leire Navaridas con el primer ejemplar de "Un aborto después" (Ciudadela LIbros), recién llegado de imprenta.

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En "Un aborto después", Leire Navaridas se atreve a mirar de frente lo que muchos testimonios apenas rozan: no solo el antes y el durante del aborto, sino ese largo “después” donde se entrecruzan culpa, ausencias y una inesperada acción de Dios. La autora sitúa hoy su propio camino en una especie de “vía crucis” interior, en la estación en la que Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén: una mujer-madre de 43 años que, tras un profundo trabajo de sanación, es capaz de abrazar con compasión a la niña abandonada y a la joven descarriada que fue.

Firma en la Feria del Libro de Madrid

Leire Navaridas firmará ejemplares de "Un aborto después" en la Feria del Libro de Madrid 2026 el domingo 7 de junio, de 12:00 a 14:00, en el Bloque 17, caseta 95 (Ediciones Palabra / Ciudadela Libros).
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«La mujer frente al aborto, más que decidir, se somete», advierte, desmontando la falsa encrucijada entre “morir o matar” que el sistema cultural, sanitario y político ha preparado mucho antes que la propia mujer. Desde AMASUVE, la asociación que ha fundado para acompañar a quienes viven ese “después”, Leire quiere mostrar que Dios no castiga ni condena, sino que transforma una herida abierta en una cicatriz que se ve, pero ya no duele, y que esos hijos no nacidos dejan de ser solo una ausencia para convertirse en una presencia que orienta la vida y la misión.

Al lector provida le lanza también un desafío: reconocer hasta qué punto actitudes, juicios o silencios pueden haber empujado, aunque sea indirectamente, hacia un aborto. Porque, como resume en una de las frases más potentes del libro, «la mujer que ha pasado por un aborto es una madre muy herida que necesita un abrazo de amor desmesurado».

-Si pensara "Un aborto después" como un “vía crucis” interior, ¿en qué estación diría que está hoy y qué diferencia a la Leire que escribe de la que vivió aquellos hechos?

-La estación diría que la octava, en la que Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén. Y, en relación con la diferencia: la Leire que escribe es una mujer-madre de 43 años con un trabajo de sanación muy profundo. Capaz de acoger a la niña abandonada o a la joven descarriada que buscaba llenar vacíos de forma desesperada, con mucho amor y compasión. Y esa relación acogedora entre esas “dos Leires” tal vez haya sido lo más terapéutico en la escritura de este libro a nivel personal.

Si bien ha sido una experiencia más satisfactoria que terapéutica. He disfrutado mucho de escribir y compartir mi vida con la idea de que puede ayudar a muchas personas, de la misma manera que lo han hecho los vídeos.

-Su testimonio se detiene sobre todo en el “después” del aborto. ¿Qué mirada nueva sobre Dios y sobre la mujer puede nacer solo cuando esa herida se atraviesa hasta el fondo, sin negarla ni azucarar?

-Es importante transmitir que Dios es puro amor. No castiga ni condena. Y es fundamental que las mujeres, un aborto después, sepan que lo malo que les sigue pasando en la vida no es un castigo por “asesina”, sino que son consecuencias de una vida alejada, precisamente, del amor, tanto a nivel terrenal como espiritual.

Y no porque ellas no hayan querido ser amadas, sino porque no se les ha transmitido y regalado en sus relaciones humanas. Y frente a eso, Dios se empeña en ofrecer oportunidades para que esa herida sane y pase a ser una cicatriz que se ve pero no duele.

«Dios no castiga por el aborto: busca oportunidades para sanar la herida»

-Usted habla de un lenguaje que maquilla la violencia con palabras limpias. ¿Qué expresión relacionada con el aborto ha tenido que desenmascarar primero en su propia vida?

-Que el aborto no es una “Interrupción Voluntaria del Embarazo” feminista, sino una “Intervención Violenta del Embarazo” muy misógina, que destruye profundamente la integridad de la madre (y, por supuesto, de forma letal la del hijo o la hija).

-Quien ha abortado suele sentirse entre ser víctima pasiva o culpable sin remedio. ¿Qué quiere que el lector descubra sobre la responsabilidad moral de la mujer en un sistema que parece haber preparado su decisión mucho antes?

-Efectivamente, la mujer frente al aborto, más que decidir, se somete. Cuando se agotan las fuerzas de luchar por su integridad (que puede haber sucedido hace años) y por la vida de su hijo/a, la madre se ve en una falsa encrucijada entre morir o matar. Aunque, en realidad, se dan las dos simultáneamente.

El caso es que la salida positiva no se ve. La madre gestante no cree que haya otra salida más “viable” que el aborto frente a un embarazo que —por los motivos que sean— le representa una amenaza (que le echen de su trabajo; no acabar la carrera; perder a su pareja; no alcanzar el éxito personal…). Por otro lado, no se puede obviar que la ingeniería social, que también se transmite a través del sistema sanitario y su personal, vende el aborto como algo inocuo y positivo para la mujer. Los políticos —incluso entre los que se declaran provida— hablan de un derecho feminista fundamental.

-En el libro se intuye que la sanación no borra la memoria, sino que la transfigura. ¿Hay un gesto concreto en el que haya sentido que sus hijos perdidos han pasado de ser solo una ausencia a una presencia que orienta su vida?

-Fue en un retiro en 2013 que conecté con todo el dolor que llevaba dentro, repartido entre mi vientre y mi corazón, que me sacó la piedra —o pedrusco, más bien— y me permitió reconocer el amor incondicional que, de forma natural, me une a mis hijos, también a los no nacidos.

A día de hoy, tras un proceso de integrarlos en mi vida, son los tres un gran motor de vida para mí y para la misión que he asumido a través de AMASUVE, la asociación desde la que acompañamos a mujeres y hombres en ese “después” del aborto.

-El libro se dirige también a lectores provida que nunca abortarían. ¿Qué “conversión del corazón” desearía en ellos, respecto a sus actitudes, juicios o silencios?

-Me alegra esta pregunta, porque todos somos, en cierta medida —aunque sea pequeña—, responsables de la sociedad que tenemos. Históricamente se ha apuntado mucho a la madre soltera; las instituciones educativas pueden dejar en desamparo a la estudiante embarazada que no siente que pueda acabar su formación; y, más profundo: los hombres tienen la responsabilidad de proteger a toda mujer y niño; y las mujeres, de ser fuentes de amor.

Y eso sí lo podemos hacer a nivel personal, para ser un referente y, en un momento dado, un gran apoyo para alguien en situación vulnerable. Ah, y no entrar en ningún caso a la guerra (ni verbal, ni ideológica, ni entre los sexos).

«No basta con ser provida: hay que ser refugio para quien está en riesgo de abortar»

-Si dentro de unos años "Un aborto después" cambiara el modo de hablar del aborto en la Iglesia y en la sociedad, ¿con qué frase le gustaría que se quedara la gente?

-Que la mujer que ha pasado por un aborto es una madre muy herida que necesita un abrazo de amor desmesurado que le permita reconciliarse con ella, con su/s hijo/s y con Dios.

Nota final

"Un aborto después" (Ciudadela Libros) no es solo un testimonio, sino un itinerario de verdad y misericordia nacido del trabajo de Leire Navaridas en AMASUVE, la asociación que acompaña a mujeres y hombres en el “después” del aborto. Es una lectura especialmente recomendable para confesores, orientadores, agentes de pastoral familiar y cualquier lector provida que quiera aprender a mirar, acoger y sanar estas heridas con un corazón más semejante al de Cristo.

Firma de libros en la Feria del Libro de Madrid
Domingo 7 de junio, 12:00–14:00
Bloque 17, caseta 95
Ediciones Palabra / Ciudadela Libros
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