Francisca le enseñó a ir contracorriente y a hacer las paces con Dios
El descendiente que convirtió un secreto familiar “indecoroso” en la novela “La española de Montmartre” cuenta cómo la vida de su abuela le ayudó a mirar de otra manera la libertad, la culpa y la fe.

José María Goñi, autor de "La española de Montmartre", en su biblioteca, con un ejemplar de la novela en la mano.
Esta tarde, en el Paraninfo de la Universidad de Sevilla, se presenta "La española de Montmartre", la novela en la que José María Goñi rescata la vida de su abuela Francisca.

Cartel de la presentación de "La española de Montmartre" en Sevilla.
Durante casi cuatro años, cada noche, José María Goñi esperaba el momento de acostar a sus padres ancianos para seguir tirando del hilo de una historia que su familia había considerado indecorosa y había preferido silenciar: la vida de su abuela Francisca, una joven de pueblo que se rebeló contra los límites impuestos a las mujeres y acabó en el corazón de la bohemia parisina. De aquellas confidencias, entre lágrimas, nació "La española de Montmartre", una novela en primera persona donde Francisca cuenta y protagoniza su propia peripecia, entre miseria, arte, culpa y deseo de libertad, hasta llegar a un regreso a los orígenes en el que logra hacer las paces con Dios y consigo misma. Hoy, a través de esa obra y de la Fundació Art&Paraula, Goñi quiere que la memoria de su abuela ayude también a otras familias a reconciliarse con su pasado y a los jóvenes a descubrir, en la lectura, un camino de libertad, creatividad y compromiso.

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-Llegó un momento en que mis padres, ya ancianos, no podían valerse por sí mismos, así que tanto mi esposa como yo tomamos la decisión de traerlos a vivir a nuestra casa. Todavía recuerdo la fiesta del noventa cumpleaños de mi madre, cuando mis primos y yo insistimos una vez más en que la homenajeada, la última hija viva de mi abuela Francisca, revelara detalles de un pasado familiar en parte desconocido. En el fondo intuíamos que no soltaría prenda, puesto que anteriormente, en numerosas ocasiones, ya habíamos intentado indagar en la vida de mi abuela, recibiendo siempre una callada por respuesta.
Sin embargo, esta vez, cuando los invitados abandonaron nuestra casa, mi madre cedió y acabó sincerándose con mi hermano y conmigo. Desde ese día, cada noche, durante los casi cuatro años que madre y padre vivieron conmigo, esperaba con impaciencia el momento de acostarlos para obtener detalles de la extraordinaria vida de mi abuela Francisca. Una historia que, debido a los convencionalismos de una época no tan lejana, fue considerada indecorosa y conveniente de ocultar.
Finalmente, cuando mis padres fallecieron, comenté con mis hermanos y con mis primos la posibilidad de recuperar la historia, no solo en reconocimiento a mi abuela Francisca, sino también como homenaje a todas las mujeres que en aquellos tiempos tan difíciles tuvieron que pagar un precio muy alto para poder arañar un poco de libertad. Finalmente, tras cuatro años de arduo trabajo, pude publicar la novela, que además cuenta con un excelente prólogo del historiador y crítico de arte Pedro Alberto Cruz.
-Tuve la suerte de conocer a mi abuela con vida. Recuerdo que todo su ser desprendía una fuerza sobrehumana, pero también amor y ternura. De ella aprendí a superar las adversidades, a disfrutar de la vida respetando la diversidad y a colaborar, en la medida de lo posible, en la construcción de un mundo mejor, más justo, más humano y más solidario.
En este contexto, si hablamos de Francisca como un símbolo que oscila entre el amor y la tragedia, puede verse como una representación compleja de la mujer en una sociedad que, históricamente, ha impuesto límites a su libertad. La idea de una mujer libre y al mismo tiempo sometida refleja precisamente este contraste: una mujer que busca la libertad, la independencia y la igualdad de derechos y de oportunidades, sin renunciar por ello a su fe y a sus creencias, pero que, debido a las estructuras sociales dominantes, se ve atrapada entre lo que desea y lo que le es permitido.
-Con el tiempo, las palabras de mi madre se convirtieron en recuerdos grabados a fuego en mi mente. Ciertamente, existían lagunas, pero la historia era tan potente y con tantos detalles que no me quedó otra, porque algunas historias piden a gritos ser contadas y soy de los que piensan que vale la pena darles forma, dejarse llevar por ellas y darlas a conocer al mundo.
Al final, decidí escribir la historia en primera persona, porque me pareció más cercano al lector. El hecho de que se adopte la primera persona para recrear la vida de mi abuela otorga un papel determinante a la voz narrativa, de manera que Francisca es una narradora intradiegética y ejerce, por tanto, un doble rol: cuenta la historia y la protagoniza. Puede decirse que ella es el libro.
El hecho de que eligiera como narradora única a una mujer me situó ante un desafío no menor. El reto consistía en feminizar el personaje femenino sin que la subjetividad femenina pareciera impostada y elaborada mediante fórmulas estereotipadas y, en este aspecto, creo que lo he conseguido. Pero, en honor a la verdad, tengo que confesar que, en los momentos más difíciles, cuando las lágrimas humedecían mis pupilas por la dureza del relato, me llegaba la inspiración. Entonces, mi pluma parecía volar sobre las cuartillas, es como si cobrara vida propia. No lo sé… Quiero pensar que escribí la novela con la ayuda de mi abuela. Además, tuve la gran suerte de contar con la colaboración de Mònica Esquivel, una gran amiga, amante de la historia del arte y de la literatura. Fue un hallazgo encontrado.
En resumen, se trata de una historia de película. Una obra literaria impactante. Y lo es porque, además de reivindicar nombres como los de Francisco Ferrer y Guardia, Antoni Balmanya, Jean Amade o Isabel Güell, y espacios maravillosos como el pueblo de Espolla, la vila de Ceret o el barrio de Montmartre, noveliza la vida secreta de un personaje real que ya en su adolescencia se rebeló contra los convencionalismos que pesaban sobre la mujer y que más tarde participaría de la explosiva vida cultural del París de las dos primeras décadas del siglo XX.
El lector puede pensar que se trata de un tema muy trillado, pero la novedad radica en que por primera vez la historia de las vanguardias parisinas se analiza bajo la óptica de una mujer y, claro, el resultado es sorprendente. El lector se instala en ese universo casi mítico habitado por artistas del calibre de Picasso, María Blanchard o Juan Gris, y por escritores y poetas como Apollinaire, Jacob o Salmon.
Su biografía se inserta en un marco temporal que también se recrea. Se atiende, así, a lo histórico y a lo intrahistórico, a los grandes hechos que se estudian en los manuales académicos y a una peripecia individual ciertamente singular. De hecho, la simple red de relaciones que establece la protagonista de la novela a su llegada a París ya convierte a este libro en una fuente obligada de consulta para los historiadores del arte.
El argumento, basado en hechos ciertos, prueba de nuevo que la realidad supera a la ficción. Periódicamente aparecen golpes de efecto que elevan la tensión. Pretendí generar momentos climáticos que atrapen al lector y lo obliguen a seguir adelante. En todo caso, parece que la reacción de los lectores ha sido muy positiva, coincidiendo todos ellos en que la obra se lee con gusto y me comentan que la lectura les lleva en volandas hasta el punto final. Intenté un estilo coloquial, lo que no implica descuido formal; todo lo contrario: algunos pasajes rezuman lirismo.
-Ha sido motivo de satisfacción. Son muchas las familias que esconden secretos familiares. Más de un siglo ha pasado desde los hechos descritos y conceptos como la fe, la libertad, el pecado, la culpa, el perdón, la memoria familiar y la dignidad de la mujer han cambiado mucho. Hoy en día ya no somos tantos en mi familia y los que aún quedamos hemos convenido que lo que entonces era conveniente ocultar ahora vale la pena dar a conocer.
De hecho, estamos felices por haber sido una gran familia, aunque nuestros apellidos no fueran coincidentes. En este sentido, quiero aprovechar la oportunidad que me da Religión en Libertad para animar a todas aquellas familias que tengan secretos por desvelar a que no lo duden, a que no se avergüencen de ello, a que los saquen a la luz y a que de esta manera contribuyan a rehabilitar el buen nombre de sus mayores.
-Francisca es una protagonista de lujo, un personaje bien construido que evoluciona con coherencia a medida que avanzan las páginas. Llama la atención su determinación, que la impulsa ya en su niñez a ir contracorriente del entorno social y geográfico en el que le ha tocado vivir.
Su fe se tambalea cuando, fruto de la época, el capellán del pueblo le niega el acceso a los libros y al conocimiento. Entonces ella se proclama insurrecta, explorará nuevos horizontes, se enfrentará a pruebas muy duras y a grandes contradicciones y, tras un largo periplo, decide volver a sus orígenes y logrará hacer las paces con Dios y con ella misma.
-Con unos amigos amantes de la literatura he participado en la creación de la Fundación Art&Paraula, dedicada a promover la literatura con el objetivo de que llegue a todas las personas. Hemos puesto en marcha varios programas. “Ninguna familia sin biblioteca” es un programa que distribuye lotes de libros a familias vulnerables, en colaboración con entidades sociales que trabajan con estas familias. Hasta ahora hemos distribuido más de 200 lotes.
Otro programa, “Parajes literarios”, promueve actividades literarias en espacios singulares especialmente situados en pueblos pequeños que no tienen biblioteca. Les ofrecemos una pequeña biblioteca abierta donde pueden obtener libros bien seleccionados y devolverlos cuando los hayan leído. Nos apoyamos en los activistas culturales de estos lugares, colaboramos con las escuelas rurales y les apoyamos para organizar actividades de lectura, talleres de poesía, de escritura creativa, presentaciones de libros… En estos momentos están ya en marcha cuatro parajes en Mallorca, uno en Aragón, siete en Cataluña y uno en la Comunidad Valenciana.
Estamos convencidos de que la lectura es una herramienta muy potente de fomento de la creatividad y de promoción de la inclusión social y la convivencia. Por eso queremos contribuir a que todos los jóvenes, sin distinciones, puedan disponer de buenos libros que les ayuden a proyectarse como personas comprometidas, creativas y buenos ciudadanos.
-Debido al éxito de la novela, la editorial me ha propuesto publicar la segunda parte. La verdad es que tanto la vida de Francisca como la de su hija Amelia dan para eso y para mucho más, pero no lo tengo claro.
Presentación de "La española de Montmartre"
28 de abril, 19 h.
Lugar:
Paraninfo de la Universidad de Sevilla
(C/ San Fernando, 4)
Intervienen:
María del Mar Sánchez Estrella, María del Carmen Vargas Macías, Pilar Ferrer y José María Goñi.