"El padre Marcelo sabía que lo iban a matar"
Fernando de Haro documenta en México el asesinato de ochenta sacerdotes por el narco

El padre Marcelo Pérez, sacerdote tsotsil asesinado en Chiapas el 20 de octubre de 2024. «Yo lo hago por el Evangelio y por Cristo», repetía a su familia, antes de morir.
Fernando de Haro, periodista de COPE y documentalista, estrena este jueves 28 de mayo a las 19:30 horas en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales del CEU San Pablo (calle Julián Romea 23, Madrid) su noveno documental, "Vida en México", dedicado a los religiosos mexicanos perseguidos por los cárteles de la droga.
Tras recorrer Egipto, Iraq, Nigeria, Siria, China y Tierra Santa documentando el martirio de cristianos, De Haro retrata ahora una violencia diferente: no ideológica ni estatal, sino la del crimen organizado contra una Iglesia que defiende al pueblo frente al poder absoluto de los cárteles. Cerca de ochenta sacerdotes han sido asesinados en México, muchos difamados tras su muerte. Entre ellos, el padre Marcelo Pérez, asesinado en octubre de 2024 tras décadas de amenazas. De Haro tuvo que filmar en vehículo blindado con guardaespaldas por zonas sin presencia del Estado.
En esta entrevista, el documentalista explica por qué México podría convertirse en un narcoestado y qué revela la luminosidad de estos testigos.
-La persecución en México es diferente: no proviene del Estado ni responde a razones ideológicas o religiosas como sucede bajo ciertos regímenes islamistas. Aquí, la persecución ocurre porque la Iglesia está socialmente comprometida y los sacerdotes son la principal referencia en muchas comunidades. Tanto el narco como el crimen organizado, que tienen mucho poder, atacan a la Iglesia porque esta defiende a las personas. Por ejemplo, en el estado de Chiapas, en el sur de México, han asesinado a varios sacerdotes y catequistas porque defienden a los indígenas frente a muchas actividades del crimen organizado.

Fernando de Haro conversa con el obispo de Chilpancingo, en una de las diócesis más golpeadas por la violencia del narco en Guerrero.
-El crimen organizado necesita destruir la memoria de quien mata. Los sacerdotes y los obispos son referentes del bien y de la no violencia. El poder de los narcos quiere destruir ese poder del bien, ese poder de la verdad. Los narcos necesitan encontrar una justificación de por qué han atacado a esas personas frente al pueblo. En el fondo, se trata de crear la idea de que, en cierto modo, se lo merecían.
-Es verdad que, cuando se entrevista a personas amenazadas por el narcotráfico o por cualquier otra razón, hay que ser muy respetuoso. En el caso del padre Filiberto, que después del documental ha tenido que exiliarse fuera de la diócesis de Guerrero, había un acuerdo. Siempre hay un acuerdo. Siempre, antes de incluir el rostro de alguna persona o el sonido de su voz, converso con ella. Le pregunto: «¿Estás dispuesto a hacer esto?». Hay personas que me dicen que sí, hay personas que me dicen que no, hay personas que me dicen que sí y luego ven el documental montado y me dicen: «Por favor, sácame de este documental». Ya me ha pasado varias veces.

El padre Filiberto Velázquez, sacerdote de Guerrero amenazado de muerte, que tuvo que exiliarse tras participar en el documental.
-En el caso del padre Marcelo, se ve claramente cómo opera el narco. El narco tiene el control de las ciudades y los pueblos, tiene un control social muy fuerte. Un control social incluso favorecido por la gente de los pueblos. El narco compra voluntades, el narco da trabajo, el crimen organizado sustituye al Estado. En el caso del padre Marcelo, estamos ante una persona que se comprometió a defender el bien del pueblo. Y la verdad es que el padre Marcelo Pérez sabía que lo iban a matar. Lo sabía perfectamente; me lo han contado sus familiares. Es un gran testigo. Él siempre lo dijo claramente: «Yo lo hago por el Evangelio y por Cristo».

El padre Carlos Triana, sacerdote amenazado por los narcos en la Sierra de Guerrero.
-La Iglesia encarna la resistencia frente al narcotráfico porque defiende a la gente. Es decir, el narcotráfico y el crimen organizado avanzan porque, en algunos momentos, es difícil distinguirlos del Estado. El crimen organizado está perfectamente integrado en los mecanismos del Estado. Y, como siempre, el cristianismo, cuando es cristianismo, es una forma de resistencia frente al poder.

Fernando de Haro junto a un sacerdote de Acapulco que acompaña a las “madres buscadoras” en la búsqueda de desaparecidos.
-La información que tenemos sobre México, muchas veces, aquí en España, es genérica. Sabemos que es un país violento. Sabemos que hay narcotraficantes. Se hacen series que presentan a los narcotraficantes incluso como gente simpática. Pero, efectivamente, la ignorancia es llamativa. La ignorancia, por ejemplo, de lo que está haciendo Sheinbaum. La actual presidenta de México presenta como un avance el hecho de que haya menos muertos, muertos que se cuentan por cientos de miles, y lo que está haciendo es dejar de computar a los muertos como muertos y transformarlos en desaparecidos. Desgraciadamente, los españoles estamos poco atentos a lo que sucede en América Latina. Sabemos poco de lo que sucede en México y en otros países de América Latina, de la tragedia que viven muchas gentes al otro lado del Atlántico.
-El gran hilo conductor de todos estos documentales, que abordan situaciones distintas, es la luminosidad de sus testigos. La persecución del islamismo no guarda relación con la del Estado chino ni con la del hinduismo. Hay muchos tipos de persecución, pero siempre que hago un documental de estos, me sorprende la luminosidad de los testigos. En un mundo dominado por la violencia y el control de las conciencias, hay personas cuya experiencia de fe es tan agradecida que están dispuestas a dar su vida.
Experiencias de Fernando de Haro durante el rodaje de "Vida en México"
Uno de los retos del documental fue reconstruir la vida y la muerte del padre Marcelo Pérez. De Haro llegó a San Cristóbal de las Casas diez meses después del asesinato y habló con familiares, amigos y compañeros sacerdotes. Muchos lloraban durante las entrevistas. Él mismo cuenta que terminó la conversación con la hermana del sacerdote abrazándola para consolarla: «Es imposible no implicarse. Es conveniente implicarse. Para contar hay que comprender, no se comprende sin sentir con el otro».
La seguridad fue otra preocupación constante. No siempre pudieron contar con un fixer profesional en cada localización, por lo que tuvieron que tejer una “cadena de confianza” hasta dar con personas que garantizaran el mínimo riesgo en zonas de Ciudad de México, Guerrero y Chiapas. Lo más difícil fue entrar en la Sierra de Guerrero, controlada por el cártel de los Tlacos, y encontrar alojamientos relativamente seguros. De Haro recuerda que en Chilpancingo apenas salían del hotel.
Su experiencia acumulada en otros escenarios —Pakistán, China, Líbano, Siria, Irak, norte de Nigeria— le ha enseñado que la seguridad es esencial y que hay que informarse muy bien sobre lo que se puede y no se puede hacer.
“Vida en México”: datos del documental
El documental reconstruye el asesinato del padre Marcelo Pérez en San Cristóbal de las Casas en 2024 y acompaña al padre Filiberto Velázquez, amenazado de muerte, en uno de sus viajes por el Estado de Guerrero, protegido por escoltas. Está rodado en Chiapas, Acapulco, Ciudad de México y en regiones controladas por cárteles donde no entran ni el ejército ni la policía.
Fernando de Haro ha producido y dirigido en los últimos doce años diversos documentales sobre la situación de los cristianos en Siria, Egipto, Irak, Nicaragua, India, China, Nigeria, Pakistán y Tierra Santa, patrocinados por el Instituto Universitario CEU de Estudios Históricos. Uno de sus últimos trabajos, Cristianos, fue nominado a los Premios Goya.

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